13 de diciembre de 2011 15:17 hs

Tan importante como el tamaño del gasto público es la capacidad del Estado para hacerse cargo del mismo. Un país puede gastar por encima de sus capacidades inmediatas. Puede endeudarse o echar mano a sus ahorros, pero siempre y cuando no se vea afectada su sostenibilidad a mediano y largo plazo.

Una mirada a las cifras no deja bien parado al país en materia de prudencia fiscal. El gasto público en los últimos siete años creció por encima de la economía y aun en el cenit del ciclo económico el país mantuvo un déficit en las cuentas públicas. Pero desde otra perspectiva, un desequilibrio de las finanzas del Estado que equivale a 1,1% del PBI, no es lo mismo hoy que hace 10 años.

Desde el lado de los ingresos, la Dirección General Impositiva se vio dotada de nuevas herramientas para exigirle a los contribuyentes lo que le corresponde. Un brazo recaudador profesionalizado, que combate el incumplimiento de manera activa y desestimula la evasión de impuestos es una garantía para la administración de que no habrá fugas en su recaudación proyectada, ocasionadas por factores ajenos al ciclo económico.

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Hay además otro aspecto en el cual la gestión del gobierno permitió mejorar la sostenibilidad del déficit. El manejo de la deuda y las políticas de prefinanciamiento aseguran un canal de fondeo abierto aun en momentos de incertidumbre a nivel internacional.

En los últimos años, Uruguay logró desmontar abultados picos de vencimientos de corto plazo, extender el horizonte de endeudamiento, reducir el spread de riesgo soberano y aumentar el peso de la deuda en moneda local, que reducen el riesgo en momentos de volatilidad en el mercado internacional.

El país es hoy, a los ojos de los mercados, una opción más segura que en los últimos años. Uruguay es capaz de emitir deuda incluso en momentos en que los países desarrollados enfrentan una de las peores crisis de la historia.

Cuando el año próximo el país vuelva a ser incluido por las calificadoras de riesgo dentro del grupo de países con grado inversor, va a ser en buena medida, un mérito de las políticas de gestión de deuda.

Detrás del déficit fiscal de menos de US$ 500 millones se encuentran más de US$ 7.000 millones de reservas propias y líneas de financiamiento contingente negociadas con los principales organismos multilaterales. Uruguay puede hacer frente sin ningún contratiempo a un déficit fiscal de 1,1% del PBI. Es cierto que en momentos de incertidumbre como el actual, no vendría mal estar bajo techo, con un superávit de las cuentas públicas que permita realizar políticas contracíclicas para amortiguar el impacto de un eventual contagio de la crisis europea. Pero eso no quita que Uruguay esté hoy mejor parado en el frente fiscal.

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