La obra de Pablo Picasso es inagotable y la consideración que merece alcanza todas las dimensiones y acepta todas las interpretaciones. Su muerte, hace 40 años, no hizo sino aumentar el interés por su figura gigantesca.
En su trabajo, tan continuo como denso, pasó del clasicismo y tradicionalismo de sus primeros años al surrealismo y el cubismo, y es la inspiración más o menos confesa de unos cuantos “ismos” más. Sus aventuras pictóricas modernistas y clásicas han sido estudiadas y criticadas hasta la náusea en todos los idiomas que se manejan en el planeta.
La calidad de su trabajo, además, es intuitiva para el público. No hace falta haber estudiado nada para sentir esa emoción indefinible que se da en llamar “goce estético” ante cada una de sus pinturas. De cualquiera de sus épocas.
Su fama se cimentó en vida, y entonces fue un personaje él mismo, al que se le endilga una serie interminable de anécdotas, de las cuales es a veces muy difícil discernir verdad de leyenda.
El crítico de arte y curador uruguayo Fernando Loustaunau entiende que la vastedad del tema es inabarcable y decide concentrarse en dos obras fundamentales, de las tantas obras fundamentales del artista: Las señoritas de Aviñón (1907) y el Guernica (1937).
“Se puede decir que hay muchos Picassos, no sólo por su dinámica artística, sus mudanzas de ciudades, su larga existencia. Hasta por su condición de español en un exilio que ocupa casi la vida toda. Pensemos en que Picasso no llegó a ver a Franco muerto”, indica Loustaunau.
“Se señala al Museo de Etnografía parisino como la fuente del arte ´no-occidental´ en Picasso. Allá por 1907 el pintor se fascina con piezas oceánicas y africanas. Ello acaso altera el proyecto de Las señoritas de Aviñón, obra que venía pergeñando desde mucho antes. En esta pieza clave las deformaciones angulares y las miradas fijas de las máscaras africanas describen acaso un mundo prostibular”, explica el curador uruguayo.
Las señoritas
Loustaunau se refiere al carácter revolucionario de la esa tela de principios del Siglo XX: “Las señoritas... de algún modo proclaman un nuevo modelo antirrepresentacional de la forma, de la conformación. Por cierto, todo lo anotado hay que enmarcarlo en un panorama profundamente dinámico de la plástica, que podríamos llamar la crisis de la representación”.
El crítico de arte uruguayo señala que “por obvio que parezca, la aparición de lo que hoy llamamos fotografía (por 1840) hace que aquello que se llamaba ´realidad´ en pintura, se volviera particularmente obsoleto. Una inflexión representó Cézanne, quien sin desechar el realismo, lo interpretó insertando la incertidumbre en nuestra percepción”.
Loustaunau entiende que esta obra es parte de la fundación del cubismo, ese movimiento que quedó para siempre asociado a Picasso: “El cubismo es residual a varios elementos, los anotados y otros. Se desencadena por Las señoritas... y es el triunfo, aunque pasajero, de figuras abstraídas, desnaturalizadas, intraducibles desde una percepción convencional”.
Guernica
Otro punto clave es el Guernica, de acuerdo a Loustaunau. “Para Picasso fue una ocasión de aggiornarse con lo que había pasado en su país de origen. Hay que tener en cuenta que cuando acontece la efímera República, Picasso llevaba años radicado en Francia de modo permanente, y al principio no pareció muy interesado por la inédita democracia española.
Pero al iniciarse la Guerra Civil se establecen puentes con su país. Finalmente el Guernica surge por encargo de personalidades españolas, entre las que se encuentra José Bergamín, quien luego viviría su exilio montevideano”.
Loustaunau cuenta que España pagó por el cuadro y ello le permitió décadas después reclamarlo y por eso está en Madrid. “Guernica sirvió para que el conflicto español tomara aún más presencia internacional, convirtiéndose en una sinopsis de la segunda guerra. Todo lleva a pensar que Picasso, amén de haber sido un extraordinario artista plástico, fue un hombre con gran olfato para captar lo políticamente correcto. O sea, no sólo supo intuir la atmósfera dominante en el arte de su tiempo (plasmándolo en piezas maestras), sino que logró nuevas síntesis, logró que su arte fuera inconfundiblemente Picasso”,
A su vez, y más allá del arte, señala el curador, “Picasso fue un hábil propagador de su mundo plástico. No sabemos cuánto hay de voluntario o involuntario, pero Guernica le sirvió no sólo para ser un genial pintor, sino para estar a tono, en sintonía con un episodio bélico fundamental. Guernica humanizó la figura de Picasso al menos desde una lectura superficial del hecho”.
“No podemos dejar de pensar de ver en Picasso a un hombre muy hábil, que manejó muy bien las relaciones públicas y que se mantuvo siempre en el lugar apropiado”, agrega Loustaunau, aludiendo a un aspecto que tiene que ver con la fascinación que el artista ejerció durante toda su vida: la profunda conciencia de sí mismo que tenía, alejado de ese otro estereotipo del artista sumergido en su mundo e incapaz o apenas capaz de entender los códigos de los simples mortales.
Ejemplo
Picasso sigue siendo el pintor más admirado de su época y de todas las demás y sus obras siguen batiendo los récords de millones de dólares en las subastas neoyorkinas.
Se estima que creó alrededor de 13.500 cuadros y unos cien mil dibujos y grabados, además de 34.000 ilustraciones para libros y más de 300 esculturas y piezas de cerámica. O sea que, para colmo, era un gran trabajador.
Son sus obras las que le dan el carácter de inmortal, no puede caber duda al respecto, pero el hecho de que su autor haya sido reconocido desde su adolescencia y que la fama y la riqueza lo hayan acompañado siempre, también juega su papel. No se adelantó a su tiempo, como otros. No fue un incomprendido. Su genialidad es tan intuitiva como la grandeza de una montaña: se ve. Y tampoco lo toca el tiempo: se veía y se verá.