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24 de noviembre de 2011 20:39 hs

Cuantas sensaciones le regala el mes de noviembre a Antonio Pacheco.

El destino le deparó enfrentar al equipo de su vida: Peñarol.

Fue una semana tremendamente particular. Lo vivió con la ansiedad a flor de piel. Con ese sentimiento de no saber cuantas emociones estaría dispuesto a recibir.

En la calle vivió todo tipo de situaciones. Gente que lo paró para pedirle un autógrafo y lo de siempre, los ruegos para que vuelva, como si de él dependiera.

Y luego un domingo de fútbol. Pero no uno más. Fue llegar al Estadio y meterse en el vestuario visitante. No ver a las mismas caras con las que compartió tantos años. Ya no estaba Germinal López para asegurarle la cinta de capitán en el brazo.

Salir a la cancha fue la tarea más compleja. La imagen de Pacheco mirando al cielo emocionado fue elocuente.

La gente coreando su apellido. El ingreso de un hincha para abrazarlo. Llevarse la camiseta. Y para colmo la victoria de Wanderers, su nuevo club.

Una semana más tarde Pacheco se sentó frente al televisor como uno más. A mirar el clásico. ¡Quién iba a decirlo! Pacheco mirando el clásico por televisión... Pero así lo marcó el destino. Y lo sufrió como todos los hinchas de Peñarol. El gol en la hora fue una puñalada.

El lunes pasado inició una nueva semana. Su equipo había vencido 3-1 a Cerrito y lentamente la tranquilidad va volviendo al Prado.

Pero interiormente Pacheco sabía, cuando pisó el Viera en procura de su ropa de entrenamiento, que no era una semana más. Otra vez la adrenalina. Otra vez la gente. Otra vez la prensa que llegó en contadas ocasiones.

Pacheco cierra el mes enfrentando nada más ni nadamenos que a Nacional. Y no es un partido cualquiera. Es el partido que puede marcar el rumbo del campeonato.

Es el juego que puede determinar que exista un campeón. Es el duelo donde puede brindarle chance al equipo del que es hincha. Es el partido donde se pone la ropa de verdugo.

Y ahí está Pacheco. Viviendo lo que pensó que se terminaba cuando salió de Peñarol.
Los hinchas aurinegros encomendados a Tony como tantas veces sucedió.

Es que es una de las últimas oportunidades que tienen de meterse nuevamente en la pelea y salvar, en parte, la catástrofe del clásico.

Si Pacheco los salva los hinchas tendrán motivos para salir a discutir a la calle con los bolsos como ocurre en un país donde el fútbol se vive con extraña intensidad.

Qué increíble es el fútbol. Pacheco, que se tuvo que ir con una mano atrás y otra adelante de Peñarol pese a vestir durante tantos años la ropa de ídolo y referente, tiene en sus pies gran parte del destino de los aurinegros en el campeonato.

Esta semana los pedidos en la calle se multiplicaron. Pacheco pasó a ser una especie de salvador. Y todos sueñan con el tiro libre en la hora.

Y Pacheco, que también tiene el sentimiento de hincha, interiormente debe sentir la misma sed de venganza pese a que, profesionalmente, no lo admita públicamente.

No será un domingo más para Pacheco. Es el día donde llevará la ropa de verdugo al Centenario.

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