El "relato kirchnerista" está preparando un nuevo capítulo: la cancelación del Boden 2012. Lejos de tratarse de un mero trámite financiero que solo concierne a aquellos inversores y traders vinculados al mercado de capitales, este pago es presentado como un verdadero hito en la cadena de batallas épicas en las que se inscriben hechos como la reestatización del sistema jubilatorio o la expropiación de la petrolera YPF.
Ocurre que el Boden no es un título cualquiera, sino que es un papel surgido de la peor crisis financiera de la ya de por sí agitada vida económica argentina. Es el papel que los ahorristas que habían quedado atrapados en el "corralito" recibieron en lugar de sus dólares.
Por este motivo, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner suele referirse a esta obligación financiera como una pesada mochila heredada desde la "etapa neoliberal" que basó su crecimiento en un endeudamiento insostenible para el sistema financiero.
El próximo viernes se paga la última cuota, de US$ 2.300 millones, una cifra que no es tan impresionante para lo que ha sido la historia financiera argentina, pero que sí resulta pesada en el momento actual, cuando el país sufre la escasez de divisas y, además, no cuenta con acceso al mercado internacional de crédito.
Los rumores respecto de que el gobierno no podría hacer frente a su obligación y que cancelaría este bono en pesos argentinos (al tipo de cambio oficial) corrieron desde el mismo momento en que se impusieron las restricciones en el mercado de cambios. Ello obligó a los funcionarios, incluyendo a la propia presidenta, a aclarar en repetidas ocasiones que el pago sería honrado en la moneda estadounidense.
El gobierno se ha encargado de generar expectativa en el sentido de que este pago implicará un punto de inflexión.
Desde hace varias semana, el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, viene realizando una curiosa cuenta regresiva en su cuenta de Twitter. Va contando los días que faltan para "la independencia económica" y, por cierto, el día cero es el viernes 3 de agosto.
"A los que hoy hablan, que fueron los que nos llevaron a eso, les queremos recordar que este no es el pago de un bono, un evento que queda en el mercado financiero y que rápidamente pasa de largo, lo queremos poner rápidamente como un hito que nos permita recordar por qué estamos pagando para devolverle los ahorros a la gente que fue defraudada en el año 2002", dijo Lorenzino, como respuesta a los críticos de la política oficial.
Cristina Fernández de Kirchner hablará la noche anterior en el acto anual de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, donde se aguarda que haga anuncios respecto de la política financiera del país.
Y para el día del pago, se prevé otra puesta en escena como la de los grandes actos kirchneristas.
Un mercado ansioso
Mientras tanto, en el mercado hay varias dudas sobre cómo seguirá la historia. Para empezar, cuál será el destino de esos US$ 2.300 millones que saldrán de las reservas del Banco Central y pasarán a manos de los acreedores.
Se estima que, después de todos estos años, son pocos los tenedores originales que retienen los bonos, por lo que 75% podría estar en manos de fondos del exterior, y probablemente abandonarían el país.
El resto quedará en el país, pero seguramente no en el sistema bancario, debido a las dudas todavía existentes acerca de hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno en su celo por controlar el mercado cambiario.
En los últimos meses, a medida que empezó a quedar en claro que sí se haría el pago en dólares, el Boden 12 empezó a ser visto como un vehículo para obtener dólares al precio oficial.
Tanto que en el mercado secundario su cotización subió aceleradamente desde que se cerró el mercado cambiario y acumula 45% de suba en el año. La demanda por este bono llegó al punto que cotiza por sobre su valor nominal (al tipo de cambio oficial) aproximadamente 33%, en línea con la brecha cambiaria con el dólar paralelo.
Y la gran duda es si quienes cobren este dinero y no lo saquen del país preferirán atesorar los dólares o si, por el contrario, los venderán en el mercado paralelo, lo que implicaría una presión a la baja en el precio del "blue" y un alivio para el complicado frente cambiario.
De momento, los economistas creen que primará la cautela antes que la codicia.
"Como la percepción de la gente es que existe el riesgo de que en algún momento se establezcan restricciones para los retiros de divisas formales de los bancos, solo algunos pocos ahorristas dejarán esos dólares en alguna cuenta bancaria", señala Jorge Colina, economista jefe de la fundación Idesa.
Después del pago, las reservas del Banco Central quedarán en unos US$ 44.400 millones, un valor bajo si se lo compara con el pico de US$ 60.000 millones que llegó a tener en 2010. El gobierno, sobre la base de un fuerte cierre comercial y con la prohibición de comprar dólares a los particulares, ha logrado frenar la sangría de divisas.
Y, aun cuando se prevé que 2013 sea un buen año para el campo -el principal proveedor de dólares-, todavía hay mucha presión sobre la caja del Central, que en lo que va del año ya tuvo que asistir al fisco en unos US$ 9.300 millones.