Entre las promesas electorales con las que llegó Tabaré Vázquez al poder, se encuentra el compromiso de no implementar nuevos impuestos. Sin embargo, dado el contexto económico más hostil que enfrentan las autoridades, algunos analistas cuestionan la conveniencia de que el gobierno se ate las manos con un importante instrumento de política como la recaudación.
Pero esa es otra historia. En lo que respecta a la carga impositiva, el país queda de mitad de tabla hacia abajo, con 41,8% sobre ganancias. La carga sobre los beneficios de las empresas es de 23,6% en promedio, los impuestos y contribuciones del trabajo ascienden a 15,6% y en otros impuestos los expertos consultados por el Banco Mundial agregan 2,6%.
Sin embargo, las comparaciones generales con el resto del mundo adolecen de algunos defectos que complican el asunto. La elección de los países que se utilizan como referencia en una comparación es más complicada de lo que parece a primera vista y eso relativiza mucho las conclusiones que puedan extraerse. ¿Qué tan relevante es comparar la carga tributaria uruguaya con la de países como Ruanda, Yibuti y Eritrea? ¿Cuántos empresarios dispuestos a invertir en Uruguay tendrán a esos países en la lista corta de destinos que compiten con la plaza local?
A modo de ejercicio, si se cruza la base de datos del Doing Business con la caracterización que realiza el Foro Económico Mundial acerca del ingreso y el nivel de desarrollo de los países, y se considera además su ubicación geográfica, pueden extraerse conclusiones más interesantes.
En primer lugar, es posible comparar la tasa de tributación uruguaya con la de los países de la región. Las conclusiones no son muy diferentes a las del resto del mundo. Uruguay ocupa el puesto 12 en 22 economías de América Latina y el Caribe, con una carga menor a la del promedio de la región (48,3%). La comparación favorece aun más al país si se toma como referencia solamente a los países más próximos de América del Sur.
La mayoría de ellos tienen tasas de tributación más altas que las de Uruguay. En Costa Rica es de 58%, en Venezuela llega a 65,5%, en Brasil es de 69% y Colombia, Bolivia y Argentina se ubican en lo más bajo del ránking, con tasas de 75,4%, 83,7% y 137,3%, respectivamente. Esos valores incluyen tanto lo que paga la empresa como el trabajador de su ganancia respectiva.
Con tasas más bajas que las de Uruguay destacan Chile (27,9%), Ecuador (33%), Paraguay (35% y Perú (36%). De hecho, las tasas de impuestos del país están más cerca de las de este grupo que del anterior.Sin embargo, compararse con América Latina y el Caribe tampoco es lo mejor. A nivel de regiones, se encuentra al fondo de la lista de los más atractivos desde el punto de vista tributario. Uruguay está bien parado, pero entre el puñado de países que tiene mayores impuestos.
Medio Oeste y Norte de África se encuentra en 32,6%, el indicador más bajo entre las regiones del mundo. Le sigue el Este de Asia y los países del Pacífico (34,4%), con un indicador muy similar al de Europa y Asia Central (34,9%). Luego de América Latina y el Caribe, en el fondo de la tabla se encuentra el África Subsahariana, con una tasa de 46,2%.
De hecho, los niveles de tributación de Uruguay son muy similares a los del promedio de los países miembros de la OCDE, el club de los países más ricos, con una tasa de impuestos combinada de 41,3%, según la metodología del Banco Mundial, aunque en general tienen en promedio ingresos que superan a los uruguayos.
Según el Foro Económico Mundial, Uruguay es un país emergente en su nivel de desarrollo, pero que posee un nivel de ingresos alto. Tiene sentido entonces tomar como referencia el grupo de economías que poseen características similares para evaluar qué tan altos o bajos son los niveles de impuestos con que Uruguay carga a sus contribuyentes.
En esa comparación, el país no termina tan bien parado como con sus pares de la región. La economía uruguaya ocupa el puesto 11 entre los 13 países que la institución cataloga como emergentes y de ingresos altos. Solo Lituania y Rusia, con tasas de 42,6% y 48,9%, respectivamente, superan el registro uruguayo de 41,8%.
Catar (11,3%), Kuwait (12,8%) y Bahréin (13,5%) encabezan el ranking de países similares a Uruguay en sus niveles de ingreso y desarrollo. Dentro de este grupo, la disparidad es muy grande y no solo en cuanto a la carga tributaria sino también en la facilidad que tienen los países para cumplir con sus obligaciones.
Uruguay es el país que se encuentra en peor posición medida a través del tiempo que lleva para una empresa mediana liquidar y pagar sus impuestos, con un cálculo de 312 horas anuales. Le sigue Chile, con 291 horas. En los primeros lugares están Emiratos Árabes Unidos, con 12 horas y Catar, con 41 horas.Si además se consideraran los países emergentes de ingreso medio alto en la escala, Uruguay ocupa el puesto 34 de 49 países, lo que muestra que la carga impositiva de Uruguay está más en línea con la de este grupo.
Una presión abusiva sobre los uruguayos
"El país no tolera nuevos impuestos", dijo en entrevista con El Observador el director académico de Ceres, el economista Ernesto Talvi. Según el experto, hoy la presión fiscal se encuentra en el equivalente a 30% del PIB. Los uruguayos de alto capital humano pagan por concepto de impuesto cerca de 50% de sus ingresos.
En el caso de las empresas, supera el 50%. "Es tan abusiva la presión fiscal sobre nuestras empresas que se necesitó establecer regímenes fiscales que incentivan proyectos que de otra forma no se ejecutarían", explicó. Un ejemplo es el régimen de promoción de inversiones, que exonera de ciertos tributos los proyectos que cumplan una serie de condiciones impuestas por el gobierno.
En debate la conveniencia de subir los impuestos
En una conferencia organizada esta semana por la Asociación de Dirigentes de Márketing (ADM) en la que participaron destacados analistas para interpretar la coyuntura económica, el economista Pablo Rosselli, socio de la consultora Deloitte, dio su opinión contraria a la de las autoridades.
“El gobierno debería proponerse una reducción más rápida y relevante del déficit fiscal, porque el shock que estamos recibiendo es bastante duradero”, opinó. Para el experto, es muy difícil que logre procesarse un ajuste significativo debido a la rigidez del gasto público y las presiones al alza que enfrentará en el mediano plazo, principalmente en materia de previsión social, salud y educación.
“Veo pocas chances de que el resultado de las cuentas públicas pueda mejorar sustantivamente con esas presiones sobre el lado del gasto sin un aumento de impuestos”, reflexionó Rosselli.
“Se dirá que hay oportunidades de gastar mucho mejor lo que se gasta, pero tengo la convicción de que, en el mediano plazo, va a ser necesario un incremento de la presión tributaria en Uruguay. Y, dado este contexto macro, lo haría lo antes posible”, concluyó. No se trata de una opinión unánime entre los expertos. En el mismo panel participó Ignacio Munyo, director del Centro de Economía, Sociedad y Empresa del IEEM (Universidad de Montevideo), con una opinión contraria a Rosselli.
“Discrepamos con la pertinencia de un aumento impositivo, más que nada porque lo que importa en este momento en Uruguay es sostener la tasa de crecimiento”. El razonamiento es que en momentos en los cuales los incentivos a la inversión y a la creación de puestos de trabajo se reducen, un aumento de los impuestos juega en contra de la actividad. “Si la economía no crece, es imposible sostener las mejoras sociales alcanzadas en la última década”, argumentó.