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Daniel Martínez le pone piernas al “voto a voto” rumbo al balotaje

Una semana después de la primera vuelta, el candidato del Frente Amplio visitó barrios del norte de Montevideo y opinó que “la gente quiere que siga el cambio”

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03 de noviembre de 2019 a las 05:00

Cuando Graciela Villar, la aspirante a la vicepresidencia por el Frente Amplio, llegó al punto de encuentro en Capitán Tula y Camino Colman, se desató la música: “Vení, vení con lo bueno, vamos a hacerlo mejor…”. Ella, –zapatos negros deportivos, pantalón azul claro, y una remera beige sobre una camisa negra de manga larga y vivos de colores en las mangas–, comenzó la interminable tanda de besos, abrazos y saludos de lo que sería la tarde de sábado de la fórmula presidencial que confía en preservar el mandato del Frente Amplio.

Había que palpar, incluso tocar el ánimo de la gente luego de esa primera vuelta de ganancia, aunque escasa. “¿Cómo están ustedes?”, preguntaba. “Con fe y esperanza”, oyó de uno de los grupos a los que se acercó. “Por supuesto que sí”, reforzó.

La fórmula frenteamplista encabezó este sábado la campaña que llamó "voto a voto" con el objetivo de hablar con la gente en sus casas, uno a uno, y convencer. Sobre todo convencer, para remontar la votación que si no crece en gran medida desde el 39,2% del domingo 27, no le permitirá al partido de gobierno ganar la segunda vuelta electoral.

Medio centenar de personas esperaban a Daniel Martínez y a Villar para iniciar el contacto “directo con la gente” en esas calles de tierra, de casas humildes, ropas tendidas al sol en los patios y puertas abiertas. Entre todos, Lilián Flores Barreiro llamaba la atención por su pelo afro pintado de amarillo y una sonrisa amplia y contagiosa. “Los afrodescendientes nos juntamos para explicar por qué hay que votar al Frente”.

Hizo una breve pausa y lo explicó: “Son los que más se acercan a escuchar y a legislar en derechos humanos”. Lilián tenía una bandera del Frente Amplio con un tambor dibujado sobre las tres franjas de colores que fue a parar a las manos de un grupo que estaba con Villar.

Con la bandera extendida frente a ellos se tomaron una foto. Pero la candidata a vice observó. “Está al revés, el blanco está arriba”. Y la dieron vuelta. Y volvieron a posar, sonrisas mediante, para otra toma.

Al rato llegó Martínez y el grupo, ahora más nutrido, siguió dos rutas: una con ella, otra con él, que enfiló hacia el barrio 22 de Mayo. Pantalón de jean, camisa azul claro, mocasines vinotinto, el candidato presidencial marcó el paso a la comitiva de dirigentes partidistas y barriales que lo seguían.

De pronto empezó a correr hacia la primera vivienda que se topó, dejando atrás a todos. “Va al baño”, soltó alguien de su equipo. Betina y Sandra, dos vecinas, se reían y comentaban, entre asombro y festejo: “Entró en la casa de Lourdes”. Ninguna se despegaría del candidato durante buena parte del recorrido. “Somos referentes del barrio”, decían. Gracias al Plan Juntos tenían casa.

A Martínez lo acompañaban Claudia Hugo, de Asamblea Uruguay, Gabriela Barreiro, del Partido Socialista, Daniel Caggiani, del MPP y Gerardo Núñez, de la 1001, además de su equipo de prensa. Y él comentaba, con unos y otros, lo que habían cambiado esos barrios en 10 años. “¡Pucha que hemos mejorado!”

La frase iba acompañada de una aclaratoria, que se convirtió en reiteración. “He estado por aquí como una decena de veces”. Sabía que tal vivienda era más pequeña, que el agua se desbordaba en un sector; se despedía de alguien diciéndole “gusto en verte, Pato” o, bromeando, “vos sí sos valiente, todavía con este”. Y, siempre, un “vamo' arriba” antes o después de un abrazo, un beso, una caricia.

El mensaje político era él. “Honrado, es un honor”, decía al tomarse una selfi tras otra con familias, niños pequeños, jóvenes, ancianos. Ante la pregunta de cuántos kilómetros pensaba caminar respondió: “Los que hagan falta, estoy en forma, hago bicicleta para ayudar a mi columna”. 

Saltó charcos, se puso en cuclillas con los más chicos, se arremangó la camisa azul claro y escucho quejas y pedidos. Como la de Susana Karina Martínez, sordomuda, a la espera desde hace un año de un terreno para hacer una vivienda. Así se lo contó una hermana de la mujer al candidato, mientras Susana lloraba frente a él.

O el de un hombre, en Tres Palmas, enfundado en una camiseta del Barça con el nombre de David Villa en el dorso, que le pedía un “buen laburo”. Y otra mujer que reclamaba atención a la infancia y se despidió con un “Pepe era el mejor, sin ofensa”.

Recorrió Primero de Mayo, Santa María y antes de llegar al punto de partida paró en una vivienda de la que salieron Judith Silva y Beatriz Collazo. La primera le confesó que su marido, que antes votó al Partido Nacional, ahora lo hizo por Cabildo Abierto. “Qué linda es la democracia uruguaya que podemos elegir y conversar así, eso es lo que tenemos que cuidar”, le dijo él.

De regreso al punto de partida, el aspirante presidencial tuvo unos minutos para los periodistas en los que insistió en que era un político de “cercanías”, que le alegraba que la gente lo recordara. Y que sabía que había temas que preocupaban como la seguridad y el de la pasta base. “La gente lo que nos pide es la necesidad de continuar con los cambios, porque esto ya no es lo que era”, remató.

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