21 de septiembre de 2011 13:17 hs

Empezó como una especie de “ensayo social” de cada lunes para amigos músicos y no tanto. Juntadas alrededor de las diez de la noche que servían como excusa para que varios amigos se reunieran a escuchar a algunos músicos de Hereford y Snake con la excusa de meterse con las canciones que marcaron el grueso de su influencia rockera: Pearl Jam, Soundgarden, Foo Fighters, entre otros.

A eso suena y mucho Sube y baja, el producto en disco de un proyecto al que se le sigue sintiendo el tono relajado, principalmente en el sano reconocimiento de que las influencias son las que son y no otras, de la ausencia de pretenciosidad. Aun así, este es el caso de un grupo que comenzó como un chiste que (a pesar de las risas de sus integrantes en la foto) ya no lo es tanto.

Para sus primeros conciertos, el bajista Frankie Lampariello mandaba cadenas de mails y publicaba pósters con las cabezas de los músicos de la banda en cuerpos de bailarinas o bebés. Hoy los Hermanos Brother son algo más que un descontracturante proyecto paralelo. La prueba mayor de esto son las doce canciones de este primer disco y el concierto en La Trastienda que darán mañana. Es su primera experiencia en un local de convocatoria más masiva que otros escenarios que hasta ahora eran más naturales para el quinteto, como Bluzz Live o El Tartamudo.

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“A todos nos pasa que necesitábamos liberar vapor respetando el sonido de nuestras bandas. Nunca fue deliberado empezar con este grupo a buscar eso porque nunca esto es tan consciente, pero se fue encontrando”, explicó Lampariello, quien junto a su compañero de banda en Hereford, Rodrigo Trobo, se sumó a Miguel Bestard y Mikael Boudakián (Snake) y a Claudio Pintos (Cabrón) hace un par de años. Bestard, con bastante incidencia en estas primeras canciones de la banda, dejó el grupo hace unos siete meses y se fue a probar suerte a Londres, momento en que fue reemplazado por Federico Navarro, que además de ser parte de Snake tiene muchos años como músico de sesión, trabajando cerca de músicos como Rubén Rada.

Como suele suceder en estos casos, que músicos con un público y una determinada presencia vuelvan algunos pasos hacia atrás les permite comparar realidades: “Cuesta mucho más tener una banda chica. No es fácil salir a tocar y hay mucha competencia, mucha gente que lo hace toca gratis”, comentó Navarro, quien empezó a tocar con 13 años invitado por la banda de Lampariello. “Arrancar de cero siempre fue difícil en este país, pero alrededor del año 95 pasaba otra cosa: había menos bandas y eran muy buenas. Además, había muchos lugares. Entonces aumentaban las posibilidades de tocar. Ahora es otra realidad: está lleno de bandas no necesariamente todas buenas, y hay menos lugares”, aseguró Lampariello. l

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