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15 de mayo de 2018 10:26 hs

 

El 30 de julio de 1930, fecha de la primera final de una Copa del Mundo, el estadio Centenario fue escenario de una particular definición del título con dos protagonistas insólitos: un balón de origen uruguayo y otro 'Made in Argentina'.

 

La primera fase se jugó con la pelota visitante y en la segunda con la fabricada en casa.

Trece naciones se apuntaron a disputar el primer trofeo mundial de la FIFA. Al partido decisivo llegaron los dos representantes del Río de la Plata. Uruguay por aquellos días ostentaba el título del fútbol olímpico conseguido en Amsterdam 1928, luego del de 1924 en Colombes.

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El 30 de julio se dieron cita en el estadio Centenario 63.346 espectadores para asistir al encuentro conducido por el árbitro belga John Langenus.

Con el balón argentino rodando en el primer tiempo, la albiceleste ganaba de remontada por 2-1 con tantos de Carlos Peucelle y 'el Filtrador' Guillermo Stábile. Pablo Dorado había marcado temprano el de los locales.

Para el tiempo complementario, y ya con la pelota uruguaya en el césped, los celestes inclinaron la balanza de la mano, o mejor, con los zapatos de José Pedro Cea, Victoriano Iriarte y Héctor Castro.

Independiente de si tuvieron verdadera incidencia en el desarrollo del juego, la pelota de cada país tuvo sus 45 minutos de fama.

Un balón por tiempo, un ganador por tiempo. Así se comenzó a escribirse la historia del Mundial, que entre anécdotas llega a 88 años

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