● Las ventajas que le da el Mides a Lema para fortalecer su figura.
● El fallo en el diseño institucional de algunos equipos de gobierno.
● Cómo el “cursus honorum” de la política romana sigue tan vigente en Uruguay.
● El duro mensaje que le pasa el sistema a los técnicos que se meten en la política
Técnicos en la política: otro golpe
Leonardo Carreño
Bartol dijo que sí a sumarse a la política en 2018 luego de varios intentos de Lacalle
La destitución de Pablo Bartol puso fin a algo más de un año de conflictos internos en la cúpula del Ministerio de Desarrollo Social.
El equipo del ministerio, uno de los pocos que tenía a los tres principales integrantes (ministro, subsecretario y director general) del mismo partido, no funcionó. Y eso puede pasar. Los equipos a veces no funcionan. Las personas, por más que lo intenten, pueden no llevarse bien, no encajar, no tener sintonía o incluso tener formas de trabajo muy diferentes que hagan difícil el desarrollo de las tareas. Eso puede suceder en todos los ámbitos de la vida laboral. Los problemas que tuvieron Bartol, Armando Caistangdebat y Nicolás Martinelli fueron muy variados a lo largo del último año, tal como están reseñados en esta nota de Martín Tocar y fueron contados también en el pasado. Pero no tenían tanto que ver con una discusión de fondo sobre el rumbo estratégico. Eran más problemas de relacionamiento.
¿Cómo se solucionan estos problemas laborales? La mayor parte de las veces con el líder del equipo encauzando las soluciones. Escuchando, cediendo, pero también ejerciendo el poder.
Pero el problema adicional que tuvo esta situación en el Mides está relacionada con una cuestión de diseño institucional de los equipos que integran el gabinete de Lacalle Pou. En la mayoría de las secretarías de Estado los ministros no tienen la autoridad total. La tradición, y hasta el diseño constitucional, establecen que en Uruguay el ministro elige a su equipo. De hecho, cuando uno es cesado también se debería ir el dos, porque el constitucionalista entendió que va pegado a él. Sin embargo Lacalle, al igual que hizo José Mujica hace 10 años —ambos comparten una característica personal: son bastantes desconfiados—, decidió formar equipos mixtos para mantener equilibrios políticos pero sobre todo en los que siempre haya gente de su confianza. Lo que en la era mujiquista denominamos los “comisarios políticos del MPP”. ¿En que puede derivar eso? Horadar el poder del líder. En el caso de Bartol, tenía como viceministro a Caistangdebat, una figura política de mucho peso, dos veces intendente y con un conocimiento profundo de la política partidaria. Y de tres, a un hombre de extrema confianza de Lacalle. Martinelli estuvo al lado del presidente durante toda su gestión legislativa y es muy cercano a Lacalle. Ambos fueron colocados al lado de Bartol para tutelarlo y ayudarlo, pero salió al revés. Esa situación, a la que se sumaron algunas características personales de Bartol que no contribuyeron, llevó a que el ministro no tuviera la autoridad necesaria para encauzar las discusiones internas.
Ante tanto conflicto interno Lacalle primero decidió sacar a Martinelli del Mides. Fue un gesto que podía interpretarse de respaldo al ministro. Pero a medias. El número tres del Mides fue ascendido a Presidencia como asesor del mandatario.
Los problemas siguieron y, además, este no era un ministerio cualquiera. De Desarrollo Social se debe esperar muchísimo en estos momentos de crisis. Y se deberá esperar mucho más en los tiempos que se vienen, cuando termine la pandemia y Uruguay necesite volver a la senda de crecimiento. Y en la evaluación eso pesó mucho para la destitución.
Los romanos
La salida de Bartol puede ser vista como un episodio más de como en Uruguay la política suele aplastar 一o al menos hacerle más difícil la vida一 a los técnicos que dejan de lado su carrera profesional o sus proyectos personales y se la juegan enteramente detrás de un líder o un partido.
En el caso de Bartol fue así. Al exdirector de Los Pinos Lacalle lo fue a buscar en más de una oportunidad. Las primeras veces se llevó la negativa. Pero en 2018 Bartol finalmente se embarcó en la campaña electoral nacionalista y luego de mucho tiempo sin que los blancos lograran demostrar sensibilidad por las políticas sociales, sus discursos y sus entrevistas les dieron una coraza protectora. No es el único ejemplo de técnico al que le pasó eso en la historia política uruguaya, ni tampoco en la historia reciente. El caso de Ernesto Talvi es el último de magnitud.
Esa es una forma de ver el episodio: cómo el sistema político expulsa a quienes no se adaptan a los códigos políticos, algo que sucede también generalmente cuando el “outsider” asciende muy rápidamente.
Otra forma de verlo es al revés: reivindicando a la política como una tarea muy sacrificada y a la que no todos se adaptan fácilmente. Menos en Uruguay, donde el “cursus honorum” de los romanos sigue tan vigente como nunca. Para ascender en la política local parece inevitable hacer el camino largo y subir escalón por escalón. Como hacen la mayoría: militar en las bases; lograr ser electos en algunos casos a ediles, o estar varios años de gestión en algún puesto no muy atractivo; pasar a diputados; con suerte llegar al Senado, a ministro o a algún otro puesto de jerarquía; y luego sí lograr liderar un sector o ser candidato.
En la última campaña electoral parecía que algo de eso había cambiado con fenómenos como los de Ernesto Talvi, Edgardo Novick o Juan Sartori. Pasó la campaña y los tres casos demuestran que al final no era tan así. Talvi y Novick están alejados de la política. Y Sartori, asumiendo la importancia del “cursus honorum”, permanece en el Senado, una actividad que le gusta poco, por la falta de ejecutividad en la que se siente más cómodo. Si resiste, no solo en este período, tal vez pueda seguir ascendiendo. O no. Pero el camino largo de la política uruguaya no se puede acortar tan fácilmente como en otros países, según parece.
El trasfondo político detrás del ascenso de Lema
Diego Vila
Lema es muy cercano a Lacalle Pou
Lema parece querer ir por ese camino de ascenso. Tal como declaró el nuevo ministro tiempo atrás, él quiere ser presidente. Y se nota que no solo tiene ganas sino capacidades y ambiciones políticas, en el buen sentido de la palabra.
Tanto, para haber encarado una disputa silenciosa pero intensa en la interna de la lista 404, con la figura más fuerte del sector: Álvaro Delgado.
El secretario de la Presidencia también quiere ser candidato. Y a diferencia de las dudas de Lema, está claro que quiere serlo en 2024.
La interna de Aire Fresco viene de lejos, como fue contado en esta nota. Es el sector originario de Lacalle Pou, desde el que forjó su liderazgo en la interna blanca desde 2014. Y si bien Delgado siempre fue la figura pública con más fuerza luego de Lacalle en la 404, es cierto que Lema fue cofundador e ideólogo de la lista mucho tiempo atrás.
El ahora ministro era un joven dirigente blanco cuando entre 2005 y 2006 se empezó a acercar al entonces diputado Lacalle a proponerle crear un nuevo sector por fuera del Herrerismo. La primera reacción fue negativa, pero tiempo después Lacalle Pou le dijo que sí y así nació su grupo. Por tanto Lema podía sentirse con la sensación de que tenía la autoridad para pedir ventana, no solo por haberse subido al ómnibus antes, sino por haber ayudado a construirlo.
Lema hoy transmite, según dicen fuentes cercanas a él, que no quiere ser candidato en 2024. Aunque, si ya tuvimos a políticos que on the record declararon que no iban a ser candidatos y poco tiempo después tenían la banda presidencial puesta, es mucho más difícil creer en lo que dicen las fuentes innominadas. Pero lo que seguro quiere Lema ya, es construir un camino político propio.
¿Pero la designación de Lema como ministro puede leerse como que Lacalle eligió un sucesor? A mi gusto, nada más lejos de eso, por más que algunos blancos lo interpretaron así.
Si lo miramos solo en términos políticos/electorales, la designación de Lema habla muchísimo de la ideología de Lacalle: dar oportunidades y desafíos, pero nunca dar el problema resuelto.
Lema es uno de los predilectos del presidente. Es evidente que a Lacalle le gustaría que algún día fuese presidente. Pero a diferencia de lo que han hecho muchísimos mandatarios, que designan un delfín y esperan que automáticamente caigan sobre él todas las bendiciones, Lacalle lo que hizo fue darle alas a su “pollo” y decirle “volá”. Si puede volar o no, dependerá más de él que de otras cosas.
Lacalle le dio a Lema un problema a resolver: el Mides será la cartera que deberá liderar la pospandemia, donde hoy el gobierno concentra las energías. Tendrá una responsabilidad mayúscula, con recursos que no son ilimitados y con el foco no solo de la oposición 一a la que tanto enfrentó en el pasado一 sino de toda la opinión pública y en especial de los más perjudicados por la crisis.
Lema desde el Mides podrá volar y despegar políticamente, o por el contrario estrellarse rotundamente. Dependerá de su trabajo y de su capacidad de gestión. Hasta ahora demostró ser un gran dirigente opositor. Puso a jerarcas del FA contra las cuerdas en muchos temas en los últimos cinco años. Pero ahora tendrá que hacer, que siempre es mucho más difícil que criticar.
Tendrá algunas ventajas estructurales del ministerio que liderará para hacer política. Los blancos quieren que las intendencias sean la punta de lanza de las políticas sociales. Por tanto, ser la cabeza del Mides lo pondrá en contacto en el territorio con decenas y decenas de dirigentes locales, y eso para el Partido Nacional es un elemento clave para crecer.
En cualquier caso Lacalle le dio una plataforma que no le asegura nada, pero sí es una oportunidad que si el ministro la sabe aprovechar podrá crecer políticamente hasta donde quiera.
Soy
Gonzalo Ferreira, editor jefe de El Observador. Podés
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