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15 de abril de 2012 19:34 hs

Pocas cosas en el fútbol revelan tanto como el murmullo de la tribuna. Sinónimo de inseguridad. Demostración de intranquilidad. Prueba de disconformidad. Y el Parque convive con el rumor. Se instaló en el arco. Entonces, cada vez que la pelota va sobre la valla defendida por Leonardo Burián, el murmullo recorre las escaleras.

Es una duda, una mala salida, una indecisión, un rebote o un gol y el sinónimo de inseguridad quedará instalado en el común denominador de la gente. Nacional lo está padeciendo. Desde que se fue Rodrigo Muñoz fueron pocas las tarde de seguridad y se padecieron más las de intranquilidad. El tema es que con el paso de los días el síndrome se fue reproduciendo y, vistas las cartas, las dudas con el arco de Nacional parecen estar ganando la batalla. Entonces se genera una especie de pérdida de confianza en el protagonista.

Después de una serie de errores cometidos contra Bella Vista, parecía que era el turno de Jorge Bava. Sin embargo, el técnico Marcelo Gallardo renovó la confianza en Burián. Pero el voto de confianza se derrumbó de inmediato para los parciales que asistieron el Parque.

Es que a los seis minutos Núñez le metió una pelota larga a Héctor Acuña que corrió desde casi la mitad de la cancha en procura del arco tricolor. En ese instante el golero debe decidir. No hay consejero al que se pueda apelar. Es uno con su pensamiento. Y Burián decidió salir a achicar. Fue muy lejos, sin protección alguna. Romario lo eludió y tocó mal al arco pero la diosa fortuna permitió que el balón entrara sin ser interceptado por Rolín. Adiós tranquilidad. A partir de ese momento el murmullo de la tribuna se instalaba en el arco del golero albo.

Para colmo un minuto después el propio Acuña apuró a Rolín que terminó ganando el mano a mano. El zaguero tenía la opción de pasar atrás, situación que le hizo ver Burián a modo de recriminación. Pero la inseguridad ya estaba instalada y el zaguero optó por restar.

A los 19 minutos el uno bolso salió otra vez a achicar y, si bien ahogó a Núñez, quedó la sensación de la duda porque el volante de Cerrito ser la tiró por arriba y el balón se perdió afuera. Otra vez murmullo, acompañado por la acústica de alguna recriminación de los hinchas al golero. No fueron todas malas, en ese primer tiempo también salvó un mano a mano con Acuña.

Diga que en el segundo tiempo el uno tricolor se transformó en un simple espectador porque Cerrito no llegó jamás contra su arco pero así y todo en los minutos finales el equipo salía del fondo con pases entre los defensas y cuando se equivocó al pasar con el pie no faltó quien le recriminara.

El equipo de Gallardo se terminó floreando ante un desflecado Cerrito, lo que permitió que Burián pasara a ocupar un lugar secundario para los ojos de los hinchas. Pero el síndrome del arco está instalado en Nacional. Queda la sensación de que Burián, tantas veces ponderado por sus actuaciones, necesita una actuación convincente para volver a despertar la confianza perdida de lo contrario tendrá que aprender a convivir con el murmullo de la tribuna.

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