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Dos dramas para una gran actriz

Alicia Alfonso, intérprete con más de 20 años en El Galpón, se luce con dos obras muy intensas:Horror en Coronel Suárez, de Gerardo Bergérez, y Tóxico, con dirección de Mario Ferreira

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08 de mayo de 2015 a las 18:52

Dos historias potentes sacuden hoy la cartelera de teatro montevideana. Las dos son realizadas en El Galpón y ambas están protagonizadas por una actriz que lleva más de 20 años en las tablas y que, sin embargo, quizás no resulte conocida para el público general. Se trata de Alicia Alfonso, quien en este momento brilla en el unipersonal Horror en Coronel Suárez, escrita y dirigida por Gerardo Begérez, así como en Tóxico, de la holandesa Lot Vekemans, con dirección de Mario Ferreira.

Alfonso se destaca en cada gesto, palabra y silencio al interpretar a una mujer que fue mantenida en cautiverio, en la primera obra, y a una madre que no logra procesar el dolor de la pérdida de un hijo, en la segunda. El público le responde aplaudiendo de pie y emocionándose en la sala.

Ganadora en 2010 del Florencio a mejor actriz de reparto por otro papel visceral como es el de Bárbara, la hija mayor en Agosto, interpretado en el cine por Julia Roberts, Alfonso transmite esa calidez y fragilidad que habita a sus personajes y que los hace empáticos.

“En Horror en Coronel Suárez hay gente que me grita ‘bravo’ desde la platea. Pero que te griten ‘gracias’, que haya venido una persona y se haya parado a abrazarme y saludarme es muy fuerte”, comenta Alfonso, de 52 años, en la cafetería del teatro, ese lugar por el que transita su vida desde que fuera alumna del Galpón en 1989 y miembro del elenco del teatro desde 1993.

“La primera vez que me pasó esto fui al camarín y me puse a llorar de emoción. También en las dos obras estamos en las salas chicas, lo que genera intimidad. En Horror en Coronel Suárez mirás al público, al que le hablás y preguntás: ‘¿Está bueno ver de vez en cuando que otro sufre más que uno, ¿no?’”.

Dar voz a otro

La obra de Begérez, joven actor y dramaturgo formado también por El Galpón, se inspiró en el caso real de Sonia Molina, una mujer que en 2012 fue mantenida durante tres meses en cautiverio y sometida a toda clase de abusos por un pastor y una periodista en la mencionada localidad bonaerense. Begérez unió con acierto y cadencia esta historia a las canciones de Edith Piaf, que Alfonso interpreta como vía de escape de la realidad que vive la protagonista, en un papel que le permite lucir su voz.

“En el escenario tengo la posibilidad de desdoblarme. Es como si le prestaras tu cuerpo y tu voz a otro. Yo canté profesionalmente un tiempo, pero me clavaba las uñas de los nervios. En las funciones tengo nervios, pero cuando empieza la obra me tranquilizo”, afirma la actriz, quien además está en dos obras infantiles, prepara una tercera y trabaja como administrativa en Socio Espectacular.

“Gerardo un día me dijo: ‘Soñé que estabas en el escenario cantando canciones de la Piaf’. Después me propuso hacer un proyecto entre nosotros. En octubre ya me sabía las canciones y arrancaron los ensayos”, agrega Alfonso, que no habla francés, pero tomó clases para ajustar la pronunciación.

La historia le remitió a la dictadura militar, en la que transcurrió su infancia, criada por una madre sola, y empañada por la pobreza. “Yo en 1973 tenía 10 años. Aunque en mi familia no vivimos el drama de los desaparecidos, igual lo viví cercano. Yo era una gurisa a la que mi mamá y mi abuela me mantenían muy aparte de todo y en ese momento fue como caer de una nube. Y Arlette (el personaje) fue torturada, violada, alimentada con comida de perro, le daban orina y esas cosas también la vivió la gente que estaba presa”.

Dolor y esperanza

Pese a que en su infancia ni soñaba con ser actriz y en su juventud estudió Astronomía, Humanidades y Ciencias Económicas, Alfonso se volcó en el teatro luego de un taller con Bebe Cerminara en Teatro Uno y de conocer El Galpón a través de su exmarido y padre de su hija Mariel, el actor Sergio Lazzo. Se inscribió a los 25 años. “Enseguida me sentí en mi salsa”, cuenta.

El desdoblamiento del que Alfonso habla es el que lleva cabo también en Tóxico, la obra en la que comparte cartel con su pareja, Massimo Tenuta, que narra la historia de un hombre y una mujer que se reencuentran tras diez años sin verse, luego de su separación, después de la muerte de un hijo.

“Él no la quería hacer porque es un actor que ha trabajado mucho la comedia. Me preguntaba: ‘¿Tenemos que hablar de esto?’. Después la leyó dos, tres veces y dijo: ‘Hay que hacerla’”, afirma quien se luce en el papel de una madre anclada en el dolor, como también lo hace Tenuta. En la puesta, además, se nota la mano de Ferreira, exdirector de la Comedia Nacional, con sus intérpretes.

“Hay quienes son grandes mentirosos e igual son grandes actores. No es mi caso. Yo lo vivo pero salgo porque no es mi realidad. Puedo disfrutar incluso de ese dolor y de lo que genera en el público. Con Tóxico la gente agradece eso. Siento que esta obra deja un poco de esperanza, de que en alguna medida se puede salir”, comenta la actriz, quien además de tener una hija de 28 años que sigue sus pasos, es madre de un adolescente de 14 que es baterista.

Vivir del y por el teatro

Pese a estar actuando en cuatro obras y a estar preparando otra, Alfonso no vive exclusivamente de la actuación y nunca ha podido hacerlo. No obstante, si tiene que destacar un aspecto que le llama la atención de la evolución de este arte en Uruguay en los últimos años es la enorme cantidad de gente que está haciendo teatro.

“Creo que estamos en un momento increíble, que también coincide con que en los últimos años se le ha dado más dinero al teatro. Eso genera que la gente joven piense que va a poder vivir de él y ese es un cambio enorme”, opina.

Con más de dos décadas trabajando en El Galpón y 18 en Socio Espectacular, Alfonso reconoce que tuvo intenciones de entrar en el último concurso de la Comedia Nacional: “Algunos compañeros me criticaron, pero era como la única posibilidad de decir: ‘Quizás los últimos años de mi vida vivo del teatro’. No era que quisiera irme de El Galpón. Sé que hubiera sufrido horrible. Esta es mi casa. Mis hijos se criaron acá adentro”.

“Hay una sensación de que sí se puede (vivir del teatro), pero yo no lo tengo muy claro. Porque dejo muchísima energía en Socio Espectacular. A la hora que la gente se va a descansar yo vengo a ensayar y a hacer las funciones. Yo estuve tres meses en Holanda haciendo María de Buenos Aires y no entendían. Pero el teatro es mi vida. Está todo bien con dar entradas de fútbol en Socio Espectacular cuando hay partidos, pero si mi vida fuera eso, me muero”.

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