23 de noviembre de 2012 19:43 hs

Quien el miércoles fuera ensalzado por los principales líderes globales por mediar en la tregua alcanzada por palestinos e israelíes tras una semana de combates, ayer se transformó en objeto de críticas de miles de personas que salieron a las calles de Egipto para protestar por su decisión de blindarse ante la justicia y decretar la indisolubilidad de la Asamblea Constituyente y la Cámara Alta por parte de los tribunales.

Las calles de Egipto ardieron y en sentido literal cuando los manifestantes prendieron fuego varias sedes del islamista Partido Libertad y Justicia, que presidió Mohamed Morsi, en las ciudades de Alejandría, Suez o Ismailiya.

La mayor concentración fue en la plaza Tahrir, la que se volvió célebre por ser el centro de las protestas contra la acumulación de poder de Hosni Mubarak, a principios de 2011. Ahora los cairotas volvieron a reunirse en el mismo lugar y por una causa similar, según reconoció por ejemplo Nermin, un manifestante que aseguró a EFE que se unió a la causa porque “ha nacido un nuevo dictador, y después de la Revolución del 25 de Enero (de 2011, en la que fue derrocado Mubarak) nadie tiene derecho a tomar todos los poderes”.

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Las fuerzas de seguridad y los manifestantes se enfrentaron con piedras y gases lacrimógenos y al final de la jornada hubo unos 200 heridos entre los que se contaban una decena de policías y un general.

No muy lejos de Tahrir, junto al Palacio Presidencial, Morsi aparecía en público por primera vez desde que dictó su decreto el jueves, rodeado por los más fieles y subido a un escenario montado por su antiguo partido. “Qué imagen más triste. Quien debiera ser el presidente de todos los egipcios habla desde una tribuna de los Hermanos. Sabemos a quién sirve”, tuiteó desde el lugar de los hechos Francisco Carrión, corresponsal para el diario español El Mundo.

Desde el estrado, el presidente casi omnipotente prometió que nunca fue su intención acumular potestades, pero que si ve al país en peligro “hará lo que sea necesario” para “conseguir la estabilidad política, económica y social”.

“No me gusta ni quiero utilizar procedimientos excepcionales, pero si veo que mi país está en peligro lo haré, porque es mi deber”, señaló.

El argumento del líder para acaparar poderes (decretó que todas las decisiones presidenciales quedan fuera del escrutinio judicial y estableció que la Asamblea Constituyente y la Cámara Alta no pueden ser disueltas por los tribunales) es que en el Poder Judicial hay quienes “se esconden detrás de los jueces” y quieren hacer descarrillar la transición a la democracia.

Pero con esto no convenció a los que se manifestaron a principio del año pasado para forzar la caída de quien ejercía el poder de manera autoritaria. “No nos vamos a ir de aquí hasta que Morsi salga, nos pida perdón y retire el acta constitucional”, decía ayer Nermin.

Causó deserciones

Además, la repentina decisión del exponente de los Hermanos Musulmanes causó indignación entre los que son fieles a él y uno de sus cuatro asesores, el cristiano copto Samir Morqos, anunció en declaraciones a EFE que iba a dimitir de manera “definitiva e irrevocable” debido a las declaraciones del líder. “Fueron una sorpresa y se tomaron sin haber consultado previamente a los asesores”, explicó.

Y desde la oposición también le llegaron las críticas. Por ejemplo, el islamista moderado y excandidato presidencial Abdelmoneim Abul Futuh criticó al presidente a través de su cuenta en Twitter cuando redactó que “la revolución estalló contra el poder individual absoluto, y colar un demanda revolucionaria en medio de un paquete de decisiones dictatoriales es una derrota para la revolución”. Futuh se refería al decreto, también del jueves, que ordena repetir los juicios contra los responsables de la muerte de manifestantes.

Por su parte el exprimer ministro Ahmed Shafiq, que fue derrotado en la segunda vuelta de las presidenciales por Morsi, advirtió que el líder “pagará un alto precio” por su nueva acta constitucional. “El presidente, con sus resoluciones, ha destruido las bases del Estado egipcio, ha monopolizado de manera absoluta el poder y ha insultado a 90 millones de egipcios”, subrayó Shafiq. Según él Mohamed Morsi, el gran artífice del diálogo entre palestinos e israelíes y el orgullo de muchos egipcios porque devolvió a su país al foco de la mediación regional, se convierte ahora en “una criatura extraterrestre que no puede ser criticada o procesada por la justicia”.

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