26 de septiembre de 2012 19:17 hs

El 24 de mayo Edith Onetto salió como todos los días a hacer los mandados. Un parlante advertía al barrio que a partir del día siguiente quedaba "prohibido" el tránsito de vehículos y peatones en el acceso más cercano a su casa. Al otro día, sin retraso, se levantó un cerco de malla alambrada de tres metros de altura. La primera sensación que tuvo era que pasaba a vivir "en un ghetto".

La construcción de la escuela Nº 268 obstruyó la única salida que tenían 158 familias de las torres L, LL, H, J e I del complejo Euskal Erría 71. El corte los dejó encerrados desde entonces y a merced de que pase una desgracia ya que no puedan acudir ni ambulancias ni otros servicios. Desde la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM), la Administración de Educación Pública (ANEP), ni desde la Agencia Nacional de Vivienda (ANV) se les brinda una solución.

Para acceder a estas cinco torres hay que hacerlo por la empinada escalera de Emilio Castelar y por las rampas y escalones que a 200 metros conducen a un estacionamiento sobre Palma de Mallorca. Las rampas, además, fueron diseñadas para salvar los desniveles del terreno pero no para ser usada por personas en sillas de ruedas, por ejemplo (ver foto tomada desde arriba).

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Ésa es una prueba de resistencia que practican varios vecinos que tienen discapacidades motrices. Una vecina tiene que pedir ayuda para que alguien la ayude a transitar por las rampas porque la pendiente es tan pronunciada que no puede maniobrar la silla de ruedas. Otra señora, enferma de cáncer y que depende de muletas para caminar por sus problemas de cadera, tiene que pedir asistencia para subir y bajar la escalera. Antes de que cortaran la calle, tomaba un taxi en la puerta del edificio.

Edith, vecina de la torre L, lo sabe por experiencia. Hace unos días fue internada por congestión. Hacía frío y la ambulancia se estacionó en Mallorca. Los enfermeros la sacaron en silla de ruedas y a los tumbos. Si hubiese tenido un paro cardíaco, no contaba el cuento.
Hace unas semanas falleció un vecino. La funeraria se estacionó en Castelar. Los vecinos dicen que fue una escena dantesca. El cuerpo se caía de la camilla mientras lo subían por la escalera.

Bomberos realizó una inspección y determinó que los vecinos están “aislados y alejados de una buena respuesta ante una emergencia”. Sus vehículos no se pueden apostar a menos de 100 metros de los edificios (separados por irregularidades del terreno de hasta cuatro metros de altura), por lo que recomendó el “retiro inmediato” del cerco y que se “revea” el diseño y la disposición física de la escuela.

La situación se ve agravada porque las torres no tienen siquiera extintores. Bomberos propuso instrumentar una rampa desde Castelar hasta la entrada de dos de las torres pero ni la ANEP ni la ANV se dieron por enteradas.

El director general del Consejo de Primaria, Héctor Florit, dijo al programa En la mira de VTV que la escuela no se moverá de ese lugar, puesto que, para empezar, el lugar ya estaba designado desde la construcción misma del complejo y no hay otro terreno disponible, y además, porque la obra está avanzada. “No podemos destinar dineros a otras alternativas”, afirmó. Misma respuesta dio para el acceso que reclaman los vecinos. No obstante, ese pasaje figura al lado de la escuela en los planos originales.

Los vecinos consultaron con un abogado la posibilidad de presentar un recurso de amparo pero desestimaron seguir adelante. Debían pagar $ 16.000 por el primer escrito y les resultó imposible reunir el dinero. La vía que les queda es la recolección de firmas.

Ninguna de las opciones que propusieron los vecinos ante la ANV tuvo acogida. Una de ellas es retirar parte de las áreas verdes que circundan la futura escuela y emparejar el terraplén para tener una vía exclusiva para vehículos de emergencia y servicios de forma paralela a Castelar. La respuesta fue no. “Tres metros y buena voluntad y ya estaba”, dijo Edith.
“La intendencia dice que no es su problema, que lo tiene que hacer el complejo pero la comisión no tiene dinero”, se quejó otra vecina de la torre L. Tampoco fue recibida la idea del edil herrerista Miguel Di Ruocco de abrir un pasaje alternativo entre Palma de Mallorca y las torres.

Los vecinos se preguntan quién será el responsable en caso que se produzca una emergencia.

Además, uno de los muros laterales de la futura escuela de dos pisos quedará a pocos metros de las torres L y LL. Los primeros pisos perderán la vista y la iluminación. Estarán tan cerca que, para Edith, la clase de idioma español o de matemáticas se dará en el living de su casa. “Queda como un pozo de aire”, ejemplificó. Para evitarlo la obra podría haber construido el patio para ese lado.

Las empresas de supergas resolvieron enviar a dos trabajadores por camión. Uno lleva la garrafa hasta el apartamento y el otro se queda en el vehículo para evitar robos. Esta solución llegó después de la amenaza de quedarse sin servicio.

“Es una zona conflictiva”, se le explicó a una vecina de la torre L cuando pidió una recarga. Cuando se cerró el acceso, se comunicó a los vecinos que ellos mismos tendrían que ir hasta el camión, a media cuadra de distancia, subir 17 escalones y llevarse su garrafa al hombro. Al final se zanjó que el esfuerzo lo hicieran los trabajadores. “Es una cosa inhumana”, reflexionó Gladys Malaespina.

Otro problema es que el cadete de la farmacia no quiera llevar el pedido. Se arriesga a no encontrar la moto a su regreso, relataron los vecinos.

Los hurtos en la zona obligaron al complejo Vicman, del otro lado de Castelar, a cerrar sus portones entre las 19 y las 6 horas. De esta manera, los vecinos de Euskal Erría 71 también perdieron la forma de acortar el pasaje hacia Camino Carrasco. Otra vecina indicó que, cuando cae el sol, hay que caminar más. “Es una vuelta terrorífica”, ilustró.

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