Desde agosto, el precio del maíz sigue sumando semanas de subas. Lidera el envión en los precios de los granos, arrastrando con su suba al trigo, soja, sorgo, carne y lácteos, y se aproxima a los picos de la década pasada. El grano valía menos de US$ 150 por tonelada en la primera posición hace un año y ahora supera los US$ 300.
Y el clima puede catapultarlo más, dado que una “doble sequía” afecta a Estados Unidos y Brasil. La falta de agua amenaza a la zona maicera de Estados Unidos y ya ha causado daños irreversibles en el maíz safrinha o de segunda cosecha en Brasil. Esto genera un segundo semestre promisorio para los productores uruguayos, a pesar de los magros rendimientos que se han logrado en 2020/2021.
La preocupación por la oferta mundial, fundamentalmente por la sequía que afecta la segunda cosecha de maíz en Brasil, llevó a los futuros del maíz en la Bolsa de Chicago a su precio más alto desde marzo de 2013, superando los US$ 300 por tonelada, 150% más que hace un año –US$ 122/ton–.
La cosecha safrinha de maíz de Brasil pierde por ahora entre cinco y 10 millones de toneladas. Y la consultora brasileña Safras & Mercado duplica las pérdidas estimadas a 10 millones de toneladas: redujo de 80,69 a 70,79 millones de toneladas su previsión sobre el volumen de la segunda cosecha de maíz y de 112,80 a 104,14 millones el cálculo total de la producción 2020/2021.
En su informe de mayo, el Departamento de Agricultura de Estados unidos (USDA) planteó una fuerte reducción de la producción brasileña, que de 108 cae a 102 millones en la nueva proyección.
Eso genera un segundo semestre en el que posiblemente las gigantescas avícolas y empresas de cerdos de Brasil –el segundo exportador más grande del mundo– deberán abastecerse con el maíz argentino y estadounidense debido a que el gobierno de Jair Bolsonaro removió de manera temporal los aranceles que gravaban la entrada de maíz extra Mercosur.
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De ocurrir esto, las existencias estadounidenses, que actualmente están en mínimos de siete años, se reducirán aún más, aunque el USDA fue optimista este miércoles respecto a la producción estadounidense que sea de tal magnitud que permita recuperar las existencias para 2022 a través de una enorme cosecha proyectada en 382 millones de toneladas.
La baja del río Paraná
A la menor cosecha de Brasil y a los ajustados stocks actuales de Estados Unidos y los problemas climáticos en algunas regiones productoras del país norteamericano se sumó la bajante del río Paraná, que pone una luz de alarma sobre las exportaciones de Argentina, ya que el nivel de agua impide a los buques cargar a pleno y están zarpando con cantidades mucho menores a su capacidad.
Del otro lado, como siempre, está China comprando. Las importaciones chinas se dispararon el año pasado y siguen a todo ritmo en 2021, básicamente de compras que no pasaban los cinco millones de toneladas han pasado a 26 millones por año. Lo que en el comienzo de este siglo fue generado por el ascenso en el uso de etanol, ahora tiene una segunda avalancha de compras de China para abastecer la desatada demanda por carne y lácteos.
Estos eventos sin dudas contribuirán a ajustar aún más el balance de oferta mundial de maíz.
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En el mercado uruguayo: subas
El mercado en Uruguay no es indiferente a la escalada de precio. Arrancaron la zafra a US$ 230 base seca y puesto en plantas y ahora se ubican entre US$ 240 y US$ 250 la tonelada. En la zafra pasada los precios apenas superaban los US$ 200 y estaban muy por encima de los de Chicago.
Los precios actuales no se han disparado porque ha sido un excelente otoño en lo forrajero, pero la llegada de los fríos y los buenos precios de carne y leche mantendrán una demanda importante. Y la oferta local es acotada. Los buenos precios ayudan a compensar una caída muy fuerte de rendimientos, que difícilmente pasen los 5.000 kilos por hectárea en promedio, muy por debajo de los 6.536 kg/ha de un año atrás, según los datos de la Oficina de Estadísticas Agropecuarias (DIEA) de Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP).
Aunque en este año habrá una baja importante en la productividad por los efectos de La Niña, fundamentalmente en los maíces de primera –que ocupan dos tercios del área–, en Uruguay la producción maicera viene creciendo en área y rendimiento.
La siembra maíz para grano seco se estimó en 149.332 hectáreas, casi un 28% por encima del registrado en la zafra anterior, en la que ya se había registrado un incremento similar con relación a la zafra 2017/18.
Del total, 101.427 hectáreas corresponden a maíz de primera, ocupando un 68% del total, mientras que las restantes 47.905 hectáreas son de maíz de segunda (32%) según los datos de la Encuesta Agrícola de la DIEA.
En lo que respecta a rendimientos, las fichas están puestas en los maíces de segunda, que se espera compensen los malos rendimientos de los de primera –que se ubican entre 3.000 y 5.000 kg/ha–, con rindes entre 6.000 y 7.000 kilos por hectárea promedio.
El incremento en el área compensará en gran parte la caída en los rendimientos. Considerando un promedio nacional de 5.000 kg/ha y un área de 149 mil hectáreas la producción se ubicará en el entorno de las 745 mil toneladas, apenas 2% menos que las 763 mil toneladas cosechadas la zafra anterior.
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Con relación al consumo, los productores lecheros ingresaron bien al otoño con praderas que han mejorado mucho, y la demanda por maíz está floja, tanto en tambos como en corrales.
Arturo Pardié, productor y operador del mercado de granos, dijo a Tiempo de Cambio de radio Rural que “el productor lechero tiene por un lado el estímulo del aumento de precios de la leche remitida y una situación forrajera excepcional debido a las buenas condiciones climáticas, pero a la vez un maíz caro. Los productores han comprado grano, pero no como el año pasado y la intención es reducir el suministro debido al alto costo. El aumento de precios de la leche al productor acompaña, pero no compensa el fuerte aumento en el precio de los insumos, fundamentalmente los granos y fertilizantes, en el eje de un 40%”.
Los muy bajos rendimientos de los maíces de primera llevaron a incrementar las importaciones de maíz argentino en plena cosecha en Uruguay, fenómeno que no ocurría hace años.
En lo que va del año se llevan importadas 45.867 toneladas, un 80% más que las 25.436 del mismo período de un año atrás y a un precio 26% superior: US$ 230 CIF la tonelada vs. US$ 180 CIF. Del total el 63% proviene de Paraguay mientras que el 37% de Argentina –que ha sido el 100% del origen de las compras de abril–.
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La producción avícola, la lechera y en menor medida la ganadera, dependen del maíz para su producción. Para los productores que basan la dieta de sus animales en maíz comprado en el mundo entero la situación plantea una suba de costos que a lo largo del segundo semestre puede expresarse en mejores precios de la carne y de los lácteos. Particularmente ha subido el costo de producción de la carne de ave y cerdo, dependiente estructuralmente de las raciones, mientras que en los rumiantes la producción pastoril adquiere una ventaja comparativa importante.
El cultivo salva el año, con una firme demanda de China, en un año difícil por La Niña, mientras el mundo se pregunta qué pasará si se acentúa la doble sequía de Brasil y Estados unidos en mayo.
El motor principal de la suba de los granos puede tener todavía mucho terreno para avanzar si Estados Unidos no logra una excelente cosecha y así seguir arrastrando al trigo, soja, sorgo, carne y leche.
Producción: Cecilia Pattarino
Juan Samuelle
La cosecha de maíces de primera tuvo un rendimiento discreto.