La emisión del bono 2050 no solo recibió una importante demanda de los inversores internacionales, sino, además, logró captar el interés de los poseedores de instrumentos uruguayos de más corta duración, que aceptaron redoblar la apuesta por la deuda del país y cambiar sus títulos de duración más corta por valores más largos.
Según los datos difundidos ayer por la Unidad de Gestión de Deuda del Ministerio de Economía (MEF), si bien el martes se colocaron US$ 2.000 millones en bonos con vencimiento en 2050, la demanda recibida por las autoridades alcanzó los US$ 3.000 millones, superando en 50% la emisión.
El objetivo del gobierno era utilizar una parte de esos fondos para recomprar deuda de más corta duración y otra para prefinanciar el pago de deuda a través de la generación de liquidez en las arcas públicas. En ese sentido, recibieron solicitudes de recompra por un total de
US$ 1.283 millones, lo que implica casi la tercera parte (28,8%) del universo de títulos en circulación elegibles para la operación.
La mayor parte de los títulos que participaron de la recompra (76%) eran de inversores que estaban dispuestos a aceptar el nuevo bono como contrapartida por sus instrumentos de menor duración. La fuerte demanda que tuvo el gobierno por esos títulos llevó a que solo aceptara operaciones de canje y no tuviera necesidad de entregar dinero a cambio de títulos recomprados. Fueron aceptados canjes por US$ 973 millones –con un costo de US$ 1.176 millones, por estar valuados por encima de la par–, y el resto será destinado a engrosar la caja.
En diálogo con El Observador, la directora de la Unidad de Gestión de Deuda del Ministerio de Economía, Azucena Arbeleche, se mostró conforme con el resultado de la operación. “Cumplió con el objetivo de reducir la curva de vencimientos en dólares a largo plazo y también consolidó la política de prefinanciamiento de contar con efectivo para cumplir con el pago de deuda a 12 meses”, destacó.
Dijo que era un “buen momento”, ante la perspectiva de suba de tasas en los mercados internacionales para “levantar” más fondos del mercado. Explicó que en la medida en que este bono alcanzó un volumen de US$ 2.000 millones, podría “oficiar” como benchmark, es decir, como una referencia para el mercado.
Por otro lado, Arbeleche se mostró satisfecha con el nivel de demanda que tuvo el bono en el exterior. “Son inversores de muy buena calidad que sabemos cómo se comportan, y no compran títulos para luego venderlos”, resaltó. Asimismo añadió que un “buen indicador” de cómo se comportó la demanda no solo es el tamaño, sino el precio que tuvo el bono. “El premio de la emisión fue de menos de 10 puntos básicos. Esto suele ser mayor en la mayoría de los casos”, señaló. Dijo que otra variable que demostró “cómo se pudo apretar el precio” fue que cuando se anunció la transacción, se fijó un spread sobre el bono de referencia de EEUU de 170 puntos básicos, pero, cuando se vio que la “demanda era fuerte”, “se apretó” hasta 165 puntos básicos.
El gobierno, por ahora, no tiene previsto realizar una nueva emisión en el mercado internacional, aunque ello tampoco está descartado. Por lo pronto, mantiene su cronograma de emisión en el mercado doméstico.