31 de agosto 2019 - 5:01hs

Ahora es “todo para mejorar”. Es el momento de “salir a la cancha”, sacudir la modorra, y jugar como ganadores. “Es más difícil perder que ganar”, es parte de conclusiones de las tantas reuniones de dirigentes frenteamplistas de la semana, luego de analizar el contexto político-electoral.

Perciben que el entusiasmo comienza a despertar, que concluye el tiempo de tejer acuerdos internos y definir listas, y que hay un viento que sopla diferente.

Esos razonamientos que transmiten dirigentes de varios sectores se chocan de frente con la presentación que tuvieron el lunes 26 de la última encuesta contratada por el propio Frente Amplio, pero eso parece no pesar demasiado.

“¿No te parece que eso está mal medido?”.“Ojo con guiarnos por encuestas y caer en desánimo, que las encuestadoras vienen errando en todos lados”.
“En Argentina decían que Macri sería reelecto y mirá lo que pasó”.
Esos son comentarios textuales luego del encuentro de comando del lunes en La Huella de Seregni y reflejan un sentimiento que impregna las conversaciones a la interna de la izquierda: convencerse de que “no está tan mal” el escenario, que hay un “voto escondido” que en las urnas irá por el Frente, que la gente trabajadora y también la clase media, “no pueden votar contra sus intereses”; que el espejo de la Argentina muestra con crudeza lo que pasa si se apuesta “a un cambio a la derecha”.

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Esto no es unánime en la coalición que gobierna desde 2005, pero está bastante generalizado.

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¿Qué argumentan para defender esa visión esperanzadora?
En primer lugar, consideran que no tienen un adversario de fuste como para dar un batacazo, sino que el líder de la oposición es un político hábil para sumar votos pero que no tiene solvencia técnica ni capacidad política que compense cierto nivel de “rechazo popular”.

En segundo lugar, asumen que el candidato colorado se ha “disfrazado” de progresista y ha logrado captar votantes que no son de derecha, incluso ex frentistas, pero que no es buen político para rematar en la recta final de la campaña, y que es vulnerable a una estrategia de desnudar su condición de “hombre de derecha” y “neoliberal”. Que “no aguanta esa pose” hasta el 27/10.

En tercer lugar, les cuesta explicar el crecimiento inédito de un candidato de partido nuevo, pero perciben que hoy “tiene una espuma” de intención de voto que al acercarse a la elección, bajará a un nivel menor, y que Mujica en la cancha puede recuperar la confianza de gente humilde que sin un líder visible para su gusto, se ha tentado con un general que defiende austeridad, que se muestra sensible a los más débiles y tiene un discurso contra “centros de poder”.

En cuarto lugar entienden que el gobierno ha tenido “mala comunicación”, que no ha sabido destacar logros, ni “visibilizar” una gestión con obras concretas en lugares que habían estado olvidadas en épocas de gobiernos colorado-blancos. Y citan muchos casos de “obras de impacto social”, como un liceo nuevo y un centro deportivo para Empalme Olmos, entre otros muchos. “Hay tiempo para mostrar lo hecho; los de ahí lo conocen pero no otros que compran la versión de gobierno ausente”: otra frase post-comando del lunes.

En quinto lugar, el acto de la OPP con la participación de la secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena, fue otro empujón a ese entusiasmo. “¿Viste lo que dijo? Si lo dice una extranjera, cabeza de un organismo internacional, ¿cómo no vamos a poder explicarlo nosotros a los frentistas desencantados? ¡Hay que mostrar esos reconocimientos!”. Bárcena había elogiado con énfasis a Uruguay por logros en “energía limpia”, en reducción de la pobreza y la indigencia. “Este país es el más igualitario de la región”, dijo la mexicana que lidera ese organismo de la ONU. Y lo más fuerte del mensaje fue: “Quiero decirles a ustedes, uruguayos, que deben sentirse orgullosos de este país, pues uno llega aquí y siente que el mundo no se va a acabar”.

También se habla del desprestigio de la derecha de Brasil, que Paraguay entró en problemas económicos, que el hallazgo de restos de un desaparecido remueve fibra, que la entereza del presidente debe ser motivo de reconocimiento …

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La jornada del Día del Comité de Base sirvió para que algunos dirigentes advirtieran a los militantes que se precisa un esfuerzo extra para recuperar posiciones, pero no fue porque perciben una luz amarilla sobre riesgo electoral. Quieren sacudir la estructura.

En medio de eso, la fractura del Frente Líber Seregni, que quedó expuesta esta semana pero estaba dada de hecho hace tiempo largo, no fue percibida como un problema adicional sino como la forma de terminar de procesar realineamientos. 

Astori nunca logró (o ni intentó) que esa corriente de pensamiento cristalizara en un movimiento con estructura y funcionamiento orgánico, por lo que al ser desafiados por dirigentes que armaron “rancho aparte”, la ruptura de vínculos se dio por la vía de los hechos.

El acuerdo Michelini-Darío no es el motivo del quiebre, sino una excusa para el divorcio.

La pérdida de popularidad de Astori tiene más efecto en los hechos, que lo que puede generar la asociación con el diputado rebelde de San Carlos. Sólo 26% del electorado expresa simpatía por el ministro de Economía, y 52% manifiesta antipatía. Ya hace meses que varios “ex bolches” que estaban en el FLS a través de AP-738, en la propia AU-2121, o sueltos, habían visto que Mario Bergara era el indicado para tomar la posta.

Por eso, en corrillos seregnistas vieron este quiebre cono necesario y positivo: el Frente recupera balance interno y con un ala de centro-izquierda más adecuado al 2019 para recuperar votantes de esa franja.

Eso no significa que ignoren dificultades para mejorar.

El análisis frío de la nueva encuesta mostró que no alcanza con captar indecisos y es necesario quitar electores a otros partidos.

El cuadro titulado “Matriz de Voto” mostró a la dirigencia frentista una realidad cruda: han perdido votos hacia otros partidos pero no han ganado casi ninguno que haya sufragado por blancos o colorados.

La “trazabilidad” del voto muestra que hay gente que votó al Frente y ahora lo hace por un partido de oposición, pero no hay gente que haya votado a blancos o colorados y ahora lo haga por la izquierda.

Los movimientos de intención de voto se dan entre los partidos de oposición, mientras el Frente está estancado. Lo que parece sólido es el voto opositor, pero eso es en encuestas, no en lo que ven los dirigentes del oficialismo.

Los datos de opinión pública le son adversos, la evolución de la economía y fundamentalmente del empleo, así como la persistencia de inseguridad le complican más, pero la dirigencia de izquierda siente que “el elefante” frenteamplista comienza a moverse y por eso se convencen que están más cerca de ganar que de perder. 

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Frente Amplio elecciones Decisión 2019 Member Daniel Martínez

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