Enero: Médicos frenteamplistas, que ocuparon cargos relevantes en gobiernos de izquierda, elaboraron un documento con propuestas para un combate a la pandemia.
Domingo 10: Esos especialistas en salud, Marcos Carámbula (ex presidente de ASSE), Miguel Fernández Galeano (ex vice de MSP) y Ricardo Erlich (ex intendente de Montevideo), remitieron una carta al gobierno para encaminar esa propuesta.
El ministro de Salud hizo lo propio con Fernández Galeano y Erlich
Jueves 14: tras la reunión con el presidente, Carámbula dijo: “la reunión fue positiva respecto al plan de vacunación y nos permite aguardar con expectativa los próximos días (…) Nos vamos con una expectativa cierta de que lo antes posible puedan estar las vacunas (…) Nos vamos además con la certeza que transmitió de que está trabajando cotidianamente en estas negociaciones, que tienen un aspecto confidencial que hay que respetar”.
Viernes 15: tras la reunión del ministro Salinas (MS) con Erlich y Fernández Galeano, éste declaró: “El ministro estuvo abierto a escuchar nuestro planteamiento. Seguramente estará comunicando algunas iniciativas en esta materia”. El ministro dijo: “Intercambio de información relevante. Ambiente de colaboración. Causa ciudadana nacional”
Lunes 18: el Secretariado Ejecutivo del Frente Amplio realizó su primera sesión del año y los dirigentes hicieron valoración negativa de lo actuado y lo dicho por Carámbula y Fernández Galeano, por entender que esa movida favorece la estrategia de Lacalle Pou y perjudica la de la oposición.
Miércoles 20: el Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT trató una invitación hecha por el Rector de la Universidad de la República, para integrarse al “Compromiso Ciudadano por la Vida” (es el punto 1 del documento que Carámbula le dio al presidente y los Fernández Galeano y Erlich presentaron al ministro). La central sindical emitió una declaración para comunicar que aceptaba la invitación.
Otra vez, como hizo con la visita a Tabaré Vázquez en mayo, Lacalle Pou dejó al Frente Amplio en un brete. Es claro que el presidente no quiere compartir la conducción del combate a la pandemia, y asume que en su calidad de jefe de gobierno y de jefe de Estado, esa es su responsabilidad; que puede escuchar voces diversas, pero que es él quien maneja el caso.
La oposición le reprocha falta de diálogo y que no acepta cooperación, mientras le critica y le propone medidas que ya sabe que no comparte, como restringir la actividad económica, comercial y de movilidad de personas.
Pero cuando le envían propuestas por escritos, Lacalle Pou responde con diálogo, pero eso siempre se da con figuras que no representan a la “organicidad”, a la “estructura” y al “sentimiento” del Frente Amplio.
Fue a ver a Vázquez por el documento que había hecho el ex presidente con técnicos del Frente; ese mismo que el Frente había ignorado.
Ahora recibió a Carámbula por un documento hecho por fuera de la estructura frentista, y recibe a una persona de diálogo, que al irse del encuentro realiza declaraciones amistosas, lo que va contra el esquema del Frente de crítica dura.
Tabaré era un ex presidente del FA, y un referente, pero no representativo del actual Frente.
Carámbula es considerado como posible presidente del FA, pero quedó claro que no refleja el “sentimiento” predominante o mayoritario de la izquierda. Por eso lo vieron demasiado “conciliador” o calificaron de “tibias” sus declaraciones.
En medio de esto, pasó algo más raro, fuera del Frente, pero dentro del “bloque político y social de los cambios” (denominación utilizada en el PIT como expresión de la izquierda política y gremial)
¿Cómo el rector puede invitar al PIT-CNT a integrar un grupo que no se ha conformado, que es iniciativa de otros y que está a consideración de la Presidencia de la República?
Menos de una semana después de las reuniones entre representantes de la oposición y el gobierno, donde quedaron en seguir conversando sobre ese plan, uno que no estuvo en las reuniones invita a otros, y los otros aceptan.
Todo eso, en la semana que se publicó la primera encuesta del año, que muestra que el presidente perdió apoyo, pero sigue muy firme, con 56% de aprobación y apenas 23% de rechazo. Con tan poco rechazo, la crítica dura de la izquierda al gobierno queda asociada a expresiones minoritarias.
Mientras tanto, del lado del oficialismo, todos los días hubo alguien que declaraba que es inminente el anuncio de la vacuna; uno que se quedó con esa sensación luego de hablar con el presidente; otro que lo vio en su mirada, otro que hay datos avanzados para … otro que le parece que ahora sí, un continuado que afecta la credibilidad. El anuncio de contratos con Pfizer y Sinovac mejora mucho las cosas para el gobierno.
Nadie sabe cómo terminará la batalla contra el virus, pero la conducción del presidente está más en sintonía con lo que creen los uruguayos, que se debe permitir trabajar y moverse, aun cuando eso no sea la mejor forma de frenar contagios. La izquierda, que quiere estar con el sentimiento popular, parece alejarse de eso, y por ello tiene costo político, y además como el presidente aprovecha enredos del propio Frente para mostrase dialogante, cuando en realidad no quiere compartir plan ni conducción, todo eso complica más a la izquierda.
El Frente reacciona con enojo, y eso lo perjudica, por lo que -en corto o mediano plazo- solo podrá volver a sintonizar con la expresión popular, si el país va peor, si la economía no recupera, si la pobreza se generaliza, si el covid-19 se propaga sin freno. No es que lo desee (el mal), es que lo precisa (para que su discurso empalme con un nuevo sentimiento mayoritario, de desilusión con el plan de Lacalle Pou).
Tan complejo para la oposición todo eso, como para el gobierno el combate eficaz a la pandemia.