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Homecoming: Netflix presenta la historia del show más grande de Beyoncé

El documental y el disco registran una de las presentaciones históricas de la música pop y el proceso que hay detrás de un show así

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28 de abril de 2019 a las 05:00

Beyoncé no pudo ir a la universidad. Es una de las frustraciones de su vida. No pudo seguir los pasos de su padre, pero su universidad fue el trío Destiny’s Child. Su facultad fueron las giras y la vida misma. Pero para su presentación en el festival Coachella 2018, que se realiza en el desierto californiano y es uno de los acontecimientos masivos de la música pop de cada año, se sacó las ganas. 

Su doble presentación en el festival, en dos fines de semana consecutivos, fue inmediatamente señalada como uno de los hitos seminales de la música pop moderna, un pico en la carrera de la cantante y compositora estadounidense, y una demostración de poderío por parte de la artista. Para ese evento optó por recurrir a una estética visual y sonora universitaria. Acompañada en escena por una banda de marcha, y con vestimenta que remite a los uniformes deportivos de la academia estadounidense, Beyoncé hizo su homecoming

Homecoming es como se conoce a los sucesos anuales en los que las universidades y liceos en Estados Unidos y Canadá reciben a sus exalumnos y estudiantes, se juegan partidos de fútbol americano, hay bailes, festejos y reencuentros. Como el nombre dice, es una vuelta a casa. Para la artista, el show fue eso: una vuelta a su hogar, al escenario, tras un año en el que la maternidad fue su gran preocupación y la obligó a suspender su participación en el Coachella 2017. 

Ahora Homecoming es el título del documental que estrenó Netflix y el disco que presentó la semana pasada. Ambos materiales recogen el show en el festival y el documental ofrece un vistazo al proceso de armado, producción y ensayo del masivo espectáculo.

En la era de la playlist y la canción suelta, los proyectos conceptuales o que apuntan a mantener la atención del oyente durante más de cuatro o cinco minutos son escasos. Los shows en vivo son cada vez más importantes para los artistas porque es cuando tienen la posibilidad de retener a la audiencia, y si bien los discos no han desaparecido (la propia Beyoncé ha creado obras como Lemonade, y hay otros casos internacionales, como el de Rosalía), es lógico que se apunte también a lo que pasa en el escenario, que es –al fin y al cabo– lo más redituable económicamente para un músico. 

Por ejemplo, Beyoncé cobró sus buenos US$ 3 millones por el show, y ahora Netflix le pagó US$ 60 millones por tres proyectos, de los cuales este documental del concierto fue el primero. 

Empezar por uno mismo

Luego del nacimiento de sus mellizos Sir y Rumi, por cesárea (a lo largo del embarazo sufrió complicaciones como, por ejemplo, una toxemia), empezó a planificar su regreso. Pero, según cuenta en Homecoming, su cuerpo estaba hinchado por la enfermedad. Subió de peso. Estaba lenta y pesada. Así que desde las primeras instancias de creación del show, Beyoncé se sometió a un régimen extremo de alimentación y ejercicio. Sin carne, sin pescado, sin lácteos, sin azúcar, sin alcohol, sin harinas, sin carbohidratos. 

En el documental Beyoncé sufre, porque además los ensayos le impiden ver a sus hijos tanto como antes. Los extraña. Vemos también algo de su relación cotidiana con su esposo, el rapero y productor Jay-Z, que luego subirá a cantar con ella al escenario, al igual que su hermana Solange y sus antiguas compañeras de Destiny’s Child, Kelly Rowland y Michelle Williams. 

Ese costado humano, sin embargo, dura poco. Después vemos a la reina. El simbolismo queda patente en una escena de los ensayos en la que ella, sentada en una silla, está rodeada por colaboradores que la miran, asienten, y reciben el rezongo. A su lado, en otra silla, Jay-Z también la observa, la apoya pero sin meterse. La que importa es ella. Es la que manda. Es la que tiene la visión. Es la dueña del circo. 

No son más que algunos vistazos pero, de todas formas, ayudan a comprender lo que hay detrás de lo que se ve en el espectáculo. No se ven las reuniones, las discusiones, las convocatorias a figuras como los hermanos franceses conocidos como Les Twins, coreógrafos, o al diseñador Olivier Rousteing, de la firma Balmain, responsable del vestuario del espectáculo; pero sí se alcanza a ver que nada fue librado al azar. “Cada pequeño detalle tiene una intención”, dice Beyoncé en una de las locuciones en off que suenan sobre los segmentos dedicados a la preparación a lo largo del documental. 

Suena como distorsionada. Como si llamara por teléfono o si los espectadores hubiéramos encontrado una vieja grabación en casete dejada como legado. Con la voz casi rota, etérea, descubrimos que el show fue su oportunidad de resaltar su trayectoria pasada, su presente como mujer poderosa que no por eso deja de ser una madre de familia, y de resaltar su feminismo y su herencia afroamericana. 

La dueña del trono

La búsqueda de Beyoncé se ilustra a través de frases de intelectuales negros y las referencias a figuras como Nina Simone. Y también en sus decisiones, que van desde cantar en el medio de sus hits el himno negro de Estados Unidos, Lift every voice and sing, hasta reclutar en su elenco de 200 músicos y bailarines a un equipo diverso; desde decir explícitamente que ella es la primera mujer negra en encabezar el festival, hasta enfocarse en las HBCU (Historically black colleges and universities, es decir, universidades y facultades que antes de la abolición de la segregación eran para alumnos negros) para la estética del espectáculo; por más pop que sea su arte, tiene un peso social detrás. 

Sin ser una figura desconocida, Beyoncé no es ni cerca una megaestrella en esta zona del mundo. Pero no hay dudas de que en Estados Unidos es la gran reina del pop, y con razón. Ha trascendido géneros musicales y artísticos, es una figura cultural de gran poderío e influencia y con Homecoming confirma su dominio absoluto del escenario y del mundo pop. 

Además de presentar un atisbo de la creación de la artista, el documental funciona también como un registro del show completo. Esto significa que ya desde la introducción instrumental invita a bailar, y a no poder cerrar la boca ante el despliegue de una diva inigualable. 

Las cifras
Dinero
Beyoncé se llevó US$ 3 millones como caché, y Netflix pagó US$ 60 millones por tres producciones.
40 canciones
incluye el disco en vivo Homecoming, que puede encontrarse en las plataformas digitales
160 minutos
dura el documental, que intercala segmentos del show con los ensayos y la previa del acontecimiento. 
200 personajes 
Sobre el escenario hay 200 personas, entre bailarines y músicos, acompañando a Beyoncé.
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