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13 de septiembre de 2011 23:21 hs

Novak tuvo una temporada espectacular, mejor que las temporadas que por ahí tuvo el mejor Federer; hay que analizar y empezar a rezar a ver si está un poco cansado”. Con estas palabras el argentino Juan Mónaco expresó claramente lo que representa hoy Djokovic en la cancha y lo que despierta en un jugador que debe enfrentarlo. El serbio, número uno del mundo desde que alcanzó la final de Wimbledon este año, ganó el lunes el US Open y volvió a asombrar al mundo, si es que aún cabe asombro en la impresionante campaña que lleva a cabo: 10 títulos, tres de ellos Grand Slams, cinco Masters 1000, y un récord de 64 victorias y solo dos derrotas en su haber.

Con ese bagaje de gloria encima, una lesión en el hombro que lo obligó a abandonar en favor de Andy Murray el Masters de Cincinnati, y las sesiones de masajes a las que se tuvo que someter en el cuarto set de la final del Abierto de Estados Unidos, cualquiera podría imaginar que un descanso se impone en este momento. Pero en esto del tenis, los triunfos generan adicción. Y el hombre ya piensa en la Copa Davis donde el calendario marca que de viernes a domingo los espera, en Belgrado, Argentina por un lugar en la final.

La Davis es parte del secreto de la versión 2011 de Nole. El año pasado, tras perder las semifinales del Masters de Londres con Roger Federer, Djokovic guió a Serbia para ganar su primera Davis en la historia, y justo ante su clásico rival, Croacia. Después de los dos triunfos de singles de esa serie, Djokovic arrancó con 41 victorias seguidas su 2011. Cambio de cabeza.

Nole tiene 24 años, uno menos que Nadal y seis menos que Federer. Debutó en el circuito en 2003, con 16 años, despegó en 2006 al llegar a cuartos de final de Roland Garros y octavos en Wimbledon y es top 10 desde marzo de 2007. Pero la sombra de los monstruos Federer-Nadal le impidieron abordar el número uno hasta este año.

Nada es fruto de la casualidad. Djokovic cuidó hasta el más mínimo detalle. A fines del año pasado contrató al nutricionista Igor Cetojevic quien descubrió que era celíaco, es decir, que sufría de alergia al gluten, una proteína que se encuentra en la semilla de muchos cereales. Eso lo llevó a modificar su dieta prohibiéndole las pastas, la cerveza, el pan y la pizza. El arroz, el pollo y el sushi son ahora sus platos de cabecera. De su cambio físico también participó Gebhard Phil-Gritsch, ex PF de Thomas Muster y el fisioterapeuta Milan Amanovic.

Con esas ligeras modificaciones Djokovic se convirtió en una máquina capaz de jugar, y ganar, una final como la que disputó el lunes ante Nadal. Con ese triunfo le sacó al español 4.100 puntos en el ranking y esta temporada lleva ganados US$ 10:609.318 en premios. Merecidísmos.



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