¿Hay un duelo entre magia y tecnología?
Creo que no, porque utilizamos muchísimo la tecnología. Los magos tratamos de estar a la vanguardia de todo lo que se va inventando. Hay una frase del escritor Arthur C. Clarke que dice algo así como que toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. La utilizamos mucho, ya sea por detrás de la magia, o sea, que la gente no vea que se utiliza la tecnología, o delante. Yo utilizo, por más que digo que trato de estar alejado de la tecnología, alguna cámara, las redes sociales, voy buscando siempre estar a la vanguardia y creo que nos llevamos muy bien tecnología y magia.
¿La tecnología intensificó esto de tratar de sacarle el truco al mago, o es algo que siempre estuvo?
Hoy en día está mucho más visible, pero siempre existió. Es más, el primer libro de magia que se conoce, por lo menos el más famoso, que es El descubrimiento de la brujería, surgió para revelar los trucos, no para enseñar. Era como el mago enmascarado pero de 1700, aunque en ese caso era para evitar que quemaran a las brujas y a los magos. Revelaban los trucos y mostraban cómo es, similar a lo que pasa hoy en día en las redes, donde se multiplica por mil y es instantáneo y mucha gente tiene más acceso que antes. La curiosidad siempre estuvo, y también las ganas de la gente de no querer saber el secreto. Yo sé que está el secreto, sé que hay algo pero no quiero saberlo. Y yo me amigué mucho también con la gente que quiere descubrir el secreto. Cuando recién arrancaba me ponía muy incómodo cuando veía a una persona con la actitud de querer descubrir. Me ponía la defensiva. Hoy en día acepto que la persona quiera saberlo, porque yo de chiquito disfrutaba eso. Y me encanta cuando veo que el espectador que tiene esa incredulidad se tira para atrás, cuando le rompés lo racional y empieza a disfrutar. Ahí es cuando me encanta decir “logre uno de los objetivos”, que no es engañar al público, sino ilusionarlo. Es la misión del mago, sabemos que hay un secreto, pero la idea es que no se note.
Inés Guimaraens El mago junto a su valija y su biblioteca de magia ¿De niño entonces tratabas de encontrarles el truco a los magos?
Sí, pero con respeto. Trataba de descubrir pero no gritar “ya sé cómo se hace”. Mis padres habían comprado un VHS, y lo que hacíamos era grabar a cualquier mago que aparecía en la tele, y después lo pasaba en cámara lenta, cuadro por cuadro, para tratar de descubrir. Para mí la magia se basaba en eso, en saber el secreto y hacerlo. Después descubrí que el secreto es uno de los elementos, pero no es el más importante, está la magia que es toda la presentación y está la persona, cómo conecto con la persona para lograr que la magia sea fuerte.
Arrancaste en la magia de joven. ¿En algún momento te planteaste dedicarte a otra cosa?
Nunca tuve en mi cabeza otra idea que no fuera ser mago. También porque surgió sin querer. Surgió jugando y por tener facilidad. Por suerte en mi familia no necesitaban que yo saliera a trabajar tan joven, pero a mí me encantaba. A los 14 años los fines de semana, me llamaba, no sé, el hermanito de un compañero y me llevaba mi padre a hacer el show, y empecé a generar trabajo y cuando terminé el liceo mis padres me dijeron “estudiás alguna carrera convencional o te dedicás a esto y te perfeccionás” y elegí lo segundo. Hoy en día no solo hago shows de magia, tengo una colección de libros, cursos de magia online, charlas para magos, charlas para empresas. Voy creciendo, siempre con el tema de la magia como ancla, o la televisión, cosas que me gustan. Pero la magia es el hilo conductor de mi vida.
Es raro que tus padres te hayan ofrecido seguir con la magia, al menos si uno se planta desde un lugar más tradicional y convencional.
Siempre tuve el apoyo de mis padres. Sabían que me gustaba y me apoyaban, por más que no es convencional tener un trabajo como este. Cuando recién arrancaba y a mi madre le preguntaban a que se dedicaban los hijos, ella contaba “la más grande es profesora de matemáticas, trabaja en dos colegios, está por ser adscripta, el más chico está estudiando ingeniería de sistemas… y el del medio es mago”. Lo decía bajito, como a la pasada. Cuando me recibí de Licenciado en Comunicación, de grande, mi tía fue a la defensa de la tesis, una tía mayor. Yo ya tenía más de 20 años de magia, pero me dijo “ahora te recibiste, vas a poder tener un trabajo como la gente, un trabajo normal”. Mi tía es monja, hablando de normal (risas).
Inés Guimaraens Terminaste estudiando una carrera universitaria, ¿por qué decidiste cursarla?
Siempre me gustó el área de comunicación, marketing, publicidad y de grande tenía la necesidad de hacer una carrera y elegí comunicación justamente para aprovecharla en la magia, y me sirvió muchísimo. Hice mi tesis sobre la magia en la televisión y cómo lograr que la magia en la televisión sea casi tan fuerte como la magia en vivo. Fue un estudio sobre eso y cada trabajo que tenía que hacer lo dedicaba a la magia para poder perfeccionarme. Esto de estudiar cosas paralelas a la magia te hace crecer en tu profesión y lo disfruté, lo aproveché y lo sigo aprovechando.
A esta altura tu trabajo en los medios ya es casi una carrera paralela.
Sí, me encanta, estoy aprendiendo también. Cuando tengo algún rol en el que tengo que separarme de la magia me cuesta muchísimo, ahí es cuando me siento medio perdido, pero lo voy aprendiendo. Y lo disfruto mucho, también soy muy crítico, me miro, no me gusta casi nada de lo que hago que no tenga que ver con la magia, pero cuando lo veo trato de aprender y crecer porque es algo que también lo disfruto.
¿Cómo es tu vida cotidiana de mago?
Como la de cualquier emprendedor. Tiene un proceso no solo creativo, sino también de búsqueda de propuestas, por suerte ahora menos porque ya me buscan a mí, pero siempre estoy buscando nuevos lugares. Ahora empecé a dar charlas para empresas, y hubo todo un proceso de buscar ese mercado. Tiene algo de trabajo de secretario, también. Desde este año nos repartimos ese trabajo con otra persona que integré al equipo. Pero después viene toda una etapa creativa que es la de empezar a practicar cada truquito de magia o fabricar las ideas que se me ocurren, trabajar ideas viejas que encuentro o ideas nuevas que trato de llevar a cabo. Hay mucho de escribir, mucho trabajo de guion, porque cuanto más lo escribo mejor me queda visualizado y mejor sale en público.
Inés Guimaraens Daniel K En esa pata más creativa, ¿cómo es el proceso de ensayo de un truco?
Al principio es mental, voy anotando ideas que se me van ocurriendo basándome o en las tendencias que hay, un tema que veo que se repite, o ideas que se me ocurren cuando leo algún libro de magos que me tira una idea disparadora. Después va la etapa creativa que es la física, o el fabricar lo que necesite, o buscar los materiales, y empezar a practicarlo y yo trato de basarme mucho en el público, en ver qué es lo que quiere el público, no espero a que esté 100% del truco terminado. Ya cuando va por la mitad, cuando ya sé que el secreto no se va a notar, empiezo a probarlo en público, porque ahí es cuando más necesito escuchar a la gente, si le gusta o no, si va por ahí, si es un desastre. Porque claro, a los magos a veces hay algo que nos gusta pero capaz que no le gustan al público. Para mí es muy importante saber qué es lo que quiere la gente, es cuando me doy cuenta si funciona o no, si tiene proyección o no.
¿Cuesta vivir de la magia en Uruguay?
En mi caso particular, no, pero fue todo un proceso y trato de buscar siempre la forma de trabajar bien de la magia. Cuesta vivir de algo no convencional, por supuesto, pero creo que si le dedicas pasión y motivación a eso, hace que todo fluya mucho más fácil. Si tenés ganas, sabés que a la gente le gusta, empiezas a compartirlo, y la facilidad llega después. La suerte llega trabajando, o sea, yo siento que tengo mucha suerte, pero también siento que trabajé mucho para esto. Y hoy en día creo que la gente tiene más ganas de ver espectáculos de magia, por esto de que las redes y la televisión amplían un poco y se dan cuenta de que la magia no es solo algo para niños, sino también para adultos. Creo que los magos de acá estamos trabajando cada vez más y la gente está con más ganas de espectáculos. Así que cuesta, pero no es imposible dedicarte a esto.
¿De dónde viene la voluntad de enseñar y empezar a dar charlas y cursos?
Por muchos años la magia se basaba en el secreto y en el hermetismo, entre los colegas estaba eso de “no me robes mi secreto y al público no le revelo la magia porque el secreto para mí es lo más importante”. Y el secreto es importante pero más lo es la magia, y ahí está el compartir con otros magos porque te hace crecer, porque vos compartís una idea. Siempre hay una ética, como tiene que haber en todo, de cuidar el estilo de uno y conocerlo, de saber cuándo se puede pedir un truco o pedirle a un colega para basarte en una de sus ilusiones, pero el compartir te hace crecer, y a nivel de enseñanza al público está bueno también, porque yo creo que cuantos más aficionados haya, más mercado hay para los magos. Eso también es un pensamiento que a los magos de otras generaciones les cuesta entender. El público que sepa algún secreto va a ir porque quiere ver magia, disfrutar o quiere ver qué es lo diferente que le vas a presentar. Por suerte hace cinco años hay una escuela de magia acá en Uruguay, que está generando muchos aficionados, hay más shows de magia, magos que se dedican a magia de cerca, se está expandiendo no solo en Montevideo, sino –y eso para mí es fundamental— en Canelones, Durazno, Fray Bentos, Paysandú. Cuanto más se aprenda y más se enseñe, más trabajo hay.
Inés Guimaraens Daniel K ¿Cómo se enseña magia? ¿Hay teoría, por ejemplo?
La mayoría de los libros que tengo son de teoría, porque es lo que me fascina. Hay mucha teoría, porque no solo se basa en conocer el secreto de la magia, sino en saber cómo piensa el público. Se estudia hasta teoría del color, si es mejor que aparezca un pañuelo rojo o un pañuelo verde, y por qué. O un truco de magia que tiene que ver con la mente del espectador. Muchos neurocientíficos se han apoyado en estudios de magos para aprender sobre el cerebro de las personas. Los magos somos especialistas en hacer que las personas se olviden de determinadas cosas en el show para que realmente el efecto funcione. Entonces hay muchas teorías sobre ese tema, o el manejo de los tiempos, en qué momento decir, en qué momento hacer. Hay historia de la magia, conocer lo que hacían otros magos y por qué funcionaba, y también conocer los antepasados de la historia del truco, cuanto más conozcas la historia del truco que estás haciendo, el público inconscientemente lo va a disfrutar más porque vos lo vas a hacer sabiendo que hay proceso de años haciéndolo.
¿Cómo llegaste al Magic Castle y cómo fue tu última visita?
Es impresionante. Para mí es el mejor lugar para la magia. La primera vez fue en 2004, se organizaba una semana de la magia argentina en el Magic Castle, había cinco magos que iban a trabajar y yo era amigo de dos. Les comenté que quería ir a verlos, y además yo iba a Estados Unidos porque me habían contratado para un congreso de magia en Buffalo, Nueva York, la semana antes de esa presentación. El organizador de Magic Castle, cuando vio que yo también estaba, aunque no me conocían, me dijo que había un cupo. Actué una semana, me costó muchísimo con el inglés, y aparte tenía una rutina con fuego, y el primer día me dicen que no se puede usar fuego en el edificio. Entonces tuve que crear un truco nuevo en el lugar. Y a partir de ahí quedé, fui durante cuatro años seguidos y ahora voy cada dos o tres, pero la idea es volver todos los años. Se hacen unos 21 shows por semana, tres shows por noche, el público que va es un público exclusivo, son socios del club, que son unos 5.000 socios, e invitados de socios, hay muchas personalidades de la farándula de Hollywood, o magos, es para mayores de 21 años, hay que ir vestido de etiqueta, solo se entra con invitación, entrás por una biblioteca que se abre y es como viajar a los 60. Tenes distintos teatritos, te dan un mapa, y podes elegir qué ver.
¿Qué famosos te vieron?
Un actor de How I Met Your Mother y la actriz que hizo de Marilyn Monroe (Ana de Armas). Soy muy malo con los nombres (risas), mi esposa es la que me dice “¿sabés quién es este?”.
¿Alguna vez te llegó a aburrir la magia?
No, pero sí me aburrí de muchas cosas de las que hago, entonces las cambio o las voy dejando de hacer y los retomo años después, con mucha más fuerza. Porque también uno va madurando y va haciendo la magia de diferente manera.
¿Qué es la magia para vos hoy?
Es un juego, es un trabajo, pero sin duda es una forma de comunicarme y conectar que tengo con la gente. Es una forma de comunicar mi mundo, porque yo siento que en el escenario soy yo, pero un poquito más potenciado y mostrándome tal cual soy, porque fuera del escenario soy más tímido, menos juguetón. En el escenario soy el niño que me acompaña desde siempre.