5 de mayo 2023 - 5:01hs

Bolivia, la Argentina, Chile, México y Perú controlan más del 67% de los recursos mundiales de litio, de acuerdo a un informe del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG). Ya están en explotación yacimientos que representan el 30% de la producción global.

Hay un dato relevante, además de las reservas en el “triángulo del litio” –Bolivia, Chile y la Argentina–, y es que su extracción desde la naturaleza se hace en los salares. La explotación de este mineral estratégico para las baterías es mucho más barata cuando se lo obtiene allí.

La otra manera, más costosa, es obtenerlo de las rocas, que es como lo hace, por ejemplo, Australia. En el suroeste andino latinoamericano empezó a desarrollarse una oportunidad para extraer, exportar y también para industrializar el litio.

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De los tres países, el que tiene yacimientos con mayor cantidad es Bolivia, con 21 millones de toneladas (MdT), seguido por la Argentina, con 18 MdT y luego está Chile, con 9,6 MdT. Pese a estas estimaciones, el que más avanzó en la extracción y exportación es Chile, posicionado en este momento como el segundo productor global, con un 22% del total; detrás de Australia, que exporta casi el 50% del total global. El tercer exportador es China, que llega al 17%.

El gobierno chileno anunció un plan con una fuerte participación del Estado. Ese país cuenta con una historia sólida en la materia, ya que la explotación del cobre, principal producto de exportación, no fue privatizada ni siquiera durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Bolivia y la Argentina tuvieron vaivenes en materia de cómo explotar sus recursos minerales y de combustibles fósiles. En tanto que durante el gobierno de Evo Morales se estatizaron el gas y el petróleo, en la Argentina, la reforma constitucional de 1994 dejó en manos de los estados provinciales las maneras de sacar provecho de todos los recursos que estén bajo el suelo.

Varias provincias argentinas, como Jujuy, Catamarca y Salta, avanzan a paso firme en la extracción y exportación. Bolivia tiene una explotación menor, pero desde 2022, la empresa estatal Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), fabrica baterías de litio y cuenta con una planta de autos eléctricos. México está dando los primeros pasos de la exploración del litio y el magnate Elon Musk ya cuenta con la autorización para instalar una planta de autos Tesla en el norte del país.

La transición energética del uso de combustibles fósiles a los que no contaminan, como el hidrógeno verde, las energías solar y eólica, abrieron una ventana de oportunidad para la explotación del litio que los expertos cifran en por lo menos tres décadas.

Uno de los desafíos es cómo lograr la participación de empresas extranjeras con capacidad de inversión o volcarse directamente a tener financiamiento propio de cada país. En cualquier caso, el asunto de las normativas y alianzas es lograr que la mayor parte de la riqueza generada por la explotación del recurso se quede en sus países. Y, a renglón seguido, que las exportaciones no sean del mineral solo, sino de procesar el litio para los distintos usos que tiene.

El primer escollo es que las grandes compañías mineras, ya sean chinas, canadienses, australianas o de otro origen, cuentan con tecnologías, financiamiento y, además, una capacidad de lobby suficiente en la región, ya experimentada en la extracción de otros minerales, sea el oro, la plata, el hierro y el cobre, entre otros.

En la Argentina hay dos proyectos en operación, el de la estadounidense Livent y el de Sales de Jujuy, de la que participan las empresas Orocobre Limited y Toyota Tsusho Corporation, con participación del gobierno de Jujuy. El país tiene medio centenar de proyectos en fase de exploración y todos los gobiernos provinciales aspiran a industrializar. Además, la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) creó una división, YPF Litio, que participa en varios de los procesos en fase exploratoria.

En el caso de Bolivia, el presidente Luis Arce no buscó ninguna modificación del modelo estatal de Evo Morales y la exploración y explotación van de la mano del Estado nacional. A fines de enero de este año, la empresa estatal YLB firmó un convenio con el consorcio chino CBC para la instalación de dos complejos industriales en los salares de Uyuni, ubicado en Potosí, y en Coipasa, en Oruro.

Las autoridades bolivianas buscan la llamada Extracción Directa del Litio, una tecnología que permite disminuir el tiempo para la separación entre el litio y otros metales que están en las salinas desde donde se extrae el mineral, así como reducir gastos y disminuir el impacto ambiental. Pero aún esta forma está en etapa experimental. El gobierno de Arce aspira a exportar baterías de litio con materia prima boliviana en el primer trimestre de 2025.

Chile ya tiene un Plan Estratégico de Explotación del Litio, que fue anunciado a fines de abril por el presidente Gabriel Boric y propone una alianza entre el sector público y el privado. Hasta ahora, la explotación del recurso estuvo en manos de las empresas privadas Soquimich (SQM) y Albemarle.

Pero el plan de Boric apunta a cambiar el modelo. "El control lo tendrá el Estado", dijo el mandatario. "Cualquier privado, ya sea extranjero o local, que quiera explotar litio en Chile deberá asociarse con el Estado", apuntó. El plan busca que Chile exporte el litio con valor agregado y que el modelo de explotación sea de bajo impacto ambiental.

Las dos mineras que operan seguirán bajo los términos de sus contratos. SQM, cuyo contrato expira en 2030, dijo que espera llegar a un acuerdo para seguir produciendo el metal de baterías bajo el nuevo modelo. Albemarle tiene contrato hasta 2043. De todos modos, el proyecto de Boric debe pasar por el Congreso, de mayoría opositora al presidente, y habrá que ver cómo queda legislada una empresa nacional de litio.

En el horizonte de los países latinoamericanos con recursos de este mineral se abrió una ventana de oportunidad para industrializar el litio. La explotación minero-metalífera en la región tiene muchas más historias de beneficios para las empresas privadas que para la explotación estatal. Es más, muchos de los golpes de Estado del siglo XX tuvieron la participación directa o indirecta de los lobbies de las mineras y las petroleras.

Hoy no parece ese el escenario. Por ejemplo, la Toyota japonesa tiene varios proyectos, al menos en la Argentina, para ser parte de un proceso ajustado a las normas y con aceptación del rol del Estado.

Pero también es cierto que las baterías de litio que eventualmente se hagan en el sur latinoamericano están lejos de las grandes compañías fabricantes de vehículos. Sin embargo, la Argentina y Brasil tienen una historia fuerte de industria automotriz.

El caso de México, en ese sentido, corre con más ventajas. Por cercanía con los Estados Unidos, por su tratado de libre comercio y porque ya Elon Musk puso un pie más allá del Río Bravo. A principios de este año, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) anunció la creación de una empresa estatal de litio, LitioMx.

"Lo que estamos haciendo ahora es nacionalizar el litio para que no lo puedan explotar extranjeros, ni de Rusia, ni de China, ni de los Estados Unidos", dijo AMLO. LitioMx está negociando con firmas para concretar asociaciones público-privadas, según Pablo Taddei, director de la compañía pública, en una entrevista con Bloomberg.

"En una primera etapa, muy probablemente sea necesaria una asociación. También en la parte de manufactura de baterías", dijo Taddei. En algunos casos, LitioMx "puede ir sola", aclaró, pero en otros, buscaría asociarse con privados porque carece de la capacidad y tecnología para explotar yacimientos de arcillas de litio. "Es lo más complicado. En ese proceso definitivamente vamos en asociación público-privada".

Lo cierto es que la explotación de los salares de litio en América latina no son una quimera, sino que están en marcha y a una velocidad muy prometedora.

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