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3 de abril de 2012 22:04 hs

Diezmado anímicamente, con jugadores que no rinden y con un botija de 21 años que hará su debut en el arco –después de la experiencia que vivió en el último Torneo Preparación–, Peñarol afrontará el jueves un partido que perfectamente puede marcar un punto de inflexión en el Clausura.

Viene de una derrota lacerante en Jardines. Una de esas caídas poco creíbles, por lo que había mostrado –y dominado– a su rival en el primer tiempo y en la que Danubio le llegó tres veces. Sí, fueron tres llegadas y tres goles: 100% de efectividad.

Este es el momento para levantarse. No es que suene a revancha: suena a obligación. La tabla del Clausura y también la Anual lo tienen como protagonista y, de ganarle a Defensor Sporting, quedará como líder en ambas.

Claro que se sabe que el adversario ha levantado su nivel futbolístico y que será un encuentro bastante complicado.

Hay que ver cómo hace el Polilla Da Silva para levantarle el ánimo a un plantel que se fue muerto el pasado domingo de Jardines del Hipódromo. Es obvio que un profesional que juega en un grande tiene la obligación de contar con la mentalización, convicción y temple necesarios como para afrontar estos compromisos. De eso viven.

Pero parece que últimamente Peñarol carece de un líder en la cancha, el que mande y ordene no ya a sus compañeros, sino que lo haga sobre la pelota. Falta dejar atrás una escuela de fútbol que este conjunto tenía pegada como una grifa. Es muy diferente lo que trata de aplicar Jorge Da Silva respecto a lo que pregonaba Gregorio Pérez. Si bien en algunos encuentros con el Polilla, Peñarol mostró una intención de jugar bien la pelota, pocas veces lo consiguió. Incluso contra Danubio –cuando dominó largo rato y fue dueño del balón– se repitió en centros hacia nadie.

Sin Marcelo Zalayeta en otro partido clave, el entrenador volverá a apostar al mismo trío ofensivo titular que ante Danubio con Estoyanoff, Mora y Maximiliano Pérez. Es la delantara más goleadora, pero le falta tener más conexión. Maxi Pérez se pierde y se desgasta demasiado.

A su vez, el talante del equipo debe cambiar. Darío Rodríguez, capitán y hombre más experiente del plantel –titular indiscutido para el DT y todos los anteriores–, jugó un segundo tiempo para el olvido en Jardines. Fue superado por la juventud de Melazzi y ni su oficio lo pudo ayudar. Por su flanco, si el rival presiona, puede sacar una tajada muy importante, aunque justo es decirlo, Luis Aguiar no lo ayudó nada en la marca, como sí sucedía el año pasado cuando Matías Mier se sacrificaba por el equipo.

Son otros tiempos pero las mismas obligaciones. Peñarol no puede volver a ser el pulmotor de los demás, como ya ocurrió el pasado fin de semana.

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