8 de septiembre de 2017 5:00 hs

Los personajes desagradables ejercen una fascinación extraña en algunos espectadores. Ver desde la comodidad del sillón cómo sus acciones egoístas, interesadas y autodestructivas los terminan llevando a la perdición (que es lo que sucede recurrentemente) es uno de los pasatiempos preferidos de miles de televidentes. En estas producciones, que muchas veces son animadas, hay momentos de luz, pero la oscuridad siempre termina predominando en la personalidad de sus magnéticos protagonistas. Este viernes Netflix estrena la cuarta temporada de una serie que pone en pantalla el ejemplo perfecto de este fenómeno: BoJack Horseman.

Esta producción tiene algunos diferenciales con el resto y es que su universo es tan realista como delirante. En primer lugar, los animales –todos antropomorfos– conviven con los humanos de forma normal, atendiendo a las características que hacen a una persona. Ese es el caso del individuo que da nombre a la serie: un caballo.

Por otro lado, la serie ofrece una de las sátiras más duras y acertadas de la industria del espectáculo estadounidense, más precisamente en Los Angeles, con todas sus miserias humanas desplegadas en un abanico de humor negro, golpes de efecto y denuncia social.

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Este último punto es lo que hace a BoJack Horseman una serie distante para aquellos que no estén familiarizados con el showbusiness hollywoodense, ya que la mayoría de los chistes van por ese lado. De todos modos, cualquier espectador acostumbrado e interesado en la animación para adultos se puede enganchar, dado que es un producto escrito y pensado para el mercado internacional.

El camino del ¿héroe?

Conocer a BoJack (a quien el actor Will Arnett le presta su voz), es dar con el ejemplo perfecto de la estrella en decadencia: sus bolsillos están llenos de dinero, vive en una mansión en los cerros de la ciudad californiana, tuvo un pasado exitoso en la televisión, y pasa sus días entre drogas, prostitutas, fiestas desenfrenadas y mucho alcohol. Vacío por dentro, BoJack busca volver a la primera plana del espectáculo con el lanzamiento de su biografía.

Con el correr de los capítulos, el universo interno y externo del personaje se amplía en un desfile de personajes estrafalarios, situaciones jocosamente dolorosas, y un desarrollo del personaje que le demuestra al espectador que BoJack no es tan malo, solo es el ser más desagradable con el que uno se puede topar. Y descubre que el odio que el personaje se tiene a sí mismo es más fuerte que el que cualquiera puede llegar a tenerle, y es allí cuando la repulsión se convierte en una moderada empatía.

La última imagen de la tercera temporada lo mostró en la carretera, huyendo de todos sus problemas y abandonando a aquellas personas que, aun a pesar de sus líos, estuvieron a su lado. Como Mr. Peanutbutter, un labrador pasado de optimismo y buenas intenciones, o Todd, un joven sin techo que se convirtió en uno de sus amigos más fieles. En busca de algo –llámese libertad, escape o una vuelta a las raíces– BoJack enfila su auto al horizonte y se pierde en él.


La cuarta temporada, que se podrá ver de forma íntegra este viernes en la plataforma de streaming, tomó ese final como campaña publicitaria, y utilizó la pregunta ¿Dónde está BoJack Horseman? como leit motiv. Además de esa interrogante, el final pautó más preguntas para el espectador: ¿Qué fue a buscar BoJack? ¿Es la misteriosa yegua adolescente que lo llamó su hija? ¿Qué pasará con Todd, Diane, Mr. Peanutbutter y Princess Carolyn?

El tráiler no responde demasiado a esas dudas sobre el caballo menos querido pero más empático de la televisión. En el final hay muchas sombras, pero, ¿quién sabe? Quizás sí hay redención para BoJack Horseman.

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