Opinión > EDITORIAL

Dos platos de sopa K

Lo que pasó en las elecciones argentinas deben dejar una clara enseñanza de cara a lo que se viene 

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13 de agosto de 2019 a las 05:00

La descomunal votación de la oposición en Argentina debe servir de enseñanza y dejar lecciones para el futuro. No se puede gobernar de espaldas a la gente por más convincente que pueda sonar la política de laboratorio llevada a cabo. Tampoco se puede desestimar el malestar de los ciudadanos que votan.

La contundente victoria de las fuerzas peronistas en Argentina son una señal inequívoca de que además de decir y publicitar de que eres un buen gobernante hay que serlo en los hechos, y la gente tiene que apreciarlo en su día a día. La realidad se puede maquillar un poco, pero al final aparece siempre tal cual es.

Luego de que el mundo entero vio la forma cómo hundieron la economía del país, arrollaron la institucionalidad y llevaron la corrupción de gran escala a niveles estratosféricos, puede resultar increíble la votación de la fórmula integrada por Alberto Fernández y la expresidenta Cristina Fernandez de Kirchner en las PASO.

La inesperada paliza electoral que se llevó Mauricio Macri no estaba en las predicciones de nadie. Ni siquiera entre los más avezados analistas kirchneristas. Nada del pasado K –ni siquiera el cuco de la dictadura venezolana– parece haberle importado al pueblo argentino a la hora de decirle a Macri y a su forma de gobernar y comunicar que no lo quieren.

El pueblo argentino eligió libremente no tener memoria corta y focalizar en el presente que incluye las billeteras flacas y que no alcanzan las monedas para llegar a fin de mes. Cuando lo que acucia es el diario vivir y los gobernantes están en otro canal, no hay estrategia electoral que pueda convencer a alguien de que no es necesario cambiar.

La noche del domingo 11 de agosto en Argentina fue sintomática: el presidente asumía la derrota y trataba de calmar los mercados, manifestando una gran preocupación por las señales que su país enviaba al mundo financiero; mientras tanto Cristina Fernández desde Río Gallegos decía a los argentinos que debían recuperar la felicidad y de la necesidad de poder comer todos los días.  Lo mismo su hijo Máximo.

El presidente asustado –y con razón– por la estabilidad de los mercados; la oposición por el diario vivir de los ciudadanos que nunca entendieron y mucho menos compartieron la política que planteó Macri.

La microsegmentación, la utilización de big data y las estrategias de campañas digitales diciéndoles a los argentinos lo que querían oír pudo servir hace cuatro años para ganar las elecciones, pero no le sirvieron a Macri para entender a la clase media y trabajadora que le dio su apoyo En ese sentido el PRO fue un modelo exitoso para triunfar en las urnas, pero malo para gobernar.  
La política es mucho más noble y compleja. Para ejercerla bien lo mínimo que hay que hacer es saber escuchar y actuar con sentido común. El resto es opinable hasta que la libertad se expresa en las urnas con el voto sagrado.

“Algunos mensajes de la sociedad, especialmente de la sociedad ligados a los sectores de las capas medias, los trabajadores, los sectores urbanos, habrá que evaluarlos. Pero habrá que actuar con responsabilidad. No se puede hacer ningún tipo de locura”, sostuvo el candidato a vicepresidente de Juntos por el Cambio, Miguel Ángel Pichetto. Uruguay, casi tanto como los argentinos, desea que así sea. 

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