Nacional > Análisis / Nelson Fernández

El Frente Amplio en la casa de Gran Hermano

Con expectativa en cuál es el próximo eliminado, debate de ideas y programa quedan de lado

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14 de julio de 2018 a las 05:00

Semana de preocupación para el comando político de Daniel Martínez; nunca tuvo el camino tan despejado para consolidar la candidatura presidencial, y a la vez nunca se vio tal enredo interno en el Frente Amplio, expuesto al electorado como en un show mediático al estilo de la casa de Gran Hermano.
Astori sin apoyo; Mujica, que la salud no lo deja, y los que tienen ganas no se animan para no exponerse a ser eliminados como en el reality show. Y mientras pasa el tiempo, es más difícil para consolidar una imagen desafiante al favorito de la interna frentista, en momentos en que la oposición tiende a concretar acuerdos (aunque no se vean).

El ministro de Trabajo logró los focos por unas horas, pero una cosa es que le "den para adelante" y otra que lo respalden con estructura y votos. Si Ernesto Murro llegara a ser candidato, lo que según sondeo entre dirigentes del Frente es poco probable, el astorismo reforzaría el apoyo a Martínez, otros grupos se sumarían al favorito, y el MPP se encaminaría a una nueva derrota; esta vez para apoyar a alguien que ni es de su grupo. Así razonan en el movimiento tupamaro.

Y para hacer algo así, es mejor ir con Carolina Cosse, que es del Espacio 609, y que en caso de derrota, se justifica con el argumento de haber dado batalla para que una mujer vaya en primer lugar y no solo como vice.

Por eso ya se anticipa una reunión de Pepe con Murro, repitiendo lo que pasó en la que Mujica tuvo con Astori: "Mi barra no te lleva" (además está la barrera constitucional por su excargo en el BPS).

¿Entonces quién o quiénes?

Cosse tiene argumentos para sumar MPP y PCU, que en una interna tienen peso: "¿Ustedes van a dejar que gane Martínez con orientación astorista o quieren alguien que defienda las empresas públicas y políticas de Estado para incentivar la producción nacional?".

Pero en el MPP no creen que pueda ganar.

La discusión en la izquierda, que se hace a través de medios de prensa y no en reuniones políticas de estrategia reservada, gira sobre nombres y no ideas, lo que para la izquierda tradicional es un pecado. La elección de un candidato no es solo con una estrategia de ganar, sino pensando en gobernar, y en para qué gobernar, para hacer qué.

En 1971, el candidato presidencial que se buscaba era con una imagen de independiente, persona respetada, que recogiera admiración y afecto. No importaba si tenía capacidad de gestión, porque no había chances de ganar.

En 1984 la candidatura fue simbólica, para poner a alguien en lugar del postulante proscripto.
Para 1989, la izquierda vivió un terremoto interno porque la propuesta de que el Frente reflejara sus dos corrientes de pensamiento con doble candidatura, era inaceptable para los que repetían la consigna de "un partido, un programa, un candidato".

***

Aquello era un diferencial ante blancos y colorados, que agrupaban propuestas programáticas contrapuestas y candidatos con perfiles diferentes, sumando bajo el paraguas de "la ley de lemas".

Para 1994, Tabaré Vázquez se convirtió en candidato único. Y después, el Frente Amplio terminó aceptando aquella propuesta de los ochenta que hacían la Lista 99 y el PDC: dos candidaturas, que reflejaran dos líneas ideológicas. Astori por los que quieren redistribuir riqueza sin alterar las bases del capitalismo, y Mujica, por los que persisten en recorrer el camino al socialismo.
Y la candidatura común surgía de las elecciones internas.

Para 2014, con un escenario que mostraba riesgo electoral para el Frente, la dirigencia fue a buscar a Tabaré a su casa del Prado y el 7 de agosto de 2013 anunció que se volvería a postular.

Ya en la última campaña electoral, al ver que Vázquez no tiene reelección y llegará con casi 80 años, que Astori tiene la misma edad, y que Mujica tendrá 85 años cuando asuma el próximo gobierno, todos comenzaron a proyectar los nombres de relevo.

El emergente fuerte era Raúl Sendic, que desde ANCAP y desde la fundación Propuesta Uruguay 2030, construyó una imagen de izquierda moderna, pero además como ahijado político de Pepe.
Por otro lado, empujaba Martínez, socialista de línea no ortodoxa, empeñado en repetir el camino de Tabaré: intendencia primero, Presidencia después.

Ambos se abrieron paso mediante popularidad y votos, ambos tuvieron experiencia en el Legislativo (diputado uno, senador el otro) y en lo ejecutivo (ANCAP, ministro de Industria). Y de alguna manera reflejaban las puntas de lanza de esas dos líneas de pensamiento. Martínez con la bandera del arco astorista-socialista, Sendic por el lado del MPP y asociados. Sendic tuvo su éxito en 2014 y Martínez en 2015.

O sea que el Frente Amplio iba a 2019 con dos posibilidades: una, la de postergar la renovación por entender que los líderes mantienen vigencia y están en condiciones (ir a la interna Astori versus Mujica), y otra la de concretar la transmisión de posta (Martínez versus Sendic).
Pero Sendic se cayó, y quedó Martínez.

Aunque no lo declaren públicamente, los dos líderes veteranos miran a su alrededor, incluso entre los que lucen más, y ven poca cosa. Uno ve que no hay un intelectual que deslumbre, otro siente que no hay un político que haga dos jugadas seguidas y adivine las posibles movidas del adversario.
Y para una elección que será difícil para el oficialismo, no solo sienten que tienen chance, sino que hasta sienten la obligación de postularse.

Astori la tiene difícil, porque hasta en su entorno creen que no es su tiempo.
Mujica pone nombres arriba de la mesa que sabe que no mueven la aguja y que de esa manera, todo le vuelve a él: si es para competir con Martínez, no hay otro como él.

***

Hasta el Congreso de diciembre, cuando el Frente Amplio habilite a sus precandidatos, podrá haber varios nombres sobre la mesa, pero los candidatos en serio (con chance de llegar a la Presidencia), no se inventan, no se crean en un laboratorio.

Mientras, la dirigencia reconoce que hay clima de indiferencia en la comisión que redacta el programa de gobierno y en la previa al 25 de agosto con jornada anual de los comités de base.

Síntomas de un Frente Amplio que está con problemas, más allá de encuestas desfavorables y de falta de candidatos alternativos con chance, lo que se reflejó en una "poroteada" que pretendió emular las busecas de los 80 entre líderes sectoriales (que eran reservadas), y terminó como un capítulo más de MasterChef, con móviles de TV en la vereda, en el que reprobaron la materia "cocina política". l

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