5 de enero de 2016 13:56 hs

La caída pronosticada en los principales indicadores de la economía exige al gobierno extrema eficiencia de gestión este año para evitar que los problemas se conviertan en crisis. Se trata de sobrevivir al 2016 con prudencia fiscal y abriendo posibles vías futuras de salida, a la espera de un repunte viable en 2017. Es notorio que la administración Mujica omitió actuar a tiempo para enfrentar el empeorado contexto externo y corregir desórdenes internos. La tarea le cae al gobierno actual a partir de su segundo año, después que se le fue el primero en pergeñar el presupuesto y enfrentar un tsunami de conflictividad sindical.

El presidente Tabaré Vázquez y el equipo económico que lidera el ministro Danilo Astori perciben claramente las dificultades. Pero es otra historia pasar de la percepción a las medidas correctivas. Idealmente todos deben poner el hombro, algo difícil de concretar en la práctica. Los partidos opositores deberían resistir a la tentación de sacar prematuro rédito electoral de los graves traspiés gubernativos del Frente Amplio, desde debacles como ANCAP y Pluna hasta la desaprensión gastadora de los años previos. A los sindicatos les corresponde aceptar la realidad. El sector empresarial tendrá que capear la tormenta lo mejor que pueda, pese al castigo que le ha impuesto el gobierno con el intempestivo aumento tributario del IRAE. Y es indispensable poner paños fríos a las públicas peleas y pase de facturas dentro del FA, que traban a su propio gobierno.

De lo contrario se agravarán aun más las previsiones más confiables de expertos privados para este año. Aunque van 13 años consecutivos de crecimiento, es más que improbable que supere el 1% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2016. Seguirá deprimido el consumo de los hogares por temores y desconfianza, aumenta el desempleo y la inflación se mantendrá apenas por debajo del 10%, lejos de la meta oficial. Se anticipa además que el déficit fiscal trepará a cerca del 4% del PIB, debido a las necesidades de financiamiento. Todo apunta a un país haciendo la plancha. Pero si el gobierno muestra la necesaria capacidad de gestión y los demás actores se moderan en entorpecerla sin respiros, puede llegarse al salvavidas que permita nadar a partir del año próximo.

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Un mayor acceso a mercados externos, especialmente mediante acuerdos con bloques del Pacífico, será esencial para que el país coloque exportaciones, especialmente los alimentos que el mundo necesita, siempre que podamos producirlos en condiciones competitivas. Y será decisivo lo que ocurra en el ámbito regional. Argentina, a la que perdimos como cliente voluminoso por el hostil proteccionismo kirchnerista, ha iniciado con buen pie un proceso de recuperación y ordenamiento que eventualmente nos beneficiará, aunque llevará tiempo. Por su parte Brasil, nuestro principal socio comercial junto con China, probablemente retome en 2017 un muy modesto crecimiento que le permita empezar a salir de la tremenda crisis en la que se sigue debatiendo. Con Argentina mejorando este año y Brasil, con algo de suerte, haciéndolo a partir de 2017, el Mercosur puede recibir el soplo vital que le ha faltado durante un cuarto de siglo. Pero, entre tanto, todo dependerá de que nuestro gobierno, pese a que sus principales figuras siguen siendo las mismas, encuentre el camino del orden, la autoridad y la eficacia que le han faltado en los últimos 10 años.

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