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7 de enero de 2012 20:17 hs

En plena asamblea de clubes, el presidente de Liverpool, José Luis Palma, paró la votación. Los derechos de TV de la selección uruguaya iban a ser vendidos a precio de remate. “En el Mundial no tenemos nada que perder y mucho por ganar”, argumentó el titular del club de Belvedere para lograr su cometido.
Uruguay se quedó hasta el último día en Sudáfrica. Su campaña fue impresionante. El país se volvió a poner al pie de la bandera. Fue el mojón para marcar el nuevo camino.
Meses después llegó la Copa América y se duplicó la ganancia. La celeste, en otra campaña para la historia, dejó por el camino nada menos que al dueño de casa en cuartos de final y se quedó con el título. El equipo de Tabárez pasó de precio regalo a un ejemplo a seguir. No había lugar en el mundo donde no se hablara del equipo del Maestro.
La Copa América se coronó con el premio Fair Play, que sirvió para terminar de borrar definitivamente una vieja imagen que se tenía del fútbol uruguayo, y con los premios individuales para Luis Suárez como el mejor jugador del torneo y Sebastián Coates consagrado el mejor jugador joven.
De ahí en adelante ya nada fue como antes. La celeste se cotizó y dejó atrás aquellos US$ 100 mil que se pedían por partido amistoso para pasar a cobrar medio millón de dólares.
El hecho es que los premios se triplicaron, por no decir que se multiplicaron y comenzaron a llegar las distinciones individuales que suman para el colectivo.
El Observador realizó el juego imaginario de ponerle un valor simbólico a cada premio del grupo del Maestro. Para no generar diferencias apostemos a un mismos precio simbólico de US$ 50 mil por cada éxito o nominación.
Y empecemos a sumar... La pasada semana, el entrenador de la selección uruguaya, Óscar Washington Tabárez, fue coronado como el mejor técnico de selecciones del mundo del año 2011. El Maestro le ganó a Vicente Del Bosque, entrenador de España que ganó el Mundial de Sudáfrica.
Diego Forlán brindó su aporte para el conjunto de la celeste. Convengamos que, hasta el último partido del Mundial de Brasil 2014, sigue siendo el mejor jugador del máximo torneo. Hace unos días, la Federación de Historia y Estadísticas lo incluyó en la nómina de los 10 mejores armadores de juego del mundo.
El mismo organismo premió al golero Fernando Mulsera como el mejor en su puesto de América y ocupa el sexto lugar en el mundo.
El último en ser considerado fue el minuano Sebastián Abreu, que ocupa el décimo puesto en el ranking de los mejores goleadores del mundo en actividad.
A todo esto se deben sumar los resultados que, en definitiva, son los que van construyendo esta mística ganadora.
Uruguay pasó de jugar con selecciones de segundo y tercer orden a enfrentar a los mejores del mundo, como pedía el entrenador. Entonces desfilaron Alemania, Holanda, Italia y se viene Rusia, y en el futuro flota la posibilidad de jugar con España.
Los resultados permitieron a su vez trepar al cuarto lugar del ranking de la FIFA. Jamás en la historia la celeste había alcanzado una posición similar.
Estos últimos dos puntos (calidad de los rivales y posición en el ranking FIFA) son elementos importantes para obtener réditos. Ni hablemos del título como mejor de América. Para la televisión, Uruguay pasó de producto de remate a producto de lujo.
Por si todo esto fuera poco, se sumaron algunas distinciones que no se toman en cuenta en esta suma imaginaria. A saber: Tabárez fue distinguido como Campeón del Deporte de la Unesco. Abreu, nominado como ciudadano ilustre de la ciudad de Rio de Janeiro, y Diego Forlán recibió la Orden de Isabel la Católica otorgada por el rey de España.
La cuenta imaginaria realizada por El Observador brinda un total de US$ 450.000 en premios grupales e individuales. Si a ello sumamos los US$ 500 mil que se piden por salir a jugar partidos amistosos, la cuenta cierra en un US$ 950 mil.
Evidentemente el tema es discutible y para la polémica. Habrá quienes piensen que la cotización de US$ 50 mil por logro o premiación es muy baja y otros que la considerarán elevada. Va a gusto del consumidor. Pero la realidad es que la celeste no para de recibir distinciones. Eso tiene un valor. El precio lo pone usted. l

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