Una final de América, independientemente del resultado es una final de América, aunque el sabor de boca del día después esté ligado al resultado a la larga se impone el valor agregado de haber llegado al partido número 138 de la Copa Santander Libertadores. El marketing y el merchandising en ebullición. El padrón social trepando a niveles históricos y registros imposibles de imaginar no hace muchos años en el fútbol uruguayo. El semillero de juveniles produciendo a buen ritmo y la industria sin chimeneas, como solía definir el contador José Pedro Damiani al fútbol, trabajando a pleno. Ese escenario, favorable y auspicioso, diferente al deficitario y negativo que arrastraba, le ofrece a Peñarol la oportunidad de comenzar a administrar éxitos y balances favorables.
“Es una experiencia extraordinaria la que estamos viviendo ahora. Cuando con Juan Pedro (Damiani) dijimos vamos a agarrar esta responsabilidad nos enfrentamos a una situación extrema, porque el club estaba peor de lo que pensábamos y había situaciones que no eran sensibles a la vista”, explicó el vicepresidente aurinegro, Edgard Welker, a El Observador para ubicar el contexto del club que recibieron en 2009 y el que surca las canchas de América en la actualidad.
“Pusimos mucho dinero y la cara para salir del pozo, y recibimos todo tipo de agresiones, verbales, físicas… pero hoy te encontrás con esta recompensa, que no solo está enfocada en el éxito momentáneo sino en el crecimiento integral del club”, expresa con orgullo.
La situación económica y financiera de Peñarol hasta no hace mucho reflejaba un pasivo que, se estima, trepó a los US$ 12 millones y obligó a Welker y al presidente Damiani a poner dinero personal para que el club cumpliera los compromisos asumidos y que la falta de pagos no derivara en medidas de fuerzas de los jugadores y conflictos mayores. Pero los éxitos deportivos trajeron consigo ingresos frescos que disminuyeron los números rojos.
Peñarol cerró la Copa con ingresos que rondaron los US$ 7.000.000 por concepto de recaudaciones, ingresos de televisión y premios que otorga la Confederación Sudamericana de Fútbol, estimaron fuentes del club. Ese ingreso no fue exclusivo para las arcas de la institución, porque compartió con sus socios, los jugadores, parte de las ganancias. De todas formas, el club encontró dinero fresco.
“En el futuro no habrá que esperar 24 años para volver a soñar con ver a Peñarol en otra final, porque de aquí para delante el club no estará pendiente del dinero que puedan aportar algunos dirigentes para sobrevivir. Con el crecimiento social que vive la institución se logró un equilibrio en sus ingresos y a partir de ahora también se logrará bajar el pasivo”, agregó el vicepresidente.
El padrón social superó los 45 mil socios (el lunes cerraron con 45.013) y ahora está en el orden administrativo que le pusieron los gerentes el secreto para seguir cautivando a los hinchas, que se integran al padrón social seducidos por los éxitos, para que no se vayan ante el primer revolcón.
Con los ingresos por socios que equilibran las finanzas y permiten a los dirigentes hablar de ganancias, según Welker, Peñarol se frota las manos porque ingresará en días de cosecha con la venta de jugadores y sus derechos de formación, porque los resultados en la Copa Libertadores cotizaron a los jugadores, le abrieron al club las puertas de Europa –a donde Peñarol retornará para jugar amistosos en julio en Portugal, España e Italia- y promovieron nuevos ingresos.
“El fútbol es increíble, en cuatro meses pasás de estar fundido a solucionar todos los problemas”, comentó el sábado Diego Aguirre a El Observador. Y así es la historia. Con este envión, el tema ahora pasa por encontrar el punto de equilibrio para que ese movimiento pendular no se vaya a los extremos.