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Después de su aplastante victoria, Boris Johnson llama a "cerrar las heridas"

El primer ministro británico que obtuvo clara mayoría en el parlamento prometió el brexit para el 31 de enero

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14 de diciembre de 2019 a las 05:03

El martes 10, el penúltimo día de la campaña electoral legislativa en el Reino Unido, el primer ministro británico Boris Johnson, durante  una visita a una fábrica ubicada en la localidad de Uttoxeter, condujo una retroexcavadora —que llevaba estampada el slogan Get Brexit Done —que el gobernante estrelló deliberadamente contra una pared de ladrillos de espuma de polietileno que se redujo a escombros.  

Con un ímpetu similar, el líder del Partido Conservador logró una hazaña histórica con la arrolladora victoria electoral en las elecciones legislativas del jueves 12 y el contundente mensaje de las urnas de un cerrado apoyo a su proyecto radical del brexit. 

En el poder desde julio pero con minoría parlamentaria, Johnson se había arriesgado a convocar comicios anticipados en diciembre, un mes oscuro y frío, poco propicio a atraer a los británicos a las urnas. 

Pero la jugada le salió redonda: sumando una tras otra circunscripciones tradicionalmente obreras, su Partido Conservador obtuvo 365 diputados en una cámara de 650 escaños, lo que supone sumar 47 bancas y gozar de una mayoría absoluta, la mayor desde los años dorados de los conservadores de mediados de la década de 1980.

Una  proeza política, de la que hasta en sus propias filas veían como arriesgada,  pero que le ha dado un brillo a su liderazgo que hasta terminó definitivamente con la carrera política de su principal adversario el jefe opositor Jeremy Corbyn, del Partido Laborista, un izquierdista radical que se jugó todo por la convocatoria a un nuevo referéndum por el brexit.

Corbyn, que perdió 59 asientos legislativos, ya anunció que deja de liderar su partido. Debió de sentir mucha pena por haber perdido posición en el norte industrial y el Midlands, un muro rojo que era impenetrable para los conservadores.

En estas horas, Johnson tiene todavía más para vanagloriarse de su estupenda jugada política, acusado de una gestión engañosa desde el número 10 de Downing Street, ahora disfruta de tal reconocimiento político que en Londres algunos recuerdan el buen momento de los conservadores durante el liderazgo de Margaret Thatcher.

Muy sorprende para este desaliñado hombre de 55 años, rodeado de escándalos hasta por su vida personal, y que hasta antes de este batacazo electoral era  poco menos que considerado un payaso, un populista bufón y sin  ningún pudor en engañar al electorado.  Y más sorprende para quienes lo subestimaban es que se trató del triunfo político de él mismo que favoreció al Partido Conservador y no al revés.  

No fue un resultado favorecido por los astros o la buena fortuna, sino de una campaña bien pensada y mejor ejecutada para asombro de  los analistas que siempre señalan  el desorden que gobierna su vida y el riesgo así de perder el norte de sus objetivos políticos.

Esta vez, a su institución política que le ha permitido llegar a la cumbre del poder británico, se le sumó una rara disciplina en él que respetó a piejuntilla su mensaje electoral enfocado en ideas muy básicas y hasta imprecisas sobre el brexit.

“Cerrar las heridas”

Ahora, con la grandeza que da una aplastante victoria, Johnson llamó el viernes a “cerrar las heridas” del brexit tras recibir carta blanca de los británicos para hacer efectiva una salida de la Unión Europea que lleva paralizando la política y dividiendo al país desde hace más de tres años. 

“Insto a todos, a un lado y otro del debate, a permitir que comiencen a cerrarse las heridas”, dijo en un mensaje a la nación tras haberse reunido triunfante con la reina Isabel II en el Palacio de Buckingham.  

“Llevaremos a cabo el brexit a tiempo el 31 de enero”, había dicho eufórico, proclamando un “terremoto” político, después de obtener la mayor victoria conservadora en más de 30 años.

Tras la euforia ganadora, Johnson  enfrentará el desafío del brexit, el 31 de enero, y encarar las discusiones de cara a un amplio acuerdo comercial con el Reino Unido que ya se anuncian complejas.  

La cuestión es ahora saber si la UE y Reino Unido podrán alcanzar rápidamente un acuerdo global para mantener sus intercambios comerciales o si, al contrario, deberán extender el período de transición pos-brexit previsto actualmente hasta fines de 2020.

Johnson asegura que cerrará un nuevo pacto comercial con la UE antes del final del período de transición –que comenzará con la salida del país y se prolongará hasta el 31 de diciembre de 2020– y descarta pedir prórrogas a Bruselas.  

Pero los expertos coinciden en que tomará mucho más tiempo lograr un acuerdo comercial global digno de un país destinado a convertirse en el socio más cercano de la UE.  

Por ejemplo, entre el inicio de las discusiones y la entrada en vigor de un acuerdo con la UE, se necesitaron ocho años y medio en el caso de Canadá, seis años y medio para Japón y nueve para Singapur. 

“La conclusión de un acuerdo comercial a finales de 2020 es muy ambicioso. Pero no lo conseguiremos, si no lo intentamos”, señaló el primer ministro irlandés, Leo Varadkar.

El gobierno británico tiene hasta el 1 de julio para pedir una prórroga del período de transición más allá de 2020, una única solicitud y por un período de uno o dos años adicionales.  

Si el acuerdo debe negociarse rápidamente, sin prolongación, su ambición será mucho más limitada, explicó Fabian Zuleeg, economista del centro de reflexión European Policy Centre.

Para firmar un acuerdo antes de finales de 2020, los negociadores deberán mostrar progresos suficientes en unos seis meses para dar tiempo para su traducción, su examen por los juristas y su ratificación.  

Según Zuleeg, un acuerdo “muy básico” sería posible en ese período de tiempo, pero la capacidad de negociación del Reino Unido “sobre asuntos delicados como los servicios, la pesca o Gibraltar” sería entonces “muy limitada”.

Un acuerdo sobre una reducción de los aranceles es en cambio posible en este período.
Si Johnson rechaza prorrogar el período de negociación, la amenaza de un brexit sin acuerdo resurgiría de nuevo, lo que podría implicar la ruptura brutal de los vínculos comerciales entre la UE y el Reino Unido y un impacto en sus economías. 

El punto de partida de las discusiones “es la ausencia de acuerdo y el estatus de terceros países”, señala Zuleeg.
Como tercer país, el Reino Unido volvería inmediatamente a las limitadas condiciones comerciales establecidas por la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Los aranceles sobre productos clave serían elevados, lo que arruinaría por ejemplo los sistemas comerciales establecidos para la producción británica de vehículos y otros bienes industriales, que dependen de piezas procedentes del extranjero.

Los puntos de entrada al Reino Unido estarían abarrotados de controles aduaneros. 

Falta saber si efectivamente el primer ministro británico tiene el talante para liderar la transición más desde la Segunda Guerra Mundial. 
 

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