29 de noviembre de 2011 14:45 hs

El problema no es el qué sino el cómo. El problema no es que el presidente quiera beneficiar a los sectores de menores ingresos y darle un sesgo más redistribucionista a las políticas de gobierno. Al fin y al cabo, se trata de un gobierno de izquierda. Y eso hace a su definición.

El problema no es que el presidente quiera rebajar cinco puntos de IVA a los hogares más pobres. El problema está en el cómo. En querer echar por tierra la promesa electoral de reducir dos puntos a toda la población, el programa del Frente Amplio y el trabajo de los principales conductores de la política económica.

Si bien Danilo Astori logró que el presidente diera marcha atrás, el episodio puso en evidencia una división mal resuelta en el corazón del equipo económico. Hay, por un lado, una línea de pensamiento ortodoxa, que entiende la estabilidad macroeconómica como un principio básico para el crecimiento sostenible, que sabe que las reglas de juego claras y duraderas son un requisito para la inversión generadora de empleo, y entiende que no hay manera de asegurar una economía más equitativa renegando del mercado y sus agentes. Pero hay también una línea pragmática, de corto plazo, que apuesta por el Estado y desconfía de los mecanismos del mercado. Que busca transformaciones estructurales sin miedo a los desequilibrios y a la pérdida de confianza en el sector empresarial. Una línea más a la izquierda que va ganando peso en el gobierno.

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No es novedad. Las diferencias salieron a la luz durante la discusión en torno al uso de las reservas para el financiamiento de infraestructura, en el impuesto a la concentración de la tierra, o el dilema entre el combate a la inflación y el refuerzo a la competitividad.

Con el presidente tirando de un lado y el número dos del otro, puede llegar un momento en que la cuerda se rompa. El nudo más débil es el ministro de Economía, Fernando Lorenzo. Fueron él y su equipo quienes redactaron el proyecto de ley que hasta ayer descansaba en un cajón de Presidencia, quien fue desautorizado por el mandatario meses después de recibir su apoyo.

El ministro ya no tiene la última palabra en la conducción económica. Y no merece que así sea. El día en que Lorenzo se harte –si ese día llega–, el presidente tendrá vía libre para sacar de las sombras al equipo alternativo que hoy comparte el poder en los hechos. Si Lorenzo entrega las armas en esta guerra de desgaste, el giro a la izquierda parece inevitable.

En momentos en que la crisis se extiende por Europa y amenaza con colarse en la región y en la economía uruguaya, la certidumbre es el principal activo que puede mantener a Uruguay al resguardo. Mujica debe dar el brazo a torcer y honrar las promesas. No solo en el IVA. No es momento para improvisar.

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