El helicóptero de la presidente Cristina Fernández de Kirchner, se posó ayer al mediodía en el césped del estadio de Progreso. Esperándola, puntualmente, estaba el presidente José Mujica. Ambos se saludaron con un abrazo como lo hacen los viejos amigos, subieron a un auto –fue uno de los pocos momentos en que estuvieron a solas unos minutos– y llegaron a la refinería de La Teja, donde en un acto, con tintes de fiesta, se inauguró la planta desulfurizadora.
Esa obra, que Cristina Fernández en un desliz adjudicó a su país, implicó una inversión para ANCAP de US$ 360 millones con lo que aggiornará a la compañía y eliminará emisiones diarias por 34 toneladas de azufre.
El gobierno de Montevideo la condecoró, y el central dio nuevas señales de acercamiento a pesar de los desencuentros que marcaron la relación. Ahora, la firma de un acuerdo para que Argentina compre gas regasificado a Uruguay, alentó nuevamente las esperanzas de un mejor vínculo.
Fue un acto distinto. Había dos presidentes –Cristina se refirió a Mujica como su amigo Pepe– para una obra que pagó una empresa uruguaya y realizó una argentina, lo que políticamente se entendió como parte del proceso de integración. El gobierno, que tiene varios temas pendientes de resolución con Argentina, expresó que hay que ver al vecino como un aliado con el que se va a tener diferencias. Fuentes oficiales consultadas por El Observador, esperan que lo de ayer sirva para relanzar la relación.
“No podemos pelearnos entre nosotros”, dijo Mujica. “No podemos negociar separados con el resto del mundo”. “No es sencillo pero es absolutamente imprescindible y necesario para ser, algún día, alguien en el concierto internacional”, afirmó.
“Los conflictos de puerto son inevitables. Así nacimos. Pero los conflictos se negocian, se sigue para adelante. Las diferencias no pueden llevarnos al camino de la obturación y de no entender que tenemos un patrimonio de intereses comunes”, dijo el presidente. Mujica adjudicó a los tiempos preelectorales las críticas que recibe donde se dicen cosas “oportunistas y lamentables” por el relacionamiento con Argentina.
El de ayer también fue un acto distinto porque la refinería fue bautizada por el gobierno del Frente Amplio con el nombre de un colorado: Eduardo Acevedo Vázquez, elogiado en sus discursos por Mujica y Raúl Sendic, presidente de ANCAP.
Acevedo Vázquez fue argentino de nacimiento, rector de la Universidad, ministro de industria y el primer presidente que tuvo la petrolera estatal. Ocupó ese cargo durante dos años porque devino el golpe de Estado de Gabriel Terra (1933) y no dudó a sus 75 años de edad en ir a la casa del presidente Baltasar Brum para defender la democracia con las armas, dijo Sendic.
Fue un acto distinto porque en la gigantesca carpa adornada en blanco, había jóvenes de La Cámpora –grupo político que apoya al gobierno K– que con cánticos y aplausos al estilo de hinchas de fútbol animaban la reunión.
Fue un acto distinto, donde el reclamo para abrir el mercado, no provino del gobierno sino del representante del PIT CNT, Marcelo Abdala, quien desde el estrado le dijo a la presidenta si podía llamarla Cristina, “porque es más bonita que cuando la ve en televisión”. Cristina a su turno agradeció el piropo. Abdala le dijo a la mandataria que cuando hay dificultades para exportar a Argentina “se fortalece la derecha y el capital financiero” donde algunos tienen la idea de ponerle a Uruguay “un motor fuera de borda y sacarlo de la región”.
Fue un acto distinto, porque estaba gran parte del gobierno, había ministros, embajadores, jerarcas de empresas públicas y legisladores, aunque también fue notoria la ausencia de los líderes de la oposición. Solo estaban el intendente Walter Zimmer de Colonia y el diputado nacionalista, Alvaro Delgado, que se levantó cuando la intendente Ana Olivera le entregó las llaves de la ciudad a la mandataria argentina.
El presidente Mujica no dejó pasar por alto la ausencia de los líderes opositores. Fue en ese momento de su discurso cuando levantó la voz: “Hubiera querido de todo corazón que el sistema político entero de Uruguay estuviera aquí y se diera cuenta que ésta refinería no es para la izquierda ni para la derecha, es del pueblo uruguayo. No la hizo este gobierno, no la hizo el otro”, afirmó Mujica. Sendic comentó luego a El Observador que seguramente los líderes de la oposición “tendrían algo más importante que hacer” y destacó que los directores blancos y colorados de ANCAP estaban presentes. Para Sendic la nueva planta “es uno de los hitos más importantes del período de gobierno”.
Mujica dedicó la parte final de su oratoria a la integración. Afirmó que “no es una cuestión de izquierda, de derecha o de centro. Se trata de ser o no ser” afirmó. El presidente está convencido que en el mundo de hoy “los débiles deben juntarse con sus iguales para ser alguien en la balanza mundial,. Esto hay que entenderlo”, afirmó.
Mujica agradeció a Cristina que haya venido y recordó al fallecido Hugo Chávez.
Los presidentes salieron juntos, se reunieron unos minutos, y los militantes de La Cámpora se acercaron para cantarles nuevamente. Menos de tres horas después de haber llegado, la mandataria partió en helicóptero rumbo a Buenos Aires.