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16 de junio 2018 - 5:00hs

El hincha tiene un feeling muy especial conesta selección nacional desde hace mucho tiempo. La sigue, la palpita, la respeta como no sucedía desde hacía tiempo.

Y dentro de esa connivencia que existe entre el hincha con la celeste, uno de los puntos altos es lo que sienten por el capitán Diego Godín.

Es un futbolista que se ha ganado con su juego, con su rendimiento y con todo lo que deja normalmente en la cancha, una veneración que va más allá del respeto tradicional.

Lo primero que dijo en el aeropuerto de Carrasco cuando había más de mil personas en la despedida celeste fue sentirse "orgulloso y feliz" de que tanta gente fuera a demostrar el amor por esta camiseta.

Y la mayoría de la gente esperaba el saludo del goleador Luis Suárez y del todoterreno Edinson Cavani, pero Diego Godín estaba por lejos en ese top 3 de los preferidos por los seguidores celestes.

Con el encuentro del viernes alcanzó su número 117 con la celeste en el pecho y se puso a solo ocho del jugador con más presencias con Uruguay, el Mono Pereira quien tiene 125 y no fue tenido en cuenta contra Egipto.

Este ya es su tercer Mundial después de los de Sudáfrica 2010 y Brasil 2014.

El Faraón tenía que aparecer justo ante Egipto. Su apodo lo obligaba, pero también su condición de capitán.

De entrada se molestó con el Pelado Cáceres y con Matías Vecino en dos jugadas en las que se equivocaron a la hora de salir jugando y complicaron al equipo. Esa voz de mando siempre viene bien.

Pero lo más trascendente de Diego Godín en este debut celeste fue que se puso el equipo al hombro cuando las cosas no salían.

Cuando en el primer tiempo Uruguay era una sombra de lo que podía dar, cuando sus futbolistas estaban desconectados y no encontraban sociedades dentro de la cancha, cuando el arco de enfrente parecía estar cada vez más lejos en ese estadio raro de Ekaterimburgo en el que las cabeceras salen literalmente del mismo, allí se lo vio tratar de arrastrar a todos sus compañeros.

Godín fue, una vez más, el patrón del equipo. Mandó sobre la pelota y llevó a todos de la mano a la victoria.

Marcó a pie firme en el fondo las pocas veces que llegaron los adversarios, sumó su aporte en la media cancha distribuyendo juego a los volantes para intentar armar un juego que en la primera parte no apareció. Pero además, hizo fácil lo difícil cuando debió salir a cortar los contragolpes veloces de los egipcios, los cuales, si bien no fueron demasiados, las veces que lo hicieron, salieron a un gran ritmo.

En la jugada del gol de José María Giménez para el triunfo en la misma hora en que debía terminar el encuentro, si su compañero de Atlético de Madrid –quien esta semana acaba de prolongar su vínculo hasta 2023–, no llegaba, detrás suyo estaba él como ladero para mandarla guardar. Josema se lo sacó.

En pleno festejo de ese gol que dio tres puntos de oro para el grupo y para romper el maleficio de 48 años sin ganar en el encuentro inicial de una Copa del Mundo, paró a sus compañeros y les habló uno a uno como diciendo: "No aflojen ahora que faltan 5 minutos de adición". Hasta en eso se ve la importancia de un capitán.

Por eso Godín tiene una importancia vital en este grupo. Aporta desde todos lados. Y se nota.

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