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El nuevo planetario que promete “tocar el cielo con las manos”

Se instalaron seis proyectores láser con resolución 8K y un domo hecho a medida en Estados Unidos

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21 de diciembre de 2019 a las 05:01

Las palabras de Damian viajan miles de kilómetros hasta Saint-Etienne, donde sus colegas franceses de la empresa RSA Cosmos lo instruyen para calibrar el sistema del nuevo Planetario de Montevideo, que volverá a abrir sus puertas después de dos años. Es jueves al mediodía y el equipo que trabaja en el Planetario ultima los detalles y una empresa local termina de instalar las nuevas butacas que formarán parte de la sala que reabrirá este sábado con un aforo de 159 personas. De fondo, se escuchan los pavos reales y el canto de otras aves que todavía viven en el zoológico de Villa Dolores.

Óscar Méndez, director del Planetario de Montevideo, esperó  –junto al resto del equipo– 15 años por este momento. Desde 2004 está a cargo del lugar, aunque entró en 1995 como profesor. “Una vida”, dice mientras recorre el edificio junto a El Observador. Las últimas semanas fueron de vértigo para los funcionarios del Planetario. En diciembre de 2017 el viejo proyector Spitz –el ejemplar más antiguo del mundo– proyectó su última función, después de 65 años de ilustrar a niños y adultos sobre las particularidades del universo. Los meses que siguieron estuvieron dedicados a adecuar el edificio para la llegada de la nueva tecnología.  

Méndez habla con cariño del “viejo proyector Spitz (nombre de la marca)”, un “instrumento muy noble” que “cumplió muy bien su función” pero cuya tecnología quedó limitada a la que había a mediados de 1950. Lo viejo dio paso a lo nuevo y en enero de 2018 la Intendencia de Montevideo (IMM) publicó la licitación para suministrar, instalar y poner en funcionamiento un nuevo sistema para el Planetario de la ciudad. 

La francesa RSA Cosmos –que diseñó, entre otros, el planetario de París– fue la elegida y la intendencia pagó US$ 1,2  millones por un sistema digital de seis proyectores láser con una resolución de 8K, la más alta que existe hasta ahora. Sólo diez planetarios en el mundo tienen este sistema y a partir de este sábado Montevideo pasó  a integrar ese grupo. Por otra parte, una compañía estadounidense se encargó de diseñar un domo de aluminio hecho a medida para el Planetario. El 31 de octubre de este año llegó en dos contenedores desde Ohio y el 4 de noviembre se empezó a montar, con la supervisión de un técnico norteamericano y operarios uruguayos. 

El cielo del Polonio

Méndez explica en qué consisten los sistemas digitales como el que adquirió Montevideo y pone decenas de ejemplos de lo que se puede hacer con esta tecnología. “Consisten en una representación virtual, en tres dimensiones, de un universo conocido, que va desde las partículas que están dentro del átomo hasta los objetos más distantes conocidos por la humanidad”, detalla. 

En otras palabras, asegura que el cielo que reproducirá el Planetario será como el del Cabo Polonio en una noche despejada. “Vamos a lograr que la gente crea que puede tocar el cielo con las manos”, promete.

Además de las posibilidades que se abren en materia de inmersión visual, el sistema que adquirió el Planetario de Montevideo se nutre de una base de datos que permite “ver cómo era el cielo en la época del descubrimiento de América” o sobrevolar las montañas de Marte.

Méndez detalla que la representación tridimensional es generada por un “potente sistema de computadoras que calculan instantáneamente la posición de los objetos”. La base de datos es semejante a la que utilizan investigadores a lo largo del mundo.

US$ 2 millones fue la inversión total para el Planetario de Montevideo, entre el sistema de proyección (US$ 1,2 millones), el domo de acero que oficia de pantalla, así como la readecuación edilicia en general.

Los próximos meses serán “de aprendizaje” para el director del Planetario y las 17 personas que trabajan allí. Sobre todo respecto a la construcción de la grilla de actividades. Porque además de la “hiperrealidad” que asegura el nuevo sistema, otra de sus ventajas es que los equipos no se sobrecalientan –como sucedía con el Spitz– y es posible proyectar funciones una atrás de la otra. En este primer período que va hasta marzo el Planetario abrirá sus puertas al público los viernes, sábados y domingos.

Si bien la entrada es libre y gratuita, la sugerencia de las autoridades es que el público reserve un lugar con antelación, algo que ya se puede hacer a través de la página web de la IMM o por vía telefónica. A futuro, la intención es crear una aplicación que permita hacer las reservas. 

Una vez que termine el período de prueba los días de apertura se multiplicarán y el edificio sólo cerrará los lunes, como la mayoría de los museos del mundo, para hacer tareas de mantenimiento interno. Como el resto del parque de Villa Dolores sigue en construcción –con la ampliación del Parque de la Amistad y el Ecoparque–, para acceder al Planetario se cercará el ingreso.

El conocimiento libera

El director del Planetario se toma unos segundos para pensar qué significa para Montevideo tener un Planetario de estas características. “La cultura en general es fundamental para cualquier país. En los tiempos en los que vivimos –donde tenemos en el bolsillo un microprocesador múltiple que funciona en base a conceptos de la física cuántica (...)– es fundamental que la gente acceda también al conocimiento científico”, sostiene Méndez. 

“El conocimiento científico, como dijo alguien, es demasiado importante para dejárselo sólo a los científicos. La ciencia no es complicada, la hacen complicada”, se lamenta. Para el jerarca, el acceso a la ciencia es una “parte fundamental de la cultura del siglo XXI”. “El conocimiento nos hace mejores, más libres”, resume. 

El arquitecto del Estadio CentenarioEl Planetario de Montevideo es una obra del arquitecto Juan Antonio Scasso, el mismo que tuvo a su cargo la construcción del Estadio Centenario. Se inauguró el 11 de febrero de 1955 y, según la página web del Planetario, fue el primero en Iberoamérica. El edificio resistió más de 65 años sin problemas estructurales, pero en los últimos cinco años las filtraciones empezaron a ser constantes y, en consecuencia, también la humedad. En el marco de la readecuación edilicia, se renovó el domó y se colocó un nuevo “cascarón de hormigón”.  
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