13 de octubre de 2012 21:40 hs

El artículo 11 del proyecto de la ley de faltas y de cuidado, conservación y preservación de los espacios públicos incluye como falta la acción de orinar y defecar en los espacios públicos so pena de sanción. Ahora, muchos recurren a los bares y restaurantes y los más atrevidos −o apremiados− arreglan su problema junto a un árbol.

No obstante, cada vez más comercios prohíben la entrada para evitar robos. Algunos hasta han puesto precio al servicio. Puede ser un problema si el baño público más cercano fue clausurado por vandalismo. ¿Cómo responder entonces al llamado de la naturaleza si Montevideo no tiene suficientes baños públicos?

Pague o no insista

Más noticias

Los dueños de La Pasiva de Agraciada y Sagasta, en Paso Molino, cortaron por lo sano. En la entrada pegaron un cartel que advierte que se cobrarán $ 10 si se quiere usar el baño. “Es para sacar a la gente que rompe, ensucia y roba”, afirmó Luis Ignacio, el cajero. La decisión se tomó hace un mes y, hasta ahora, dijo que ha dado resultados. Por lo menos no se produjo el sexto robo de secador de manos automático y el papel higiénico permanece en su lugar hasta que queda solo el tubo de cartón. Antes, no duraba ni una hora. De estos baños también se han llevado el jabón líquido y hasta un tubo luz. Y a los robos se sumaban los actos de mala higiene.

El hecho más grave que obligó a poner precio al servicio higiénico fue que se lo tomó para escondite de pasta base. Juan Antonio, uno de los accionistas del local, contó a El Observador que se hallaron bolsitas plásticas con la droga en los más variados rincones de los baños. “Somos cómplices de esa situación”, lamentó.

En general, los $ 10 solo son exigidos según el porte de cara. “Son para seleccionar”, explicó Ignacio. Muchos vendedores ambulantes de Agraciada usan los baños de esta Pasiva sin costo. Es que la posibilidad más cercana de desagote está en Agraciada y camino Castro, a seis cuadras, en un baño público, donde el pago de $ 7 es obligatorio. Enfrente hay un bar, pero se reserva el derecho de admisión.

La solución para los encargados de La Pasiva es que la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) coloque baños químicos en esa zona comercial cuadra por medio. “Nosotros tenemos que dar un servicio –reconoció Juan Antonio– pero, ¿cómo resolvemos lo que nos perjudica?”, interrogó.

El edil nacionalista Daniel Martínez impulsa una iniciativa para que los municipios se hagan cargo de la provisión y control de baños químicos para las vías de mayor circulación y, en especial, para las ferias. En las más grandes, como la del Parque Rodó o de Villa Biarritz, los propios feriantes los instalan a su costo. El alquiler de una unidad ronda los

$ 2.000 por día. Si se contrata el servicio por mes, se le agrega

$ 450 por semana para la limpieza. “Los varones (de la feria) lo solucionan subiendo al camión y usando una lata, pero las mujeres no pueden”, retrató Martínez.

El exdirector de Espacios Públicos de la IMM, Daniel Espósito, actual director de la Unidad de Coordinación Metropolitana, no está de acuerdo en que se restrinja el uso de los baños. “Es una necesidad que tiene el ciudadano en el centro de la ciudad”, dijo a El Observador.

En este sentido, la IMM restaurará los baños de la plaza Independencia que fueron clausurados hace 60 años. Aunque su entrada hoy está casi tapada de basura y excrementos, su interior está decorado con mármoles de Carrara. Espósito sabe que la comuna deberá asumir el costo de colocar limpieza y vigilancia. La IMM mantiene más de 50 baños públicos en diferentes plazas e instalaciones.

Siete monedas por descarga

A esos 50 baños se suman los 18 automáticos instalados por la empresa JC Decaux en el año 2000. De ellos, seis fueron destruidos y no volvieron a ser colocados en su lugar de origen. Estaban ubicados en el parque Baroffio (Malvín), en Prado Chico (calle Sipe Sipe), en plaza Huelga General (en Belloni y 8 de Octubre), en la rambla Suiza (Cerro), en el Cilindro Municipal (sobre avenida Larrañaga), en plaza Suárez, en la exterminal Goes y en la plaza de Costa Rica y Couture (Carrasco). En 2004, la empresa trajo a un técnico de Francia para repararlos, pero fue inútil. El de Sipe Sipe regresó en 2005 a pedido de la IMM pero corrió la misma suerte.

Hoy hay instalados 16, pero solo funcionan 12. Los baños ubicados en General Flores y Belloni (Casavalle), en plaza Vidiella (Villa Colón) y en plaza Lituania (Agraciada y Rondeau) fueron cerrados por vandalismo. El que está en Trouville está siendo reparado por un desperfecto en la fosa sanitaria.

El primero fue recientemente prendido fuego. Los otros dos fueron clausurados hace más tiempo. El de plaza Lituania sufría los embates de la muchachada que salía del boliche El Tropy que está enfrente. La IMM hizo un convenio con un carro de chorizos apostado allí para su vigilancia, pero, como relató una empleada, “se ensañaban con el baño”. El personal se la pasaba denunciando, pero no podía prevenir los ataques. Ahora, quienes trabajan allí deben ir hasta un café a una cuadra y media porque el que tienen en la esquina no les permite la entrada si no van a consumir. Marcelo Petruccelli, director general de JCDecaux, explicó a El Observador que ese baño seguirá cerrado hasta que la IMM no coloque un cuidaplazas, o algún tipo de seguridad.

“Sobre vandalismo hay bibliotecas”, lamentó Petruccelli, mientras mostraba fotos de los baños hechos pedazos. Un acto frecuente es el quiebre de la taza del inodoro y la rotura de la puerta por medio de patadas. Una entrada forzada inhabilita el servicio e impide la limpieza automática. La imagen se completa con que alguien defecó en el piso.

Otro ejemplo de vandalismo es la obstrucción de la ranura de las monedas para retirar el dinero del próximo usuario. Según apuntó Petruccelli, es una práctica común de niños en las plazas. Ponen desde chapitas hasta palitos de helado. Esto mismo invalidó esta semana el uso del baño de plaza Cagancha (uno de los tres habilitados para discapacitados, son de mayor tamaño que los otros). “Está trancado. Vaya a la IMM o a McDonald’s”, recomendó el cuidador de la plaza. Las alternativas eran avanzar hasta Río Negro, donde está el McDonald’s, o seguir hasta Convención. El bar Manchester aún deja pasar al baño. El resto de los locales de la vuelta lo reservan para sus clientes.

Y en la Ciudad Vieja, más vale detenerse por un café como excusa para utilizar los baños de los bares. Al baño público de plaza Matriz, por ejemplo, no le funcionaba la pileta ni el secador de manos esta semana. Tampoco tiene espejo.

A menudo no tienen luz porque le cortan los cables y el robo de papel higiénico es un clásico, aunque está guardado bajo llave. “Nos sorprendió el nivel de vandalismo. No se esperaba que pasara eso. En otros lados también hay, pero no al extremo de lo que hemos llegada acá”, comentó Petruccelli. El equipo técnico pone materiales más resistentes y más trabas, pero la creatividad (o, directamente, la violencia) de la gente siempre gana.

Con el correr de los años la empresa decidió cerrar los baños por la noche. En invierno se abren de 7 a las 19. En verano están abiertos hasta las 21 horas. Algunos, como el de plaza Matriz, o el de Agraciada y camino Castro, están clausurados los fines de semana por razones de seguridad. Es que eran usados como “hoteles alojamiento”, ilustró Petruccelli, con estufa porque se encendían fogatas.

No son rentables

El acceso a los baños cuesta $ 7. Originalmente eran $ 4. El aumento se debe a la inflación, sino a una medida de fuerza mayor. “Es una mínima barrera que hay que poner para que la gente lo tome con un poco más de seriedad”, afirmó Petruccelli.

La recaudación no alcanza a cubrir el sueldo del operario de mantenimiento. Ni siquiera llega a cubrir el papel higiénico, jabón y desinfectante. “Los baños son un costo para la empresa. No son rentables, son un servicio”, sentenció el director de JCDecaux.

Si bien no precisó cuánto se gasta en reparaciones, indicó que el vandalismo cuesta “varios miles de dólares al año”, sobre todo, por la importación de piezas nuevas. Y la reposición no es barata.

Los baños de tamaño pequeño –de color gris y parecidos al baño de un avión− cuestan alrededor de US$ 60 mil. Los de mayor tamaño −los verdes habilitados para discapacitados− cuestan más de US$ 100 mil. Su instalación oscila entre US$ 6.000 y US$ 10 mil. Está conectado al saneamiento, agua corriente y electricidad. Se financian con publicidad.

Los dos baños que faltan para completar los 18 establecidos en el contrato entre JCDecaux y la IMM serán próximamente colocados. Pero no se ha manejado la adquisición de nuevas unidades, por lo que si los pocos bares de la ciudad que aún permiten usar los baños cambian de política, la ciudad sufrirá un grave problema. l

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos