Recortes de gastos en educación, una huelga general, manifestaciones a favor, varios fracasos en el Parlamento y una pérdida de popularidad marcaron los primeros seis meses del ultraderechista Jair Bolsonaro al frente del Ejecutivo brasileño.
Recortes de gastos en educación, una huelga general, manifestaciones a favor, varios fracasos en el Parlamento y una pérdida de popularidad marcaron los primeros seis meses del ultraderechista Jair Bolsonaro al frente del Ejecutivo brasileño.
Bolsonaro, exmilitar de 63 años que ya era conocido por sus declaraciones machistas, racistas y homofóbicas, asumió el poder el pasado 1° de enero tras ganar con un 55% de votos en la segunda vuelta de las elecciones frente al entonces candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad. Su campaña se caracterizó por el uso de noticias falsas a través de las redes sociales e incluso actitudes antidemocráticas, lo que despertó numerosas críticas, pero no le impidió lograr la victoria.
Alguna de las polémicas promesas que realizó durante su campaña se derrumbó en estos últimos meses, como ocurrió con el decreto de flexibilización del porte de armas, que fue anulado por el Senado el pasado 18 de junio. Esto supuso un duro golpe para el mandatario, ya que la seguridad es uno de los pilares en los que se apoya su política, junto con la economía y la educación.
En materia económica parece que la situación tampoco es muy favorable al gobierno del ultraconservador. El Producto Interno Bruto (PIB) cayó 0,2% en el primer trimestre del año y se teme que ocurra lo mismo en el segundo, lo que supondría una nueva "recesión técnica".
Los recortes en educación le han costado a Bolsonaro una de las mayores manifestaciones desde que ocupó el cargo y miles de brasileños salieron a las calles de unas 200 ciudades para protestar contra esa reducción del gasto público en el sector.
La primera huelga general, convocada por los sindicatos brasileños, llegó el pasado 14 de junio. Precisamente los recortes en educación, además de la oposición a la reforma del sistema de jubilaciones, fueron los principales motivos del paro, al que se sumaron unos 45 millones de trabajadores de todo el país.
Todo ese mar de fondo se ha reflejado en los sondeos de opinión, en los que la imagen del gobernante ha caído en forma continua desde su investidura.
Según una reciente encuesta del instituto Ibope, la gestión del líder de la ultraderecha es aprobada por 32% de los brasileños, pero esa tasa se repite entre quienes la consideran "pésima" y los que le asignan apenas un "regular".
Una de las pocas alegrías económicas del actual gobierno brasileño vino de la mano del acuerdo de libre comercio alcanzado entre el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea el pasado viernes tras más de 20 años de negociaciones entre ambos bloques.
"¡Histórico! Nuestro equipo, liderado por el embajador Ernesto Araújo (ministro de Exteriores), acaba de cerrar el Acuerdo Mercosur-UE, que se estaba negociando, sin éxito, desde 1999", escribió el mandatario en su cuenta en Twitter, al tiempo que recordó que ahora los productos brasileños "tendrán acceso a ese enorme mercado".
En ese sentido, el Ejecutivo del gigante latinoamericano confía en que el acuerdo dará un enorme impulso a la economía del país, si bien se lograría a largo plazo.
(Con información de Efe)