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El susto del sobrio

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05 de noviembre de 2019 a las 05:01

Tras las elecciones del 27 de octubre el liderazgo del Frente Amplio (FA) y su militancia han dado muestras de tener miedo a perder el poder.

El hecho de que el candidato del Partido Nacional (PN) esté hoy dominando el partido en disputa es algo a lo que ni la cúpula del FA ni su militancia estaban acostumbrados. Durante los últimos 15 años el frenteamplista adquirió una auto percepción de que el mundo se mira con sus ojos, se siente con su piel, y se piensa desde su cabeza y que, si hay otras miradas, otras sensibilidades, y percepciones están equivocadas y mal.

La disyuntiva de perder el poder, la fuerte votación de la oposición y la rápida formación de una coalición multicolor para el cambio los ha hecho caer en la cuenta de que efectivamente pueden perder. La urna ya les quitó las mayorías parlamentarias y casi un 50% de la población les dijo que rechazan las equivocadas políticas de seguridad públicas del ministro Eduardo Bonomi, sostenidas caprichosamente contra viento y marea pese a las advertencias de la ciudadanía.

Por más que los vientos que soplan en Uruguay traen olor a cambio, la elección del presidente está abierta. Según varios analistas el favorito para ganar la contienda presidencial y quien está mejor parado en la cancha es Luis Lacalle Pou, algo que la opinión pública percibe.

Esa percepción intangible determinó cambios urgentes en el comando de campaña del candidato oficialista Daniel Martínez y una desordenada activación de la militancia de base que el fin de semana utilizando el método del timbrazo –algo muy usado por Mauricio Macri en Argentina– salió a intentar convencer gente para votar al elegido de la izquierda.

Por estas horas se escuchan testimonios de personas que amablemente escucharon a los militantes del FA intentar convencerlos, y que les devolvieron una visión crítica y negativa de la gestión de 15 años con mayorías parlamentarias. Por su lado, senadores electos y prominentes figuras del Ejecutivo aparecen en las redes sociales agitando miedos, anunciando convulsión social, pérdida de derechos, tiempos oscuros en caso de perder el gobierno.

La pregunta es: ¿Por qué tanto miedo a eventualmente perder las elecciones? Al fin y al cabo, estamos en una de las democracias más plenas del mundo. La separación de poderes funciona, la prensa es libre, el Parlamento es la caja de resonancia de diversas ideologías y sectores, no hay dudas sobre la transparencia del proceso electoral y comparado con el resto del continente americano somos un oasis de respeto a la institucionalidad, al debate político y la estabilidad.

En toda democracia que se precie de tal la alternancia de partidos en el poder no es algo malo, hace a su  buena salud. La elección de un nuevo gobierno siempre trae variantes en los nombres en las cúpulas de los ministerios, incorporación de nuevos enfoques para abordar los temas acuciantes de la ciudadanía, cambios de orientaciones de políticas públicas para alcanzar mejores objetivos, incorporación de temas ignorados en la agenda y sangre nueva para servir al país.

Por todo eso resulta inconcebible el susto que transmite el frenteamplista ante la eventualidad de perder el gobierno. Todos los uruguayos tienen que estar tranquilos: es la democracia que está viva. Nada que temer.

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