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El robo del siglo: así es la película que pone a Francella en el rol del uruguayo Mario Vitette

La versión cinematográfica del asalto al banco Río de Acassuso, Buenos Aires, en 2006, es entretenida y eficaz

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16 de enero de 2020 a las 05:00

Parece una escena de película. Decenas de policías, con trajes camuflados, cascos, chalecos y escudos; un escuadrón de móviles de televisión, francotiradores en los techos, un negociador al teléfono y una tensión tan frágil como palpable, mientras todos los ojos miran al edificio del banco Río, sucursal Acassuso, un barrio del Gran Buenos Aires que es lo que Carrasco es a Montevideo. Adentro del banco hay seis ladrones y unos treinta rehenes. Abajo del banco, un túnel por el que se irán entre 9 y 25 millones de dólares. Parece una escena de película, porque lo es. Pero también fue una escena de la vida real.

El 13 de enero de 2006, una banda logró ejecutar uno de los robos más impresionantes de la historia reciente. No es casualidad que cerca del 14 aniversario de ese crimen se haya estrenado una película que retrata ese episodio. Porque es una historia que parece de ficción, salpicada de elementos delirantes y absurdos, pero ocurrió. Y que tiene un título grandilocuente, superlativo. Bien argentino. El robo del siglo.

Para los uruguayos, el asalto tiene un rostro conocido porque uno de sus responsables es local. El maragato Luis Mario Vitette se convirtió en una celebridad luego del robo. Ya durante el evento tuvo un rol protagónico al ser el que dialogó con la policía durante horas, demorándolos mientras sus compañeros vaciaban las cajas de seguridad y se llevaban el botín. Después fue multientrevistado y consultado por esa tarde en Acassuso, por ser supuestamente el “cerebro” del robo.

Pero la película muestra otra cosa. Vitette es una pieza clave del robo, pero no fue ni el que lo planificó ni el que lo lideró. Ese rol le correspondió a Fernando Araujo, un artista plástico y profesor de jiu-jitsu. En el filme, en el que ese personaje está interpretado con genialidad y carisma por Diego Peretti, una revelación prácticamente milagrosa lo lleva a desarrollar un plan maestro para darle un golpe al sistema y hacerle daño solo al banco, no a sus clientes.

Araujo no tenía ningún pasado criminal, al contrario que el uruguayo. Vitette jugó el rol del profesional, el criminal de carrera que tenía el conocimiento de lo ilegal, los contactos y que además, cuenta la película, fue el que puso el dinero para financiar todos los implementos y herramientas necesarias para ejecutar el plan. Es decir, fue una pieza clave, pero no la mente maestra que orquestó todo.

El rol del “hombre del traje gris” le corresponde a Guillermo Francella. Mientras que en sus roles dramáticos, como en El Clan o El secreto de sus ojos, el actor logró transformarse en la persona que interpretaba, acá es Francella haciendo de Francella, en su registro habitual del tipo que contrarresta con sarcasmo y comentarios hilarantes la incompetencia ajena. Aunque logra, por debajo de eso, un aura de amenaza y peligro.

La película además le adosa una subtrama “emotiva”, la relación con su hija, que se siente innecesaria. Y además, el propio Vitette se encargó de aclarar antes del estreno de la película que esa relación es pura y exclusiva ficción agregada con fines dramáticos. “Mi hija nunca participó de mi vida y mucho menos de mi vida delictiva”, declaró el ladrón al programa argentino Confrontados.

Por fuera de ese punto débil, la película cumple su misión de entretener, hace reír y está bien conducida por el director Ariel Winograd, que tiene en su currículum varias comedias exitosas del cine argentino de los últimos años, como Permitidos y Sin hijos. El guion, firmado por Alex Zito y el mismísimo Fernando Araujo, sigue el camino tradicional de la película de robos, el ya trillado por otras historias como La gran estafa, o para poner otro ejemplo argentino, la reciente La odisea de los giles. El líder de la banda tiene la idea, recluta a un equipo en el que cada miembro tiene una especialización, idea un cuidado y detallado plan, y todo ebulle en el golpe, que tiene sus lógicos imprevistos, y una serie de flashbacks que llevan a partes de la planificación no mostradas hasta ese momento para demostrar cómo se superan esos obstáculos.

 

Al equipo de El robo del siglo los ayuda que la historia del asalto homónimo tenga los condimentos ideales: los asaltantes le cantan el feliz cumpleaños a una anciana rehén, piden pizza y coca para todos los que están dentro del banco, y dejan un cartel al escapar que dice “En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es solo plata y no amores”.

Araujo les había dicho a sus cinco cómplices durante la preparación del asalto: “tenemos que ganarnos el clamor popular”. Y esa intención de robar a una institución bancaria, sabiendo que los clientes serían compensados, les ganó una cierta fama de ladrones buenos, que le ganaron al sistema y a la policía (al menos ese día).

“Se trató de un asalto lleno de detalles que lo hacen único; sin armas ni lastimados, el robo ideológico. El plan perfecto. Literatura, crimen, tango, cine, asaltantes, rock y el territorio prohibido. Los rebeldes. Un soplo de lirismo amoral en un tiempo donde descreemos de cualquier mecanismo estatal, político o ideológico", escribió Andrés Calamaro en la revista digital Nervio en 2019. El músico es apenas uno de los encantados por el robo.

Guillermo Francella interpreta al uruguayo Luis Mario Vitette

Pero el Araujo de la película lo aclara en una escena: “No somos Robin Hood”. Y aunque para la ficción son “los héroes”, el filme tampoco busca dejarlos como personas que hicieron algo correcto. Es cierto que también se pueda poner como contraargumento que el hecho de rodar este filme pueda indicar una glamourización del asalto. Pero, ¿quién no querría hacer una película con un robo que ni el mejor guionista podría haber ideado?

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