6 de junio 2014 - 20:41hs

"Nosotros casi que rompimos el manual de las internas, que habla de captar el voto bien cercano por generar una contraposición durísima con el gobierno, una arenga partidaria directa y no hacer esto que tenemos acá”, dijo Luis Lacalle Pou a fines de abril en el programa Código País, señalando su agenda de gobierno. Según él, el “manual” electoral indica que no hay que hacer énfasis en el programa hasta no resultar ganador de las primarias. “Ahí te ponés un poco más de centro y después sí, llegás al balotaje con una o dos ideas fuerza y un poco de emoción”, agregó.

En realidad no existe tal manual universal al que hizo referencia Lacalle Pou varias veces en su campaña. Especialistas consultados por El Observador coincidieron en interpretar que el candidato nacionalista quiso aludir a las “prácticas políticas habituales”.

Como sea, Lacalle Pou se propuso proyectarse como un político distinto. Se autodenominó como “atrevido” y “transgresor” por haberse postulado a presidente cuando nadie lo esperaba ni lo visualizaba, pero también por el contenido y la forma de su discurso.

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Sin embargo, “que sean prácticas poco habituales no quiere decir que no se hayan hecho”, aclaró el psicólogo Daniel Eskibel, experto en marketing y comunicación política. Según el especialista, hay varios ejemplos de campañas que sin usar el eslogan “por la positiva”, buscaron lo mismo. La estrategia de Mauricio Macri en 2007 para ser gobernador de la capital argentina con el eslogan “Va a estar bueno Buenos Aires” fue similar: hacer propuestas, hablar en tono coloquial y elogiar a otros, recordó Eskibel.

En teoría, y en general, las “campañas negativas” funcionan mejor, sobre todo cuando las encarnan los opositores. El politólogo estadounidense John Geer lo explicó en su libro “En defensa de la negatividad”, editado en 2006. Sin embargo, todo depende del contexto en el que se haga la campaña, consideró la politóloga Rosario Queirolo. “En el caso de Lacalle Pou: ¿qué ganaba si se ponía negativo?”, se preguntó la especialista. Por ser joven y por tener como rival a Jorge Larrañaga –que había optado por enfrentarse al gobierno–, era mejor elegir el otro camino.

En definitiva, en su campaña Lacalle Pou adoptó las prácticas políticas menos habituales al menos en tres aspectos: mostró propuestas desde el inicio, no respondió a las agresiones y evitó diferenciarse explícitamente de su contrincante en la interna.

La agenda de gobierno: su Biblia y su respaldo como presidenciable

En febrero y marzo convocó a los medios y a los dirigentes cuatro veces para presentar los capítulos de su agenda de gobierno. Luego las repartió en todos sus actos, citó fragmentos y recomendó su lectura. Si bien los demás precandidatos hablaron de propuestas durante la campaña, el énfasis que él le dio a lo programático “no se suele hacer”, según Eskibel. “Pero Lacalle Pou tenía un problema: tenía que saltar de diputado a candidato presidencial. Necesitaba contarle a la gente, además de entusiasmarla, algunas ideas centrales de lo que quería hacer para fortalecer la imagen de que sí podía ser candidato, de que además de redactar proyectos de ley podía tener una visión de país”, consideró el especialista. Haber adelantado nombres de ministros también fue en esa línea de hacer más creíble su candidatura.

La positiva: en busca de la “ilusión” de la gente

La idea de ir “por la positiva” no es la más común. “El político tiende a confundir la elección con una riña de gallos”, graficó Eskibel. Para Queirolo, la estrategia de Lacalle Pou resultó por una combinación de dos cosas: las características personales del candidato (su edad y el hecho de ser una figura nueva en el espectro político) y la “receptividad” de los electores. “Logró captar la ilusión de la gente, algo que no se logra con una campaña negativa. Es lo que hizo Tabaré Vázquez en 2004, o Barack Obama con su ‘We can’ (sí, podemos)”, señaló Queirolo. La politóloga resaltó que con esto Lacalle Pou “no descubrió la pólvora”. Porque si bien ahora hay una “coyuntura social proclive”, a la sociedad siempre “le gusta” que le renueven la ilusión. En tanto, Eskibel advirtió que ir por la positiva supone para el candidato blanco un desafío “muy demandante” a nivel psicológico, porque “los ataques despiertan una reacción en todo ser humano”. Será clave en ese sentido que más allá del eslogan, el político logre sostener la actitud.

Las diferencias con su rival: más implícitas que explícitas

Cada vez que le preguntaron qué cosas lo diferenciaban de Larrañaga, dijo que esa respuesta no le correspondía a él. “Obvio, yo le quiero ganar a Jorge. No creo que le gane diferenciándome”, alegó Lacalle Pou aquella vez en Código País. Salvo en algunos temas evidentes, como la baja de la edad de imputabilidad, en la campaña no reconoció la distancia con su contrincante. La estrategia fue diferenciarse implícita y no explícitamente. Para eso utilizó gestos y expresiones. Eskibel sostiene que fue una opción “inteligente” que la diferenciación “sucediera en la cabeza de los ciudadanos”.

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