Diego Forlán fue el mejor jugador del Mundial porque alcanzó el rendimiento más parejo, fue el más desequilibrante y, además, fue el delantero que nunca se escondió detrás de los zagueros y siempre pidió la pelota. Sabía que era el jugador más importante de Uruguay y no evitó esa responsabilidad. Sin dudas se trató del jugador más destacado del campeonato.
Generalmente los que resaltan en los Mundiales son los goleadores, pero él llegó a Sudáfrica en gran forma y además de los goles que hizo, brilló en casi todos los partidos que jugó. Fue el delantero que se mostró en mejor forma y con más ganas de aportar su talento al servicio de la selección. Además llegó con la edad justa, en la cima de su carrera y con la humildad de los grandes.
No hubo otro jugador que se destacara tanto como Diego, al menos con la regularidad de él.
Le ayudó también que Uruguay jugó un gran Mundial. Y en esto hay que destacar el trabajo de Óscar Washington Tabárez. Trajo a los futbolistas a Montevideo antes del Mundial para que descansaran. Actuó de acuerdo a la experiencia que adquirió en el Mundial de Italia 1990. Recuerdo que en aquella ocasión llegamos cansados, con mucho fútbol encima, con dos meses de concentración. Ahora el técnico fue inteligente, los dejó descansar.
El desenchufe de los partidos de Europa fue importante, más para Forlán que llegó de jugar una final europea.
(Observa)