21 de mayo de 2015 18:03 hs

Parecería no haber concenso en Uruguay sobre cómo se llama en español Pippi Långstrump. En general, los mayores de 35 años le llaman Piernaslargas, mientras otros prefieren las traducciones Mediaslargas y hasta Calzaslargas. Los más jóvenes la apellidan con la versión anglosajona Longstocking. Estas diferencias generacionales son la mejor prueba de los 70 años de éxito que festeja en estos días el personaje de la niña pelirroja independiente que desafiaba a los adultos, creada en Suecia por Astrid Lindgren.

Reediciones de sus libros, semblanzas en medios escritos y audiovisuales y fiestas populares recuerdan a un personaje que ha dado origen a una decena de libros traducidos a casi un centenar de idiomas y varias series de televisión y películas.

En 1945 fue publicado el primer libro del personaje ideado años antes por Lindgren, una de las autoras suecas más universales, para entretener a su hija, Karin Nyman, cuando esta enfermó de neumonía.

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Lindgren (1907-2002) le entregó el manuscrito a Karin un día como ayer pero de 1944, en su décimo cumpleaños. No obstante, Boniers, el principal grupo editorial sueco, lo rechazó y no saldría a la luz hasta el año siguiente, tras ganar un premio convocado por otra editora.

“Me la dieron de regalo, pero nunca fue mía”, recordaba Nyman en una entrevista reciente con la agencia sueca TT, en alusión al éxito de un personaje que ha vendido varias decenas de millones de ejemplares en todo el mundo.

La libertad de una niña

Pippi Piernaslargas es una niña dotada de poderes mágicos y una fuerza fuera de lo común, que vive sola en la granja Villa Villekula con un caballo, un mono y un baúl lleno de monedas de oro, que se niega a crecer y a ir a la escuela.

Con sus inconfundibles trenzas, la pelirroja Pippi cocina crepes en el suelo, camina hacia atrás y desafía la jerarquía cada vez que tiene ocasión, para admiración de Tommy y Annika, los dos amigos que la acompañan en sus aventuras.

Aunque Suecia fue neutral en la II Guerra Mundial, el conflicto dejó huella en Lindgren, como atestiguan sus recién publicados “diarios de guerra” y como apuntan varios críticos literarios en los rasgos de su personaje más célebre.

“Había un terrible anhelo por ser libres, por que nada oprimiera a uno, y Pippi apareció como la persona que decía ‘ya se arreglará, no tardará mucho’”, recordaba Nyman.

Pippi Piernaslargas representa también una visión menos autoritaria sobre la educación infantil y su condición de mujer independiente y ajena a las convenciones la convirtieron en un modelo para las feministas.

A pesar de la vigencia del personaje, el paso del tiempo también ha hecho que se hayan alterado algunos detalles que ahora se consideran desfasados. En la publicación actualizada del debut homónimo de 1945, el padre de Pippi ya no es el “rey negro”, sino el monarca “de los mares del sur”, un cambio que también se ha hecho extensible a la nueva edición restaurada de la clásica serie emitida por la cadena pública sueca y que fue un éxito mundial en su tiempo.

Aunque los sondeos señalaban que la mayor parte de los suecos se oponía a los cambios, la familia de Lindgren los ha apoyado por considerarlos “absolutamente necesarios”.

Pippi Piernaslargas es también el principal exponente de un negocio muy lucrativo, que sumando los derechos de las obras y los ingresos del centro temático “El mundo del Astrid”, reporta unos beneficios anuales que rondan los US$ 22,2 millones.

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