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De Resnais y Bergman, a Sendic y Petinatti

Las mediciones de las radios uruguayas delatan el país en el que vivimos

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08 de noviembre de 2018 a las 20:47

Días atrás se dieron a conocer las recientes mediciones de audiencia de las radios uruguayas. No sé cuanta exactitud puedan tener, pero sirven, supongo, y supongo bien, para conocer no tan a vuelo de pájaro el estado actual de las afinidades informativas y de entretenimiento de nuestros compatriotas. En ese panorama de nombres y cifras, destaca algo que resulta sintomático del momento de la historia que atravesamos, mejor dicho, en el cual estamos estancados desde hace rato. Según lo que dicen los números, no yo, el Uruguay culto, refinado, que podía pasar varias horas en un café del centro montevideano conversando sobre la nueva película de Alan Resnais o de Ingmar Bergman (dicen por ahí, y lo creo, que fuimos el primer país en el mundo en entender al cine hermético de esos dos genios innovadores), ya es parte de un pasado archi-remoto, muerto por completo. Ese país de tan antes, de tanta intelectualidad viva, influyente y lúcida, está completamente finiquitado. Q. E. P. D.

Quienes no podemos descansar en paz somos quienes conocimos ese/este país con mayores exigencias intelectuales y estéticas, y hoy constatamos un panorama en fase de deterioro, en el cual lo único que importa son la información política y deportiva, y el entretenimiento light. Esa es la evidencia proveniente del reporte de la consultora Mediciones y Mercado correspondiente a los meses de agosto y setiembre. El programa más oído en la mañana es Aquí está su disco (todavía, aunque usted no lo crea ni yo tampoco), por bastante más puntos que sus competidores a esa hora, quienes no pasan música sino que hablan. Y hablan, y hablan, de política, de lo único casi; dedican el 90 por ciento o más del tiempo a hablar siempre de lo mismo. Si la política –y las noticias generadas en su entorno- desapareciera, el silencio tomaría control del éter. Pocos países tan monotemáticos como el Uruguay, y más a cierta hora de la radio.

En la tarde, el programa con mayor audiencia es Malos pensamientos, conducido por Freddy Nieuchowicz Abramovich, alias Orlando Petinatti. Fiel a su estilo, sigue siendo una usina de boberías contraria a todo tipo de pensamiento, sea bueno o malo. Un programa ideal para quien no quiera pensar, y como este se ha convertido en el pasatiempo favorito de miles de uruguayos, tiene una audiencia amplia y constante. Qué lindo es olvidarse que en la vida hay lugar también para las ideas. Qué divertido es olvidarse que el ser humano tiene mente. Nada más repugnante que pensar, nada mejor que entretener sin que la imaginación y el raciocinio se sientan involucrados.

Viendo la lista de programas mencionados por el reporte, me alegra encontrar varios que reconozco por haberlos escuchado con interés, Al pan pan, con Sergio Puglia y Jaime Clara, y Abrepalabra, con Gustavo Rey, que representan a ese tipo de radiotelefonía que hace cómplice a la imaginación y reflexionar a quien la escucha. En esa línea menos complaciente y más trascendente también están, Efecto mariposa, con Daina Rodríguez y Alberto Gallo, y Visión nocturna, con los Gustavos, Antúnez y Pérez, ambos programas en Radio Uruguay, aunque ninguno de los dos aparece en el rating dado a conocer. En la lista de programas que “marcan”, es decir, que tienen la suficiente audiencia como para ser mencionados, hay varios que oí solo una vez y fue suficiente. La liviandad de los conceptos emitidos me hizo sentir que estaba perdiendo el tiempo.

Quizá la radio uruguaya actual busca eso: hacer que el oyente pase el tiempo de la manera menos comprometida posible, narcotizado por la pura actualidad y la banalidad. El intelecto es rigurosamente detestado. Lejos quedaron los tiempos de la radio con nombre y apellido, en los que uno escuchaba (cambio ahora de verbo) a Rubén Castillos, capo total, a Hugo Castillos, hermano del capo y capo también él, a Milton Schinca, a Alfredo Percovich, y se sentía importante por estar vivo, por saber que la vida no era para perder el tiempo y que la radio no era solo para hablar de Raúl Sendic Rodríguez, de Tabaré Vázquez, de Manini Ríos, de Lacalle Pou, o del tema que sea del día, sino para hacer pensar en aquello que trasciende el día a día. Parece increíble, pero ese Uruguay, el de esa radio con mayúsculas y locutores intelectualmente preparados y con sensibilidad, alguna vez hace mucho existió.

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