6 de septiembre de 2012 18:12 hs

La competencia de destrezas en el manejo del rubro ovino, que se realizó por primera vez en el país con la participación de más de un centenar de jóvenes, dejó mucha tela para cortar y es bueno volver sobre ella. La denominada Ovinpíada fue importada por algunos integrantes de la Junta Directiva del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) desde Nueva Zelanda, país en el que existen muchas cosas buena para copiar, así como ellos aprenden de los uruguayos que crían ovejas.

La implementación estuvo a cargo del Plan Nacional Estratégico para el Rubro Ovino, que cuenta con el apoyo de la industria textil y frigorífica, con el objetivo iniciado en diciembre de 2010 de mejorar el stock ovino y la productividad.

Luego de una ronda clasificatoria, que se desarrolló en Melo, Salto y Florida, quedaron ocho parejas para disputar la ronda final en el local Santa Bernardina de la Sociedad Rural de Durazno.

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Los jóvenes, en parejas, debieron clasificar vellones, armar tijeras, reconocer la dentición de los animales boqueando, seleccionar corderos pesados para embarcar a frigorífico, reconocer parásitos internos que se les entregaban en frasquitos sobre una mesa donde se exhibían los órganos del ovino. Además, respondieron un cuestionario, reconocieron varios cortes de carne y contaron animales.

Por la tarde, cuatro parejas llegaron a la instancia final, que consistió en el armado de un alambrado eléctrico en la pista del local feria y luego en el galpón hicieron un descole, colocaron y quitaron capas, y dejaron maneados a tres animales para carnear.

Todas las pruebas fueron cronometradas por un jurado tripartito integrado por un organizador, una institución de apoyo y un periodista que era el dueño del cronómetro. Desde las tribunas, los participantes recibieron el aliento de familiares, amigos y público en general. Hasta aquí los hechos. Las moralejas son varias.

Lo primero a destacar es que cada pareja tuvo un tutor. Esa figura fue importantísima en el acompañamiento, si se tiene en cuenta que lo más importante fue que se trató de una instancia de aprendizaje. Siempre es bueno que los jóvenes tenga un espejo en el cual mirarse.

Lo segundo a destacar fue la integración de las familias, que llegaron desde distintas localidades, alentaron a los suyos desde la tribuna, aprendieron a través de las consignas claras y hasta hubo un premio para la más ruidosa, que se ganó un cordero.

Tercero: pruebas como la Ovinpíada terminan siendo motores que despiertan el interés de los jóvenes para insertarse en posibilidades formativas y laborales. Muchos de los que estaban en la tribuna seguramente experimentaron la sensación de que ellos también podían hacer lo que veían. Esto se aplica no solo para los jóvenes, sino también para los amigos, familiares y productores que concurrieron a Santa Bernardina el sábado 18 de agosto pasado.

En este sentido, hay que rescatar la presencia de estudiantes del liceo de Mariscala, que fueron a ver las pruebas con el interés de conocerlas para volver al pago y contar lo que vieron en Durazno y entusiasmarse para participar en la próxima Ovinpíada. Es la posibilidad de integrar un grupo, de apropiarse de la oportunidad.

El cuarto aspecto a resaltar para los que tuvimos la oportunidad de vivirlo fue la actitud de los jóvenes, de cabeza levantada, de entusiasmo, demostrando que sabían lo que hacían y que valía la pena hacerlo, un mérito que tal vez haya que atribuírselo también al tutor que los preparó para enfrentar una competencia donde ganaron todos. Porque todos fueron llamados por su nombre y apellido, todos eran de un lugar, y eso es mérito de la hinchada que llegó para apoyar desde distintas zonas del país. Todos demostraron que se puede.

Por último, hasta los premios tuvieron un significado: motos y laptops, dos objetos que permitirán a los jóvenes seguir el proceso de aprendizaje y comunicándose. Laptops para las instituciones que representaron los jóvenes y que estarán a disposición de otros jóvenes. Un jurado de gran nivel, serio, responsable y transparente, permitió a los participantes confiar que están haciendo bien las cosas. La pareja ganadora, integrada por Emilio Folle y Gonzalo Tritten, de la cooperativa El Fogón de Sarandí del Yi, representará a Uruguay en la Ovinpíada mundial. Pero el que ganó fue el rubro ovino.

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