Dólar
Compra 37,20 Venta 39,70
13 de junio de 2011 20:11 hs

Ese chico debe ir a jugar a la NBA”. Lo dijo Charles Barkley. Era 1997 y algunas estrellas de la NBA andaban de gira por Europa en el Nike Hoop Heroes. En uno de esos partidos de exhibición apareció un tal Dirk Nowitzki del alemán DJK Würzburg. Y con la recomendación de Barkley en la mano, en 1999 desembarcó en la mejor liga de básquetbol mundial.


Desde entonces, Nowitzki se transformó en un jugador de referencia en la NBA. Fue el jugador más valioso de la temporada 2006-2007, disputó ocho veces el Juego de las Estrellas e integró en cinco ocasiones el quinteto ideal.


Su franquicia, Dallas Mavericks, se convirtió desde su llegada en un equipo de playoffs, instancia a la que no faltan desde 2000-2001 y que no jugaban desde 1989-1990.
Pero todas esas distinciones, cuando se pasa la raya del balance, pueden sonar a poco cuando no se sale campeón. El domingo Nowitzki lo fue con Dallas. O mejor dicho, Dallas lo fue gracias al alemán.


Su actuación personal en la serie del equipo propiedad de Mark Cuban fue determinante para sellar el 4-2 ante Miami Heat con Dwayne Wade y LeBron James opacados por su talento.
Pero el nacido en Wurzburgo no solo asombró por sus movimientos atléticos que vienen en un envase de 2,13 metros ni por la precisión quirúrgica de su muñeca, sino también por su temple anímico para sobreponerse ante adversidades físicas.


En el final del primer partido, que ganó Miami, el alemán se lesionó el dedo mayor de la mano izquierda. Jugó el resto de la serie con el dedo entablillado. El cuarto encuentro lo disputó con 38 grados de fiebre producto de una infección en la nariz.


Tras ese partido, Wade se burló de él en una sesión de entrenamiento de libres donde se la pasó tosiendo mientras las cámaras lo grababan.


Nowitzki dijo que sus burlas fueron “infantiles e ignorantes”, pero se encargó de responder en la cancha. Ahí promedió 26 puntos y 10 rebotes para transformarse en el MVP de las finales.
Es el quinto extranjero en lograr semejante distinción tras las de Hakeem Olajuwon (Nigeria), Tim Duncan (Islas Vírgenes), ambos nacionalizados estadounidenses, y el francés Tony Parker.


Este anillo le calza perfecto a un puro talento de 32 años que se quedó en la puerta en 2006 –justo ante Miami– y que dejará para la historia ese cuarto partido (86-83) donde faltaban 7’ y perdían por 15 y lo terminaron ganando con 10 de sus 21 puntos en ese período.

EO Clips

Más noticias de Referí

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos