Ahí está Luis poniendo el cuerpo otra vez. Un defensa lo toma de la cintura pero no puede evitar que gire y encare. Se enoja, discute con el juez o el línea en una faceta conocida.
Ahí va Luis a saltar una vez más en procura de la pelota rodeado de rivales que intentan neutralizarlo. Pero no pueden y mete otro toque certero para un compañero que queda con el arco de frente.
Y finalmente la felicidad propia. Tanta generosidad merecía recompensa Luis. Dos goles para meter a Uruguay en la final de la Copa América 11 años después.
Lo que es el destino. Luis Suárez recién había nacido en 1987 cuando la celeste jugaba aquel partido contra Chile que le reportó quedarse con el campeonato en el Estadio Monumental de Núñez. Más de una década después el delantero de Liverpool está a 90 minutos de quedar en la historia.
Uruguay pasó el campeonato entero esperando el gol de Diego Forlán. No hay nada que despierte más interés en el país que el 10 rompa la malaria. Sin embargo, Luis Suárez sacó la cara por todos. La noche del juego contra los peruanos el Maestro no arriesgó más y a la media hora lo sacó porque tenía amarilla. Cuando Luis caminó los pasos que lo separaban de la raya de cal, la gente se puso de pie en el Único de La Plata para brindarle un caluroso aplauso. A fuerza de voluntad, de entrega, sacrificio, goles, la mano famosa del Mundial y generosidad, Suárez se ganó un lugar en el corazón de los uruguayos.
La gestión del jugador de Liverpool de Inglaterra no pasa desapercibida. A simple vista es una realidad. A juzgar por los medios de prensa no hay dos opiniones. La cancha es la que habla y ahí adentro Luis se transformó en el jugador de la Copa. No tiene discusión. Nadie es capaz de pelearle y ya no hablemos de sacarle la corona.
Los argentinos fueron a ver a Messi y terminaron padeciendo a Suárez, del que hablan maravillas. “Uh, viejo, como juega ese nueve que tienen”, te dice el tachero mientras te pasea sin piedad por la city porteña. Ni hablemos de los periodistas de todas las cadenas de televisión que no se cansan de elogiarlo.
Los brasileños esperaban y soñaban con la aparición de Neymar que se preocupó más por promocionar el cuidado de su pelo que de jugar. Y terminaron rendidos ante la fortaleza física de un Suárez que arrastra a los defensas.
Los chilenos se desvivieron con Alexis Sánchez, el niño maravilla. Hablaban de su venta a Barcelona, que vale tanto dinero, que es un fenómeno. Pero tendrá que mirar por TV a Suárez en la final.
Pero no solo afuera lo miran al uruguayo. Por casa también surgen palabras que endulzan el oído. Forlán no escatimó elogios para su compañero de ofensiva: “Luis está en un momento espectacular.
Nos llevamos muy bien y lo tenemos que aprovechar. Es uno de los mejores del mundo”, expresó el rubio pese a que muchas veces le reprocha pidiendo: “Tirame una”.
El Loco Abreu lo disfruta y lo padece: “Con estos monstruos es difícil para entrar. Cuando Luisito apareció recuerdo que le dije en tono de broma al Gaby Álvez: ‘Mirá que a este si lo dejamos jugar, nosotros no entramos más’. Es un orgullo su crecimiento porque, en el buen sentido, me sentí como su padre futbolístico”.
Y el técnico Tabárez comentó: “Nosotros tenemos en ofensiva a tres hombres con los cuales, sin ánimo de pecar de soberbia, no tenemos que envidiarle nada a nadie”.
En el partido contra Perú el delantero de Liverpool fue votado como el mejor del partido. Y al ritmo que va será premiado como el mejor del campeonato.
El mundo estaba dispuesto a mirar a Messi, Neymar y Alexis Sánchez, pero terminaron todos rendidos a los pies de Suárez, el jugador de la Copa.