Puños crispados arriba y abajo del escenario acompañaban los discursos de los dirigentes del PIT-CNT cada 1º de mayo, muchas veces desafiantes y con críticas y reproches de todo tipo y color hacia los gobiernos blancos y colorados. Pero la película que se veía en la década del 90 cambió casi 15 años después. Con los mismos actores arriba del estrado, pero con el Frente Amplio al mando del Poder Ejecutivo, el tono combativo quedó de lado.
Desde el 2005 el discurso sindical pasó a estar teñido de halagos y guiños hacia el “gobierno amigo”, matizados con algunas críticas lavadas. Con Tabaré Vázquez en la Presidencia ya se comenzó a vislumbrar cuál sería el posicionamiento de ahí en adelante.
Ese año el PIT-CNT lanzó cuestionamientos a la política económica, pero a la vez reconoció un “marco esperanzador” porque apenas iban dos meses de gestión y empezaba un “tiempo de cambios”. En un acto recordado por su extensión (duró casi cuatro horas) hubo elogios para el Plan de Emergencia que se empezaba a implementar para combatir la pobreza. Ni por asomo hubo señales de lo ocurrido cinco años antes, cuando comenzado el gobierno de Jorge Batlle la central lo criticó por “neoliberal” y tildó de “hipócritas” los discursos oficiales sobre políticas sociales.
Al año siguiente hubo críticas veladas y en 2007 los cuestionamientos fueron hacia la política económica cuando se reclamó el 4,5% del Producto Bruto Interno (PBI) para la educación. Pero de ahí en más el blanco fueron las cámaras empresariales. En 2008 la conformidad con el funcionamiento de los Consejos de Salarios y las pautas flexibles colocadas por el Ejecutivo se transformaron en la vedette. La afinidad política con el gobierno no se ocultaba. “Hacemos este acto sin complejos, sin dolores de parto. Somos una central de izquierda. No tenemos problema en reconocerlo ni nos escondemos”, afirmó el dirigente Fernando Pereira en esa oportunidad.
Con Vázquez a punto de culminar su mandato, en 2009 el centro fueron otra vez los empresarios y los partidos tradicionales. Era año pre electoral y se sostenía que si en las elecciones ganaban blancos o colorados se vendría un “ajuste de cuentas” con los sindicatos.
Ya con José Mujica como presidente, en 2010 se reclamaron políticas de formación profesional para hacer frente a la demanda de mano de obra calificada, se pidió eliminar la ley de Caducidad y se planteó achicar la jornada laboral. Pero se eludieron otros temas por ese entonces conflictivos, como la decisión oficial de moderar los aumentos reales de ingresos y los comentarios hechos por el presidente acerca de los funcionarios públicos y sus “privilegios” que por varios meses estuvieron a la cabeza de sus reflexiones. Un año después la línea del discurso apoyó la gestión de gobierno y destacó el aumento del mínimo no imponibe de IRPF.
En 2012 se reclamó al Poder Ejecutivo “profundizar los cambios” pero a la vez se resaltaron los avances obtenidos en los siete años de gobierno del Frente Amplio. Otra vez los dardos fueron contra la oposición y se apuntó contra la baja de edad de imputabilidad impulsada por el senador colorado Pedro Bordaberry. La central cuestionó los problemas de inseguridad y pidió el agravamiento de penas para los traficantes de pasta base, pero sin mencionar la gestión del Ministerio del Interior.
Este año la tónica no cambió. Para no tener que criticar al gobierno, por primera vez hubo espacio para la autocrítica del sindicalismo que fue aplaudida de pie, entre otros por el vicepresidente Danilo Astori y el ministro de Economía, Fernando Lorenzo. El dirigente de la bebida, Richard Read llamó a no promover “el lumperío” en los gremios.