Fútbol > EL TAPADO DE LA FECHA

De Arruabarrena es un canto a la resistencia

Se probó en tres equipos a la vez, esperó años la oportunidad atrás de Cristóforo, Burián, Carini y Rodríguez, fue a la B y volvió para consolidarse en el arco de Wanderers

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18 de septiembre de 2018 a las 05:00

La historia de Ignacio De Arruabarrena es un canto a la resistencia por su enorme poder agonístico en procura de una oportunidad que le llega a los 21 años.

Entrenó en tres equipos a la vez. Salía de un práctica y su padre lo esperaba para llevarlo poco más que corriendo a otra. Viajaba de Br. Artigas y Colorado a Malvín y de ahí al Prado. Tres prácticas. De mañana, de tarde y de nochecita. Esperó años la oportunidad. Atrás de una larga lista de goleros que no le daban chance alguna. Pidió para salir a préstamo al interior y no lo dejaron. Le trajeron a Cristóforo, Burián, y Carini. Hasta que, el día menos esperado, le tocó debutar ni más ni menos que en la altura. El día que le tocó jugar, el destino caprichoso la jugó una mala pasada. Le pegó un golpe que lo hizo madurar. En el Centenario, le regaló la pelota a un rival y se comió un gol increíble contra Universitario de Sucre. Le costó el puesto. Lejos de amilanarse redobló esfuerzos. El tiempo lo puso en el arco de Wanderers.

“Empecé entrenando con 11 años en la escuelita de Defensor y de ahí salté a la Preséptima. Pero cuando me subieron a Séptima era tercer golero y vi que no me tenían mucho en cuenta me fui a probar a Danubio y Wanderers al mismo tiempo”, contó De Arruabarrena a Referí.

¿Cómo hacía?  “A Defensor iba de mañana. Se entrenaba frente a canal 5 y ahí me esperaba mi viejo y me llevaba a Malvín a entrenar de tarde en Danubio. Y cuando terminaba me iba a Wanderers donde sabían que yo entrenaba en otro lado y me permitían llegar un poco tarde”, expresó.

Ignacio le asigna una importancia vital a su padre Alejandro en la historia. “Fue el que me impulsó a probarme en otros clubes. Sin su respaldo no hubiera tenido la iniciativa de irme”.

El puesto de golero no es sencillo. Si lo sabrá el “1” de Wanderers. Después de quedar en el bohemio vivió a la sombra de muchos goleros. Aunque el prefiere decir: “Aprendiendo, porque yo no era ni el cuarto golero cuando empecé a entrenar con Guala. Cuando me llevaba a entrenar estaban el Canario Pérez, Martín Rodríguez y Silvera. Luego que llegó Fede Cristóforo solo iba a entrenar a Primera. Y lo miraba en todo”, recordó.

¿Motivos? “Seré siempre me hablaba bien del golero de la Tercera de Peñarol, que era brutal el trabajo de piernas y era Federico. Cuando llegó fue algo raro porque era como un ídolo sin haberlo visto. Luego terminó saliendo campeón con Wanderers y me llevaba a entrenar todos los días porque vivía a dos cuadras, y yo no manejaba porque era chico”.

Finalizado el torneo Cristóforo se fue a México y apareció Leo Burián. Nacho quedó como tercer golero. “Tener al Cachorro adelante era un orgullo”, acota.

Lo que jamás imaginó fue lo que le tenía deparado el destino. Burián sufrió un accidente y fue por primera vez al banco de suplentes del primer equipo. No era un partido más. Ni más ni menos que contra Boca por la Libertadores. “Me moría por cambiar la camiseta, pero no lo hice”, recordó.

En un momento coincidió en el plantel con Burián y Cristóforo. “Ahí trataba de mirar todo de los dos”. Y como no hay dos sin tres, cuando se fue Burián el club decidió contratar de Fabián Carini.

El hecho es que, dos semanas antes del debut, Carini decidió alejarse del fútbol. Y se inició una danza de nombres para el arco de los  bohemios.

De Arruabarrena escuchaba sin prestar demasiada atención. A los pocos días el técnico Jorge Giordano se arrimó y le regaló un mimo al alma de Nacho: “te veo bien, vas a jugar vos”.

Debutó en la altura de Sucre por la Libertadores de 2017. “Sentía la presión y los nervios pero ganamos 3 a 2. El tema es que me presioné mucho para la vuelta y en el Centenario me mandé la cagada. Ganábamos 2-1 y se la dio a un rival y nos clavaron. Luego de ese error me tocó ir al banco nuevamente”, dijo.

Seis meses fue suplente de Martín Rodríguez pero pidiendo para jugar en Tercera porque no quería perder ritmo de competencia. Al inicio del segundo semestre pidió ir a préstamo a Tacuarembó. Le fue negado. El técnico Giordano le dijo que no estaba de acuerdo porque estaba peleando el puesto en el arco bohemio. El tema es que se volvió a quedar seis meses en el banco de suplentes esperando una oporunidad que nunca llegó porque Martín Rodríguez se consolidó.

Al inicio del presente año llegó Eduardo Espinel como técnico. Fue al banco. Y Amaranto Abascal volvió a insistir para llevarlo a la tierra de Gardel. Se fue a Tacuarembó. “Viví la lucha diaria de gente que no sabe cuándo van a cobrar. Ahí empezás a valorar lo que tenés. Pero soy agradecido, jugué y tomé confianza para volver a Wanderers”.

El regreso lo encontró como dueño del arco bohemio. Con apenas 21 años y un enorme recorrido, Ignacio De Arruabarrena tomó nota de lo vivido: “No fue fácil llegar acá. Yo desaproveché una vez la oportunidad, así que ahora más que nunca me aferro a esta chance”.

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