El Observador | Daniel Supervielle

Por  Daniel Supervielle

Periodista, analista, director de comunicación estratégica y política de CERES
29 de julio de 2023 5:04 hs

La diputada Cristina Lustemberg es el salmón de la política nacional. Nadando a contracorriente de lo que indica el patrón dominante de polarización, logró apoyos de todos los partidos al presentar un proyecto de Ley de Garantías a la Primera Infancia, Infancia y Adolescencia. Honrando las mejores tradiciones republicanas del Uruguay fue recibida y apoyada por el presidente de la República y otros líderes. 
En el mismo plantea el desafío que tiene el Estado uruguayo de articular las reparticiones y el presupuesto nacional que se destina a la población más vulnerable de la sociedad para lograr el objetivo de realmente incidir positivamente en la vida de estos niños y adolescentes y así asegurarles un futuro digno. 

Los datos que maneja son tan fríos como espeluznantes: 157.000 niños y adolescentes viven en Uruguay bajo la línea de pobreza y más de 30.000 en viviendas precarias sin saneamiento, ni piso digno. Unos 7.500 sufren maltratos. Un porcentaje de ellos tiene problemas para alimentarse correctamente todos los días del año. El problema de la pobreza aguda y las consecuencias para el resto de la vida de los niños que nacen en esos hogares del quintil más bajo es estructural. 

Luego de escuchar los argumentos de la legisladora frenteamplista resulta irrelevante encontrar responsables para atrás porque no soluciona un problema de diseño y gestión, pero sí pasa a ser relevante la asunción colectiva del desafío y tener el coraje de querer cambiar el curso de la historia. 

Ni antes ni ahora se puede saber si las bienintencionadas cifras del presupuesto nacional que se destinan a la población más vulnerable de los sectores menos privilegiados cumplen con su objetivo. 

Las distintas reparticiones del Estado a cargo de la problemática de la niñez y la adolescencia, sean del MSP, MIDES, INAU, ANEP, BPS, etc., pelean por sus cuotas en el Ministerio de Economía y Finanzas, pero les cuesta un Brasil trabajar coordinadamente, traspasar datos y tener capacidad de evaluar impactos integrales y generar políticas públicas en su conjunto.

El viejo Estado uruguayo, tan fragmentado como intocable, se defiende a sí mismo por instinto y por impericia o egoísmo carece de la capacidad de poder trasvasar en tiempo y forma las ratios de acción predeterminados institucionalmente para poder hacer lo que se necesita: encarar la temática de la pobreza y marginalidad infantil coordinadamente como un todo y no por partes. 

La solución no es económica, ni es más presupuesto, que ya lo tiene: es política. Cien por ciento política. Asumirlo pasa a ser parte de la solución y cuanto más se demore en hacerlo, peor. Los niños de hoy sufrirán de adultos las consecuencias de no haber actuado a la altura del problema. El que pierde es el país.

En diciembre de 2020 se remitió al Poder Legislativo un proyecto de Ley para la creación de la Agencia Espacial Uruguaya.

Sobran los motivos para hacerlo teniendo en cuenta que la actividad donde orbitan satélites y desde donde se estudian los fenómenos del espacio es cada vez mayor y en cuyos emprendimientos e inventos se gastan presupuestos billonarios, tanto del sector público como del privado.

¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra? En ambos casos estamos hablando del futuro del Uruguay.

En Emiratos Árabes Unidos desde la primera escolaridad se les explica a los niños que, para el centenario de su independencia, en 2071, los ciudadanos de ese pequeño reino sobre el Golfo Arábico deben imaginarse viviendo en el Espacio. 

Literalmente: proyectan que una colonia de emiratíes habite a más de 100 kilómetros de La Tierra. Y no es ciencia ficción. 

Desde muy pequeños se instruye en las escuelas a formar a las nuevas generaciones para que esa posibilidad sea realidad. Los planes de estudios continúan en la universidad. En maestrías y doctorados se fomenta la opción de materias que les permitan poder sobrevivir en el desierto —las condiciones de aridez y calor son extremas— sin petróleo y en el espacio exterior.

Es oportuno recordar que, a mediados del siglo pasado, las tribus que habitaban las dunas de los emiratos eran nómades y pescaban perlas. Luego apareció el petróleo que en unas décadas se va a terminar.

Para proyectar la idea de vivir en la estratósfera dentro de 50 años, se inauguró en febrero de 2021 el Museo del Futuro. Un edificio de vanguardia, sin pilares y autosustentable energéticamente. Tiene la forma de una “O” alargada. 

Allí los emiratíes imaginaron el futuro en el que quieren vivir. Luego de pagar la entrada se invita al visitante a un viaje a la misión espacial emiratí; se accede a un ascensor tridimensional que a velocidad símil a la de la luz se va alejando del puerto de Dubái hasta llegar en un minuto a una estación en órbita. Se abre la puerta y un astronauta emiratí recibe a los visitantes como si estuviera en 2071.

Allí empieza un recorrido fascinante por los inventos y la visión emiratí del mundo del futuro cercano donde mediante la ingeniería, la biología y la ciencia puesta al servicio del desarrollo se encuentran plantas que crecen en el desierto, se descubren técnicas para formar agua dulce, ciudades inteligentes y todas las ocurrencias que se puedan imaginar.

La sensación de estar orbitando en el espacio está tan bien lograda que luego de media hora recorriendo se pierde la noción de que es una experiencia museística. Al ver un cactus verde con flores turquesas de donde mana agua, el visitante cree que es de verdad y pregunta adónde se vende. Un joven guía con traje plateado tuvo que aclarar, con mucha discreción, que ese cactus era “parte de la muestra”. Que en realidad no existía, que no se había inventado… aún.  

La bienvenida creación de la Agencia Espacial Uruguay evidencia los desafíos del país de las distintas velocidades. Por un lado, es más que consciente que el avance de la ciencia, las comunicaciones y la investigación obligan a Uruguay a tener una visión que va más allá de nuestras fronteras terrestres y marítimas: hay que pensarse también en el espacio, por el otro tiene que encarar el grave problema de la infancia postergada y marginal. 

La creación de la Agencia Espacial Uruguaya y el proyecto de Lustemberg a priori no tienen nada que ver, pero en el fondo sí: para poder tener un futuro hay que lograr subir a la sociedad a los niños y adolescentes que están quedando inexorablemente afuera del siglo XXI.

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