Una cantidad de cosas interesantes han ocurrido en las últimas semanas y, si las juntamos a la manera de Sherlock Holmes, nos hacen pensar seriamente.
Primero llegaron los comentarios deliberados de varios líderes chinos que expresaban el temor de que la cartera de activos del país asiático en dólares estadounidenses, de US$1 billón, estuviera en peligro por la pérdida de valor de la moneda a causa de un mal manejo fiscal en Washington y Nueva York. Los lectores podrán advertir que se hablaba de los activos estadounidenses de China, no de los del presidente Barack Obama.
La sola idea de que China pudiera poseer tal vasta cantidad de instrumentos financieros estadounidenses sería simplemente pasmosa para alguien como Harry Truman, y bastante absurda para Ronald Reagan. Pero así es.
Después (no estoy seguro si estos acontecimientos ocurrieron en orden cronológico, pero eso importa menos que su coincidencia) hubo una recomendación de un grupo de estudio de las Naciones Unidas sobre el mejoramiento de la estabilidad financiera global mediante un cuidadoso alejamiento de la actual dependencia anárquica del dólar como banco de último recurso, y la adopción de una cesta de monedas que contenga las reservas mundiales de efectivo y otros activos.
Menos dólares, entonces, y más euros, yenes, yuanes, libras, francos suizos, etc., y que sus participaciones en la cesta reflejen aproximadamente su fortaleza económica.
Prestar atención
En medio de la furia del público y los legisladores por las bonificaciones de American International Group Inc., el asunto recibió poca atención de los medios estadounidenses, aparte de breves titulares chauvinistas como “Cuerpo de la ONU dice desechen el dólar”. Esto muestra hasta qué punto ha caído nuestro discurso político.
Debemos apuntar que tanto en los medios rusos como en los chinos -ninguno de ellos exactamente libre de una o dos sugerencias gubernamentales- un apartamiento del sistema dominado por el dólar es altamente recomendado. Unos cuantos Estados árabes que lucran con el petróleo se sentirían complacidos. Y también los franceses.
El tercer perro que ladra en la noche fue la noticia espectacular del mes pasado de que el Banco de la Reserva Federal de Nueva York (es decir, con instrucciones del jefe de la Fed, Ben Bernanke) compraría hasta US$300.000 millones de deuda gubernamental estadounidense y además aumentaría al doble sus adquisiciones de títulos residenciales de Fannie Mae y Freddie Mac a la enorme cifra de US$1,45 billones. No sorprende que el titular del Financial Times a la mañana siguiente fuera: “Plan de compras de la Fed deja estupefactos a los inversores”.
Ascenso y caída
Ahora bien, yo no soy un economista o banquero con formación profesional, simplemente soy un historiador de las razones por las cuales grandes potencias parecen haber surgido a lo largo del tiempo y luego colapsado indefectiblemente algunas generaciones más tarde. Pero mi parecer no científico es que si un Gobierno nacional en particular decide por un lado emitir cada vez más deuda del Tesoro, y por el otro hace que su banco nacional compre grandes cantidades de esta, corre un grave riesgo de asustar a los inversores respecto de su confiabilidad crediticia a largo plazo.
Parece en cierto modo un tiburón que se alimentara de sí mismo. O como esos personajes de timadores en una obra del siglo XVII de Ben Johnson (“Volpone” o “El alquimista”) que hacían promesas en el frente de una tienda mientras estafaban en el fondo del local. O como si Bonaparte comprara moneda napoleónica.
¡Cielos, parece casi al estilo de Madoff! Imagínese: si usted y yo pudiéramos emitir un préstamo para nuestro vecino, y luego proceder a comprarlo antes de que él pudiera sacar la billetera, ¿cuál sería con el tiempo su valor? ¿Qué -podría preguntarse el vecino- estábamos haciendo?
Estimaciones de déficit
Y ahora llega el cuarto elemento de la prueba. En marzo, la escrupulosa e independiente Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por su sigla en inglés) publicó, como se lo exige la ley, sus propias estimaciones de los déficits federales estadounidenses en los próximos años.
Todos esos pronósticos son solo eso, meras estimaciones. Pero este grupo de economistas y estadísticos cree que el endeudamiento estadounidense será mucho más alto que el previsto recientemente por la Casa Blanca. También cree que los déficits persistirán, cada vez más tiempo y cada vez más grandes, que cualesquiera estimaciones provenientes del propio nuevo Gobierno.
Intentemos, entonces, juntar las cuatro piezas. La CBO advierte que los déficits federales del país serán mucho mayores de lo pronosticado por la Casa Blanca, y que por tanto disminuirán las posibilidades de una recuperación económica. La Fed, sin embargo, planea tranquilizar a los mercados comprando hasta US$300.000 millones de deuda gubernamental, y aumentar al doble sus adquisiciones de títulos valores de Fannie Mae y Freddie Mac.
Altibajos del dólar
Mientras los operadores de Wall Street fueron fotografiados saltando de júbilo ante estas noticias, el dólar reanudó sus prolongados altibajos contra el euro y otras monedas. El grupo de expertos de la ONU, no motivado por la actual emergencia sino simplemente informando de modo profesional, recomienda pasar de un sistema financiero con una fuerte carga del dólar a otro que se base en una cesta de monedas; en esencia, propone poner fin gradualmente al mundo posterior a 1944 dominado por el dólar. Si tan solo fuéramos tan afortunados de deslizarnos hacia un nuevo sistema monetario más multipolar sin una terrible convulsión.
Mientras tanto, la simbólica pero decepcionante reunión del G-20 en Londres vino y se fue, proclamando solidaridad, dándole al Fondo Monetario Internacional los elementos estrechamente condicionados que los Gobiernos más ricos ya habían prometido y comprometiéndose a evitar el proteccionismo nacional, ¿verdad, señor Sarkozy?
Se mueve el terreno
Los que observamos estas ostentosas cumbres debemos estar agradecidos de que las declaraciones finales fueran tan armoniosas, tan llenas de promesa. Y el Señor sabe que esos 20 y más líderes mundiales estaban haciéndolo lo mejor que podían. Pero de alguna manera, todo parece una representación teatral. El proscenio, la panoplia, descansa sobre fundamentos cada vez menos sólidos.
¿Acaso no pueden sentirlo los lectores? Algo pasa aquí, en el mundo en general y en especial en la inclinación hacia Asia, que es mucho más importante que el aumento o la caída de una semana en los mercados, más importante que un repunte temporario en el índice Standard & Poor’s 500. Bajo la delgada corteza del actual sistema condescendiente con Wall Street, las fuerzas primarias se están moviendo. Esperemos que se muevan equilibradamente, y con cuidado.