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7 de octubre de 2011 22:03 hs

"Somos 15 contra 15 en 80 minutos”. La máxima, que tiene mucho de futbolera, es repetida casi hasta la obsesión por los jugadores argentinos, que este domingo a la hora 5.30 se enfrentan a una tarea casi imposible: ganarle a los All Blacks, que organizaron su Mundial para ganarlo y que vienen siendo el mejor equipo del torneo.

Los números asustan. Nueva Zelanda ganó el 74,8% de los test matchs que disputó a lo largo de su historia. Además, de 26 duelos con Argentina, los All Blacks se impusieron en 24, y el resto fueron dos empates, uno en 1986 y otro en 2001, los dos en Buenos Aires. ¿Más cifras? Como local, Nueva Zelanda perdió solo cuatro partidos en los últimos 10 años.

Contra todos esos datos lucha un equipo argentino que tiene tanto coraje como siempre, aunque en preparación sigue sufriendo las mismas inequidades que siempre ha padecido el rugby albiceleste, que han hecho que el XV titular del domingo tenga la mitad de partidos internacionales que su rival.

Y en cuanto a jugadores, la generación dorada que logró el bronce en 2007 ha dejado paso a un equipo joven y en el cual muchos jugadores están teniendo su primera experiencia internacional. Son demasiados ítems para no apostar por los All Blacks.

Sin embargo, los argentinos repiten hasta el hartazgo que tienen estudiados los puntos débiles de los neozelandeses; por ejemplo, cuando se largan a jugar en el espacio abierto y dejan huecos.

Del otro lado, se puede decir que Nueva Zelanda llega siempre como el mejor equipo del mundo en todos los rubros; hasta en el scrum, donde alguna vez Argentina fue una voz autorizada.

Pero quizá su mayor esperanza sea extra táctica: históricamente, los neozelandeses han fallado en momentos decisivos. Por algo, a pesar de ser el mejor equipo del planeta, solo pudieron quedarse con un solo mundial, en 1987 cuando fueron locales. En 1995 fue la Sudáfrica de Mandela; en 1999 y 2007 fue Francia el que se encargó de eliminarlos.

Ese peso de la responsabilidad neozelandesa se enfrenta a otra gran incógnita: ¿Pesará a favor o en contra el hecho de ser local? Para el público de la isla, que vive el rugby con una pasión solo comparable a la que se vive en Sudamérica con el fútbol, una derrota sería un Maracanazo. Esa ansiedad es la que intentarán utilizar Los Pumas, para obrar el milagro.

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