El presidente Mujica hizo dos promesas cuando forzó la legalización de la marihuana, dándole la espalda al 60% de la población que, según las encuestas, estaba en contra. Una fue comprometerse a dar marcha atrás si comprobaba que se había equivocado en su estimación de que abatiría el consumo global de estupefacientes, especialmente de la pasta base. La otra fue asegurar que no se produciría un “viva la Pepa” de consumo desmesurado. Varios meses después de la entrada en vigencia de la ley y de su reglamentación, las bocas que expenden la fatídica pasta base siguen operando y no hay información alguna de que haya bajado su consumo, lo que desvirtúa la esperanza presidencial de combate efectivo a la droga.
El “viva la pepa” marihuanero
Es evidente que Mujica erró al atribuirle ventajas a la legalización de la marihuana